Juan Carlos de Lara Ródenas, 2º Premio Searus-1996


JUAN CARLOS DE LARA RÓDENAS

Nota Biográfica (1)

                    Juan Carlos de Lara Ródenas nació el28 de noviembre de 1965 en Huelva, ciudad en la que reside y en la que ejerce como profesor de Geografía e Historia en el Instituto La Rábida, donde dirige la revista de poesía Hojas Nuevas.
          En 1985, con diecinueve años, publicó el libro Caminero del aire, que recogía poemas escritos desde los quince, y, en 1987, Elegía del amor y de la sombra (Poemas de soledad).
          Recogen poemas suyos revistas y antologías de Huelva, Sevilla, Valencia, Vitoria y Barcelona, así como la Colección de Letras Jóvenes Gustavo Adolfo Bécquer de la Junta de Andalucía. Su poesía viene comentada en las obras Historia de la Poesía de Huelva, La Literatura en Huelva (Enciclopedia Huelva y su provincia) y Panorama poético andaluz en el umbral de los años noventa.
          Ha obtenido, entre otros, el Primer Premio en los Certámenes de Poesía Juan Figuereo (1982), Villa de Bujalance (1992) y Ciudad de Ayamonte (1996), siendo accesit del Premio Nacional de Poesía de Rota (1987).
          Algunos de sus poemas han sido musicados y editados en disco.

          Juan Carlos de Lara Ródenas, noviembre de 1997.


Nota Biográfica (2)

          Juan Carlos de Lara nació en Huelva el 28 de noviembre de 1965.
          En 1985 publicó Caminero del aire y, en 1987, Elegía del amor y de la sombra (Poemas de soledad). Exceptuando el cuaderno Aquí y ahora (1992), el pliego Cuatro poemas (1998) y la obra aparecida en antologías y revistas literarias españolas, no ha vuelto a publicar hasta el año 2000, con Antes que el tiempo muera. Permanece inédito Paseo del chocolate, publicado parcialmente en la colección Premios Searus (1997).
          Desde 1993 dirige la entrega poética Hojas Nuevas y pertenece al equipo de redactores de Literatura infantil y juvenil, de Barcelona.
          Viene recogido en la obra de Ramón Reig Panorama poético andaluz (1991). El cantautor José Luis Pons ha musicado sus poemas y los ha publicado en los discos Mar de Leva (1995) y Canción del poeta del sur (2000).
          Ha obtenido, además del tercer y segundo puesto en el Premio de Poesía Searus (1986 y 1996 respectivamente), Villa de Bujalance (Córdoba, 1992), Ciudad de Ayamonte (Huelva, 1996), Daya Nueva (Alicante, 1998) y Ciudad de Niebla (Huelva, 1999).
          Ha hecho incursiones en el relato breve, la crítica y el ensayo literario.

Reseña biográfica tomada de la Antología 25 años de Poesía Searus, 2002




Obra: “PASEO DEL CHOCOLATE”
2º Premio, XIX Certamen de Poesía Searus, 1996



                    “POR TI REVIVIRÉ DESPUÉS DE TANTOS AÑOS
                        LOS DÍAS DE UNA EDAD SIN CULPAS NI RECUERDOS”



          (A quién tanto espero)

          A tus ojos cerrados todavía,
a tu pequeño mundo, tan extraño,
quiero llegar sin que te cause daño
para mostrarte toda mi alegría.

Me haces verdad esa esperanza mía
que he podido salvar año tras año
de tanta sombra y tanto desengaño
como vivir supone cada día.

Te entregaré lo poco que he reunido:
mi casa, viejos juegos que no olvido
y estos versos que el tiempo hará pedazos.

Pero en tu misma sangre yo soy quien
tendrás contigo para siempre. Ven,
ven a empezar la vida entre mis brazos.



          Llegarás, hija mía, con el próximo otoño,
cuando las lluvias vuelvan a detener el tiempo.
Desde lo más profundo, con mi esperanza a solas,
me acercaré hasta ti con los brazos abiertos.

Con tu presencia, entonces, me quedará ya siempre
una razón inmensa para vencer el miedo
a malgastar mi vida, como hasta ahora acaso,
en equivocaciones y en arrepentimientos-

Tras el anuncio alegre de tu llegada vuelve
mí vieja fe en las cosas, aquel soñar despierto…
A veces me parece que estás aquí de tanto
Haberme imaginado nuestro primer encuentro.

Levantaré tu cuna con mis manos repletas
del mismo amor sin fondo que mis padres me dieron.
Por ti reviviré, después de tantos años,
los días de una edad sin culpas ni recuerdos.

Llegarás, hija mía, el próximo otoño,
cuando vuelvan las lluvias a detener el tiempo.
Entonces mi esperanza, como mi propia vida,
encontrará en tu llanto su despertar auténtico.



          Hija mía, si nunca me he sabido
defender de esta vida que tú empiezas,
si en mis ojos aún quedan tristezas
sin edad, sin remedio y sin miedo…

hoy que estás en mis brazos he podido
desbaratar al fin todas las piezas
de este particular rompecabezas
de vivir sin creer que se ha vivido.

De ti no me hallarás nunca lejano
y seré quien te coja de la mano
cuando le encuentres sola y cuando llores.

Y duerme confiada en tu niñez,
que habrás de caminar más de una vez
entre el dolor, la niebla y mis errores.



(Paseando a mi hija en su cochecito)

          Ay, colegio francés,
altas palmeras,
con otro sueño paso
por tu cancela.

Esperándome siempre,
viejo instituto,
existe un nombre escrito
sobre tus muros.

Han quedado, ruinas
de Villa Rosa,
en pie mi soledad
y su memoria.

Al bajar la avenida
de San Antonio,
naranjos y otra vez
aquellos ojos.

Me vuelvo por tu acera,
Adoratrices,
callado y sin saber
por qué estoy triste.

Del recuerdo, María,
que Dios te salve.
Bendita tú entre todas
mis soledades.



          Ay, pobre de mi niña,
no sabe nada
ni del abecedario
ni de la tabla.

En su idioma va uniendo
llanto con llanto
para asomarse al mundo
donde mis brazos.

Entre mis brazos cabe
mi niña chica
y dentro de sus manos
toda mi vida.

Si sale da paseo
se duerme sola,
sí tiene que dormir
llora que llora.

Cuando a veces la llamo
nunca responde.
Ni conoce siquiera
su propio nombre.

Ay, pobre de mi niña,
qué  poco sabe.
(Qué poco supe yo
hasta muy tarde).



          Donde guardo las horas más felices,
la primera esperanza,
mis seguidores,
donde me quedo en los momentos que estoy solo
quiero creer, María, que me podrás hallar.
A veces me miras como si adivinaras
lo mucho que me cuesta ignorar este cansancio,
las voces de ayer, este frío de ahora…
tanto barro acumulado por mi vida.
No sabes, María, qué difícil resulta
despertarse y de nuevo volver a vivir
con los ojos cerrados,
salir a la calle cubierto de olvido,
ser otro silencio que grita por las aceras.
Tu no sabes nada. Por lo que has vivido ya
aún no ha cruzado el tiempo, María,
no el que pasa de largo y no se detiene,
no el que nos hace envejecer,
el tiempo que nos arrasa como un viento helado
desde lo mas profundo de nuestra memoria.
Tú no puedes saberlo. Tu llanto no conoce
la soledad de un mundo indiferente,
tu miedo es otro, María,
a todo lo que sientes que es extraño.
Pero abriendo los ojos a lo desconocido,
despertando a lo nuevo,
irás descubriendo la vida poco a poco
hasta que la vida un día se descubra ante ti.
Llevaré, María, tus primeros años
lejos del cansancio y del olvido,
adonde no es posible que regreses nunca
una vez que así lo quieras,
una vez que las cosas no te asombren
y camines, sin mi mano, entre este frío.
El tiempo pasará sin detenerse
y acaso vivirte sea difícil
recordarás entonces tus horas más felices
y por siempre, María, me tendrás contigo.



          Aquí me tienes, serio y vacilante,
perdido para siempre en esta vida
de la que sólo queda sin herida
la infancia y poco mas que algún instante.

Aquí me tienes, hija, en mi constante
ir y venir de aquella edad perdida
que de repente ha vuelto, renacida
en la que ahora tienes por delante.

Aquí está lo que tengo y lo que soy,
mis temores de ayer y los de hoy,
mis dudas, esperanzas y fracasos.

Aquí estoy con mi olvido y mi recuerdo
a ver si de una vez al fin me pierdo
por la niñez con tus primeros pasos.

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