Capítulo 1, La Publicidad. Serie Marismas TV. Historia de la TV Local.

HISTORIA DE LA TELEVISIÓN LOCAL.

SERIE MARISMAS TELEVISIÓN


CAPÍTULO 1, LA PUBLICIDAD


Iniciamos este monográfico – serie dedicada a la historia de la televisión local durante las décadas de los 80 hasta los 00's, con Marismas Televisión. Una cadena que con sus escasos medios, pero su mucha ilusión vertida en diversas épocas y etapas, fueron importantes y dejaron huella e influencia en la cultura, medios de comunicación locales y sociedad reinante de aquellas épocas. La cadena estuvo en antena desde finales del 2000 hasta el año 2007, con diversas etapas como indicamos anteriormente, aunque nos centraremos, por ahora, en la que hubo entre el otoño de 2004 y el verano de 2006.


Marismas Televisión (Año 2000 a 2007)


Los inicios fueron auspiciados, entre otros, por Antonio Romero “Chano”. En Marismas TV trabajaron gente como Sergio Román, Kike de los Reyes, Ino Montero, Elía, Rafa Cabeza, Juan Manuel Silvestre, Adelaida Moreno, Juanma Rodas, Antonio Romero (hijo), Francisco Amador, Manuela Maestre y varias personas más que ahora no alcanzamos a recordar, pero que con seguro cuando lean estos párrafos, nos citarán.

Como en toda cadena de televisión que se precie, la publicidad ocupaba un espacio importante en su programación. Una emisora que con pocos medios, con cámaras JVC, Sony y medios de realización como mesa de mezclas Panasonic o sistemas de emisión y reproducción de VHS o SVHS a VHS, copaban las producciones realizadas durante esta época, llena de eventos locales que fueron emitidos y retransmitidos con una calidad bastante notable para los medios que disponían y el grupo joven que la integraba, los cuales hacían de todo: de cámara, locución, realización, producción o técnicos de continuidad. Marismas Televisión podría indicarse que era una cadena muy personal formada por un equipo humano con mucha ilusión.

Las empresas fueron apostando poco a poco por publicitarse en la emisora. Veremos en el video un bloque publicitario del año 2005 aproximadamente, donde aparecen varias empresas que actualmente han cambiado de ubicación o ya no existen, como es el caso de la tienda de “El Mistela”, “Volquesur” (que sigue activa), “Movical XXI”, “Casa Troncoso” (ojo al cambio que ha experimentado los alrededores y fachada del establecimiento), promociones de programas como el que tenía llamado “Los Palacios Memorias Vivas” (una suerte de trabajo que actualmente realiza AC Searus de investigación histórica, pero con material audiovisual de Antonio Romero “Chano”, cuando tenía su medio de comunicación, video comunitario, VIDEOFLOR UVIDECAR -1984 a 1990-) con texto inicial redactado por Manuel Herrera Rodas; “Zoom Sport”, “Muebles La Regadera”; en las horas “muertas” aparte de la gaceta comercial se emitía Local Media.





Los propios locutores de la cadena hacían también otras labores, como se indicó anteriormente, desde la producción de las cuñas, hasta la realización de los anuncios, montajes efectuados desde las propias grabaciones que se realizaban en los establecimientos, y sobre todo, en el énfasis de la locución y la redacción de los mismos, con la búsqueda de gancho o lema fácil y de toda la información posible sobre la empresa y los productos que ofertaban.

Fue tal que así, que cuando había eventos o programas específicos se hicieron bloques publicitarios propios, todos ellos realizados artesanalmente, poniendo uno por uno los anuncios en las cintas de VHS y conformando de esa manera los bloques, con los consiguientes errores típicos de sincronización o lo que surgiera. No obstante, cada “x” tiempo se podía ir poniendo anuncios directamente a través de otros monitores u ordenadores, de igual forma que sucedía con la Gaceta Comercial, que solía ir en VHS o en señal directa desde un ordenador específico.

Pero dejémonos de palabras, y vayamos al objeto, al bloque de publicidad de 2005 de Marismas TV.





J.M.S.A, mayo de 2017


Sevilla después de 1717: de cómo la ciudad siguió dirigiendo el comercio de indias.

SEVILLA DESPUÉS DE 1717

De cómo la ciudad siguió dirigiendo el comercio de Indias

JULIO MAYO

Hoy hace 300 años que el rey Felipe V ordenó, mediante el real decreto de 12 de mayo de 1717, el traslado de la Casa de la Contratación y el Consulado de Comercio desde Sevilla a Cádiz, después de que hubiesen permanecido en el propio Alcázar y Casa de Lonja –hoy sede del Archivo de Indias–, durante varios siglos. Queremos aprovechar la oportunidad de esta efeméride, desgraciadamente conmemorada en Cádiz por algunos entes como el tricentenario de la victoria sobre una ciudad rival, para aclarar cómo la mudanza de la Casa de la Contratación y el Consulado, no se correspondió con una transferencia completa del control comercial de Sevilla, ni la pérdida absoluta de la posición privilegiada que ocupaba en la estructura general del comercio occidental y todo el tráfico mundial.

Imagen cedida por Julio Mayo


Después de la conquista de Gibraltar por la misma flota de soldados ingleses que atacó Cádiz en 1702, el gobierno estaba obligado a resguardar la bahía por la vulnerabilidad que representaba dejarla desprotegida para el conjunto de nuestro país. Con este propósito estatal de convertirla en un auténtico centro militar, al monarca español no le quedaba más remedio que reunir todo el cuerpo de la Armada en un solo mando con base en Cádiz, bajo la autoridad de un intendente general de marina. A esta razón de carácter estratégico hay que sumar la idoneidad que reunía, como puerto de salida y llegada de embarcaciones de gran tonelaje, tras haber ejercido como antepuerto de Sevilla desde décadas antes. Fue preciso, por tanto, establecer allí las oficinas de la Casa de la Contratación y el Consulado de los comerciantes. Una medida que interrumpió el régimen de monopolio que Sevilla había conservado tanto tiempo en los negocios coloniales de la Carrera de Indias, y que le sirvió a Cádiz para terminar de arrebatarle la cabecera en los asuntos de ultramar.
Sin embargo, el cambio de la sede del Consulado no supuso para Sevilla una pérdida completa, pues la corona continuó tolerando el sistema de elección de los oficiales que habían de dirigir el organismo. Además, el decreto de 1717 mantenía a Sevilla como lugar de celebración de las elecciones de los cónsules del Consulado, pese a los intentos gaditanos por hacerse con la organización de ellas. De los treinta electores, veinte correspondían a Sevilla y tan solo diez, a Cádiz. Los cargos presidenciales que habían de elegirse, denominados prior y primer cónsul, tenían forzosamente que ser sevillanos. El segundo, gaditano. Sobre esta importante ventaja sevillana de control institucional se ocupó doña Antonia Heredia Herrera, en su brillante trabajo de investigación Sevilla y los hombres de comercio.
Por tanto, el aparato administrativo permaneció en Cádiz, sí, pero el control comercial no lo dejó escapar Sevilla, aunque la flota arribase y partiese de allí. Ya ocurría así desde los años finales del siglo XVI, cuando las embarcaciones de gran porte no salían de la Torre del Oro, cargadas. En nuestro libro Una nao de oro para Consolación de Utrera, Salvador Hernández, y este que suscribe, documentamos cómo se cumplimentaba el trámite administrativo aquí, en la Casa de la Contratación, y las naves partían de Sanlúcar de Barrameda, El Puerto de Santa María o Cádiz. La tripulación, con los expedicionarios y el cargamento viajaba por una ruta terrestre, alternativa al río, similar a la que recorrían los soldados por la vereda de la Armada. La principal conclusión del profesor de la universidad de Texas, Allan James Kuethe, es que «el gremio mercantil había quedado en manos sevillanas», según el estudio que realizó sobre la traslación del Consulado, publicado por la Escuela de Estudios Hispano-Americanos, en el que se propone aportar nuevas perspectivas relacionadas con este asunto de las relaciones entre Sevilla y Cádiz, y de cuyo tema ya vaticinó el sabio historiador francés Pierre Chaunu, ser el más complicado del entramado de la Carrera de Indias.

Protesta de Sevilla
Los comerciantes sevillanos atribuyeron la marcha del Consulado a causas relacionadas con el soborno corrupto de algunos comerciantes establecidos en Cádiz. En aquel momento, el máximo representante del Consulado era un sevillano, el Marqués de Tous, terrateniente cosechero de vinos y aceite, así como Alguacil mayor del consistorio hispalense, que luchó por volver a traerse la sede de ambas entidades junto a la Giralda. El ayuntamiento de Sevilla ejerció una gran influencia y presentó al gobierno estudios técnicos sobre la navegabilidad del Guadalquivir, como las prácticas verificadas por el almirante López Pintado que fue enviado a Madrid en 1720. Finalmente, todas estas reclamaciones produjeron resultados. Entre los meses de octubre y diciembre del año 1722, se celebraron unas juntas en la casa madrileña del ministro Mirabal, natural de Jerez de la Frontera, que miraba con simpatías la causa sevillana, con el objeto de reconsiderar los errores del traslado a Cádiz.
El 21 de septiembre de 1725, se publicaba un real decreto que establecía el retorno del Consulado y la Casa de la Contratación a Sevilla, suprimía la Aduana de Cádiz y restituía a nuestra ciudad la Tabla de Indias. En una conferencia pronunciada, en Madrid, por Vicente Romero sobre toda esta polémica expresó que «el edificio de la Aduana de Cádiz era arrendado, y muy pequeño, sin que tuviese posibilidad de almacenar ni recoger géneros», lo que suponía a ojos de los sevillanos un gran fraude a Hacienda. En Sevilla se celebró la noticia con regocijo y, durante tres noches seguidas, se encendieron luminarias en la Casa de Lonja, sufragada con los caudales del propio Consulado. El gasto se dispuso desde Sevilla y el dinero tuvo que enviarse vía Cádiz. En el Archivo General de Indias, hemos comprobado mediante los Libros de Consulados, cómo los acuerdos adoptados por la mayoría de los diputados de Sevilla tenían luego que cumplirse en el litoral. Pero la vuelta a Sevilla del Consulado y la Casa la suspendió el gobierno y no llegó a materializarse. Durante la espera, Cádiz respondió a los dictámenes con un memorial elaborado por Francisco Manuel de Herrera, continuando el debate entre ambas ciudades hasta bien adentrado 1726, año en el que volvieron a establecer las dos un nuevo compromiso. Era tanta la fuerza de Sevilla que, a partir de 1729, consiguió que se prohibiese la participación en las transacciones, de comerciantes extranjeros y hasta de sus hijos, como bien explican los profesores Antonio García-Baquero y nuestro admirado Antonio Miguel Bernal.
El conflicto se prolongó durante un cuarto de siglo, y ello ha de atribuirse, en palabras del historiador Luis Navarro, «a la enorme presión que el Consulado y Ayuntamiento sevillanos eran capaces de ejercer sobre los poderes centrales de la Monarquía». Con este análisis, queremos desmitificar el escaso poder de control y reducido mercado que algunos estudiosos le adjudican a aquella Sevilla, de la primera mitad del siglo XVIII, cuya competencia comercial con Cádiz perduró encendida hasta después del año 1744. Solo basta admirar edificios imponentes construidos entonces, como el de la fábrica de tabacos, de la que curiosamente dependía su homónima gaditana, para entender que, tras 1717, no se desintegró tan pronto Sevilla.  

JULIO MAYO ES HISTORIADOR




Artículo publicado el viernes 12 de mayo de 2017 en abcsevilla.es /cultura y cedido por Julio Mayo Rodríguez a Searus para su publicación en el blog de la Asociación.

El pino piñonero de la calle Antonio Gaudí, Los Palacios y Villafranca

El pino piñonero (Pinus pinea) situado en la mediana de la calle Gaudí fue plantado en el año 1929 o 1930,  por  lo que tiene unos 88 años de vida. Según nos cuentan Pepi y Ángel Cuevas Algarín, su abuelo Pepe el de “Triburcio” (José Algarín Cortinez) plantó el pino para que sirviese de linde y medianía de las tierras de labor que heredó de su padre Triburcio Algarín, fallecido en 1929. El mencionado pino se plantaría muy poco tiempo después del fallecimiento de Triburcio, que según su hija y madre de Pepi y Ángel, ocurrió hace 88 años (contado hasta 2017). Para evitar que el árbol se pudiese secar se encomendó a “Nabuito”, siendo un niño, su cuidado y riego diario, a cambio de una pequeña propina.

El joven “Nabuito” se convertiría años más tarde en “corredor”, persona que intermediaba en la compra y venta de terrenos, fincas, casas, etc. y en todo tipo de “tratos”. Según cuenta Ángel Cuevas, el terreno en cuestión sería años más tarde adquirido por Manuel, hermano del niño que pacientemente mimó los primeros años del pino

Abril de 2017. Foto: M. Sánchez Martín

La historia es corroborada por varias personas, aportando fotografías y sus recuerdos.
Jesús Barragán Muñoz nos cuenta que sus padres, Juan Barragán González (Juan “Jarrito”) y Dolores Muñoz Fernández, compraron en el año 1968 un solar en la zona de “Los Ratones”, que les costó 25.000 pesetas, y que el pino ya estaba ahí. En la foto realizada en 1981 aparece Jesús, a la derecha de la imagen, con tan sólo 5 años de edad, acompañado de su amigo José Cid Campos que sostenía un cochecito en la mano y el pino al fondo. Recuerda con nostalgia y cariño como en su infancia comió y saboreó en muchísimas ocasiones los piñones, los frutos del pino de su barrio.

Mediados de los años 70. 
Foto de Miguel Álvarez Baquero.

Año 1981.
Jesús Barragán  Muñoz y su amigo José Cid Campos.

Foto cedida por Jesús Barragán.

Miguel Álvarez Baquero nos muestra una foto de mediados de los años 70, en la que aparece él a la derecha de la imagen y parte del tronco y la copa del pino a la izquierda. En la foto se intuye un enorme árbol, con buen porte, que rondaría los 45 años aproximadamente.


No obstante, hay algunas discrepancias sobre el origen y edad del piñonero del barrio de “Los ratones”.
Francisco Amador Moguer, nacido en el año 1973, sostiene que su padre Manuel “el Chucho”, que trabajó en la siembra de los pinos que la empresa Bética de Autopista mandó plantar en los arcenes de la AP-4 en los años 1972 y 73, le contó que el pino de la calle Antonio Gaudí fue traído, por alguien, de los plantones de la autopista y que por lo tanto tiene la misma edad que él.

Pinos en los arcenes de la AP-4.
Foto: Google Maps, año 2016


El piñonero de la calle Antonio Gaudí ha resistido el paso del tiempo, permaneciendo majestuoso y sereno ante inundaciones, alteración y cambio de su hábitat rural a urbano, remodelación y reordenación urbanística del barrio, pavimentación y acerado de la calle, etc. Ha contemplado durante años el juego de los niños bajo su falda, haciéndolo ahora, a lo lejos, en el recreo del CEPI Profesora María Doña (Los Ratones).

Riada del 23 de enero de 1996.
Foto: M. Sánchez Martín

Año 2008. Foto: Google Maps


Incluso observó durante unos años, según cuenta Fidel Báez Cortines, como la Policía Local colocaba en sus aledaños un vehículo camuflado (Seat Ronda color blanco), para sorprender a los cacos foráneos. Aunque el referido coche también era usado por los agentes para otros servicios, como notificaciones, etc.

Octubre de 2012. Foto: M. Sánchez Martín

Octubre de 2012. Foto: M. Sánchez Martín

Septiembre de 2012. Foto: M. Sánchez Martín

Año 2016. Foto: Google Maps

Año 2016. Foto: Google Maps

Marzo de 2017. Foto: M. Sánchez Martín

Marzo de 2017. Foto: M. Sánchez Martín

Marzo de 2017. Foto: M. Sánchez Martín

Abril de 2017. Foto: M. Sánchez Martín

Abril de 2017. Foto: M. Sánchez Martín

Abril de 2017. Foto: M. Sánchez Martín


Gracias a las aportaciones documentales de la Pepi y Ángel Cuevas Algarín, Jesús Barragán Muñoz y Miguel Álvarez Baquero, entre otros, hemos podido reconstruir la historia y conocer la edad, 88 años, del pino piñonero situado en la mediana de la calle Gaudí de Los Palacios y Villafranca…


Miguel Sánchez Martín, abril de 2017



BIBLIOGRAFÍA:

1.-Reseñas y notas aportados por de Pepi y Ángel Cuevas Algarín.
2.-Nostas aportados por Jesús Barragán Muñoz.
3.-Foto de Jesús Barragán Muñoz.
4.-Foto de Miguel Álvarez Baquero.
5.-Reseñas aportadas por Francisco Amador Moguer.
6.-Notas aportadas por Fidel Báez Costines.
7.-Fotos tomadas de Google Maps.
8.-Fotos de Miguel Sánchez Martín.