Juan Sebastián López, 1º Premio Searus-1985

JUAN SEBASTIÁN LÓPEZ

Juan Sebastíán. Foto: Juan Sebastián.

Nota Biográfica
          Oriundo de Peñaflor, nace en Barcelona en 1941. Casi toda su vida se desarrolla en Sevilla, donde reside. Es Diplomado en Enfermería, profesión cuyas características más relacionadas con el trato humano han incidido en ciertos aspectos de su obra poética… Aparte comentarios críticos aparecidos en revistas especializadas (El Parnaso o Papel Literario, de Málaga; Ficciones, de Granada; Agua, de Cartagena, etc.) actualmente se halla en un voluntario destierro literario, francamente sobrecogido por la actual poesía y sus batallas.

          Ha publicado los siguientes libros:
De Celti a Peñaflor; Sevilla, 1983.
Del Hombre y otras piedras; Sevilla, 1985. (Premio Gallo de Vidrio 1984).
A través del cristal que nos condena; Sevilla, 1988. (Accésit Barro1986).
El fósil de la aurora; Málaga, 1992.
Antes de que la muerte nos separe (homenaje); Sevilla, 1993. (Accésit Ángaro 1992).

         
Reseña biográfica tomada de la Antología 25 años de Poesía Searus, 2002



Obra: “PRIMAVERA IMPOSIBLE”
1º Premio, VIII Certamen de Poesía Searus, 1985


EL POETA

El poeta te dona
su palacio de sueños,
su vino de palabras.

Ariete de inocencias,
tan sólo su locura te penetra,
te ahonda de misterios, te lastima.

El poeta es un mito,
un sonido que besa sin besar,
una lágrima inerte
que te rueda los labios,
un anuncio de miel sin consistencia,
un jabón que resbala por tu piel,
un pequeño ladrón de tu secreto.

El poeta no es nada;
solamente tu sombra,
tu materia de olvido.

Perdona su existencia
y limpia de tu piel sus cicatrices.

¡No lo hagas! ¡No dejes que el poeta
decapite su mundo imaginado
sabiéndose sin ti!
No permitas que rumie su nostalgia
vagando por la sed de no tenerte.

Prepárale tu vaso más sagrado
y déjale tu boca, tu mirada
y un silencio de pájaros que adorne
su ilusión inconclusa.


CUANDO SIENTAS UN ARPA DE ALFILERES

Pues no soy yo quién vive
mi cuerpo de memorias cotidianas;
ese cuerpo que pasa repetido
por la misma cuadrícula de aire
embridado, monótono y ausente,
es sólo mi disfraz.

Yo soy quién reconoce
el friso que florece de palomas,
la piel adormecida de la seda,
el suspiro final de alguna llama
que rueda sobre el agua de adoquines,
la espuma distraída entre mis dedos.

Yo soy quién siempre busca
orillas de estertores, lejanías
cruzadas por el rayo de los labios,
magnolios de etiqueta,
claveles que salpiquen
los cielos liberados del hastío.

Yo soy quién mira dentro
de los pozos callados;
quién levita los nidos pantanosos,
los besos de mañana,
la playa amanecida.

Si paso por tu vera
ciprés de alguna hilera de mutismos,
abróchate los párpados
o guarda tu mirada en el pespunte;
tal cuerpo no merece tu mirada,
ni el falso vertical de su apariencia,
ni un camino siquiera.

Cuanto sientas un arpa de alfileres
en ningún sitio tuyo,
a pleamar de lenguas
te sepa la saliva o el latido,
y te crezca la yerba en la cintura,
tal vez me reconozcas.

Persígueme despacio;
acósame en el filo de la hiel;
traspásame de noches o de rosas;
descúbreme tu luna diferente;
y volvemos los dos sobre este magma
de cuerpos poseídos por el miedo
hasta el pico nevado de los libres.


LOS DADOS

En le verde tapete de la noche
he perdido mis dados;
los dados del amor que fueron lenguas,
arlequines furiosos,
vendavales de verbos que, el azar,
esparcieron tu nombre por el aire.

Cinco dados de fuego,
por la calle desnuda del deseo,
perdí por mi ceguera de tahur:

El primero, cristal de la mirada,
discurso de pupilas,
enciende el horizonte de temblores;
el segundo, secuaz de los imanes,
acerca de latidos,
se adueña de las manos que suplican
el roce de otras manos esperadas;
el tercero, laguna sin orillas,
envuelve en celofanes el galope
sin brida de los locos solitarios;
el cuarto es alquimista del instinto,
crisol de sensaciones,
pararrayos del gozo inacabado;
el quinto es la reliquia de los sueños,
el mágico candil de mi osadía.

En el verde tapete de la noche
tal vez definitiva,
perdí mis cinco dados.

Me queda un cubilete
en busca de tu nombre,
una mesa de juegos en tinieblas
y una amarga nostalgia entre mis labios.


TU CUERPO

¿Qué es tu cuerpo la llave?
Tu cuerpo es una fosa,
una cárcel impía,
una esponja que deja
cadáveres sin agua en los aljibes.

Tu cuerpo es un erizo de ternura,
la llama que devora mi epitafio,
la hiedra que me cubre.

¿Qué es tu cuerpo la llave?
¿De qué puerta?
¿De qué boca vacía, de qué noche?
¿De qué párpado ciego?
¿De qué olvidos?

Si es tu cuerpo la llave,
en medio de mi pecho
está la cerradura;
atraviésame y deja
que el mío se desangre.


CELOS

Por la orilla en neblina viene otro;
aquel que cerca mares y atosiga
el vuelo de mis peces inocentes;
aquel que, remador sobre tu espuma,
acalla tu oleaje;
aquel que sincroniza tus arritmias
y puebla tu dolor de danzas nuevas;
aquel que se aposenta en tus escamas
y rapta tus temblores;
aquel que satisface tu agonía.

He cerrado los ojos,
la válvula celosa del instinto.
He guardado en mi pecho
el ladrido de corcho del orgullo.
He cortado las uñas
que me arañan las sienes,
por seguir respirando
las briznas de tu aliento.

Yo tan sólo recojo
los besos que tú olvidas,
el jazmín amarillo
que cayó de tu frente, tu tristeza,
tus restos de mujer para mi tumba.


LLUVIA

Llovió sobre mi carne tu tibieza.
Y fue mi carne hormiga,
corazón disecado
bajo el musgo colgante del alero,
piedra almenada, tumba,
campo de sombras, sombra
de claustro medieval,
espiga de latidos.

Y tu lluvia germina
sobre tejas que el tiempo
me puso por escamas;
me recorre, me enciende
de sangre y jaramagos;
indaga mis adobes bajo cal,
mi dintel carcomido, mis cristales.

Poco a poco, tu lluvia me devora,
desmorona mi herrumbre, mis tabiques,
mis maderas
mis muros, mis pisadas.

Ya no tengo ni restos
ni palabras que guarden
mi sed en tu memoria.


PRIMAVERA IMPOSIBLE

Sólo un sueño;
al fin, ha sido un sueño tu presencia.
Tu perfil y tu voz se desvanecen,
se desprenden de todos mis vestigios,
y queda mi cadáver
tan frío como ayer te lo encontrarás.

Pero todos los sueños dejan huella.
Y te juro que siento cada noche
tu piel junto a mi piel, tu aliento mío,
la daga de tu boca,
tu sima decorada de calambres,
tu caricia midiendo mi estatura,
los ardientes volcanes de tus pechos,
tu mentira.

Desde ahora serán mis pasos nuevos;
correré tras los ojos inquiriendo
el vuelo de los tuyos invisibles;
buscaré cada verso de tus manos
en toda mano ajena y transeúnte.
Perseguiré tu voz por los oscuros
silencios de mi mar.
Me beberé las sombras
de los árboles tristes que conocen
cómo mana la sangre
de esta herida tan tórpida y profunda
que el haberte querido me produjo.

Del sueño levantamos una vida
y, de pronto, nos cubre
esta extraña mortaja
que nos deja de nuevo condenados
en las más imposible primavera.

Fernando Rodríguez-Izquierdo, 1º Premio Searus-1983


FERNANDO RODRÍGUEZ-IZQUIERDO

Foto: Diario de Sevilla, 2013


Nota Biográfica
         
          FERNANDO RODRÍGUEZ-IZQUIERDO Y GAVALA nace en Sevilla, 15 de noviembre de 1937. Profesor Titular de Lengua Española en la Facultad de Filología de la Universidad de Sevilla.

Obra poética:
1983: Recinto en la palabra (Sevilla. Accesit Gallo de Vidrio).
1984: Premio de Poesía Antonio Machado.
1985: Del ritmo a la caricia (Sevilla).
1985: Premio de la Hermandad de la Vera-Cruz por un tríptico de sonetos.
1987: Un costal junto a la cruz (Sevilla).
1988: Rondel para una ola (Madrid).
1989: Premio Florentino Pérez. Embid por Una silla de astros (Col. Adonais,           Madrid, 1990).

          Ha traducido varias novelas y poemas del japonés al español. En 1996 se le otorgó el premio Noma por la traducción de la novela “Tanin no Kao” (El rostro ajeno), DE Kobo Abe.
          En la editorial Hiperión tiene publicada su Tesis Doctoral El kaiku japonés (Madrid, 1994).


Reseña biográfica tomada de la Antología 25 años de Poesía Searus, 2002

Ilustración de Carlos Delirio


Obra: “DEL CRISTAL DE LA ESPERANZA”
1º Premio, VI Certamen de Poesía Searus, 1983


                    ¡ACUDE…!

Destierra en mí mismo la escondida
fuente de paz. Rescata mi venero
del repliegue en que yace prisionero,
y pon en libertad mi alma dormida.

Desata mi arrebato por la vida,
Encauza mi cariño verdadero.
No dejes de estar cerca; yo no quiero
que otras manos me curen esta herida.

Ven. Fundamos en uno los amores
que discurren por tréboles y flores
anhelando el océano infinito.

Se unirán en un gozo las corrientes
parejas del querer  y, transparentes,
mirarán a los cielos de hito en hito.


CINCELANDO LO HUMANO

Tomaba yo tu cuerpo
tú tomabas el mío
por el rendido abrazo
escalando hasta el alma

rimada inteligencia
en amante maraña
presagio de la dicha
cual tú misma desnuda
más que viendo ese rostro
talmente imaginándolo

con voluntad unísona
de un acorde de gozo
vibrante al tacto íntimo
de un ritmo y una idea

tras un pálpito único
que el pulso sobrevuele
eclosión de lo humano
imaginero en trance
celosísimo

por tallar su escultura
hurto reto a la noche
del sentido
          del alma
a la margen del tiempo

y estremecer de vida
el más nuestro solar
la arcilla más sensible
de que saben los siglos.


DECLARACIÓN DEL ALBA

          “¿Será el día de la partida el día del encuentro?
          ¿Y será mi crepúsculo mi verdadero amanecer?

                              KHALIL GIBRAN: El Profeta.


Las bocas de los sexos se ha hablado
Expresando querencia,
Intimidad de idilio dialogante.

Aún suena su murmullo en nuestros cuerpos
-torrente pronunciado, rumoroso,
en fuga a su remanso desde siempre,
agua en celo de paz-

Y así, rodando soles,
visitará el otoño nuestras venas
como el aguzanieves la enramada,
primer escalofrío
heraldo de ventisca
y de escarcha invernal
gélida a nuestro tacto.

Se teñirá la carne de ceniza,
Pálido y gris reflejo
de su candor, como la piel de un roble,
como un eco de sangre despaciosa.

Declaración de invierno
se asentará en nosotros
proclamando el declive de esta vida.

Semilla que se muere destrozada
para surgir quizás en planta bella,
en promesa de un ciclo revivido
por brotes verdeantes,
nuestros propios retoños.

Vamos dejando lastre de horas muertas,
de materia que ha sido,
de carne que amó mucho,
de espacio presuroso en los espejos,
de tiempo acariciado,
rendición al anhelo y la esperanza.

Trocamos lo pasado por lo eterno
cediendo esta existencia
y su cabal morada
ante un soplo de vida del espíritu
-peso en vuelo ascendente-,
un hálito de conquistar cuando alentamos
palmo a palmo de amor,
en alas fascinadas de infinito.

Tierra que se desborda en agua pura
manante de su entraña, bajo el sol.
Trasunto de alborada.
Celestial meteoro,
Aspiración de nube,
rompiente que abre cauce al nuevo día
transido por la luz de su crepúsculo.
Reverbero de amor, desnudamente.


FONTANA DEL CRISTAL DE LA ESPERANZA

Desnuda te dormiste entre mis brazos,
dulce espiga,
trigo limpio,
soñando humanidad para ser plena.

Contigo se adormece el revolar
de mis besos amantes,
posado por tu piel
su febril aleteo retozón
en cada nido de tu undoso cuerpo,
en tu contorno cálido,
frutal prenda
deseada
de mi cuerpo andariego.

Vendrá la luz para besar también
el aura de tus parpados.
Rivalizando amor,
el sol se infiltrará entre los visillos
-galán de mil ventanas-
por sorprender la aurora de tus ojos:

          “¡Despierta! ¡No me celes
el venero esmeralda de esos lagos!
¡Mírame de hito en hito,
Desnuda tu mirada de la noche!

¡Clausura en los rincones tanta sombra
que entre sueños vistieras!
¡Reverbera en tus ojos mi caricia
y cíñete mi abrazo luminoso
por tu calle de lirio,
erguida tu presencia frente al mundo!”.

El compás de la espera
Mientras te aguarda el día
Para estrenarse en fiesta y homenaje.

Como un hada que pasa,
Darás tu toque mágico
a todo este universo, casa nuestra,
transformándolo en arras de cariño.

Decorarás el tiempo
con ese tallo grácil de tu estar
en mi camino, luz de encrucijada,
dándole asombro al aire, verso blanco,
voz desbordando música.

Plantarás armonía
en el duro bancal del corazón,
me sembrarás el júbilo a brazadas,
el eco de mi amor prendiendo en todo.

Anegarás de Sol
las cuevas tortuosas del futuro,
trocándolas en íntima evidencia
de gema transparente,
fontana del cristal de la esperanza.

Mª del Pilar Cruz de Arana, 2º Premio Searus-1982


Mª DEL PILAR CRUZ DE ARANA


Nota Biográfica

         
          PILAR CRUZ GUERRERO nació en Sevilla, un día frío de un otoño cualquiera, cursó estudios primarios en el Colegio del Espíritu Santo de Sevilla. Casada y madre de cuatro hijos. Comenzó a escribir en el año 1966 siendo autora de poemas como:
          Tres sonetos en Honor de la Santa Vera Cruz, 2º Premio 1980.
          Certamen poético Virgen de la Estrella, 1º Premio.
          Certamen poético Searus del Ayuntamiento de Sevilla y Los Palacios y Villafranca, 2º Premio.
          Certamen poético Amas de Casa Híspalis, 1º Premio habiendo publicado en varias revistas de Málaga y Sevilla.


Reseña biográfica tomada de la Antología 25 años de Poesía Searus, 2002



Obra: “ESPERANZA”
2º Premio, V Certamen de Poesía Searus, 1982


                    VOZ PRIMERA

ESTA es mi voz, ¡oídla! oídla entre los árboles
entre los tiernos juncos de la ribera verde,
toda transida y nueva, traspasada de luces,
estremecida y limpia como una adolescente.

Esta es la voz que estreno, arco de azules pájaros,
esta es la voz de hoy, esta es la voz de siempre.
Bajo el azul mi grito de asombro se hace alondra
mientras la primavera mi corazón florece.

Esta es la voz que dice la nueva vestidura
de mi corazón. Sé que me llamas a gritos desde
alguna verde y sola colina florecida.
Dios que nos ha escuchado, nuestro sueño sostiene.

Cabalguemos unidos por extensa llanura,
la flor a nuestro paso humilde se estremece
¿dónde estará la meta de Dios esta mañana
cuando la primavera estrena ríos de fiebre?

Las luces de mi canto llegan hasta la cima
de este mundo estrenado hoy. Alguien detiene
con su rígido pulso mi dolor y mi llanto,
alguien que desde arriba me otorga lo celeste.

Todo el cristal del día, límpido, azul, repica
sobre mi oscuro pecho con un rumor creciente.
Quizá este mar de hoy sea más niño que nunca,
quizá las olas tengan pequeñas de juguete.

Tronchemos con la mano la flor. Rompamos luego
esta copa dorada y vibrante que se vierte
sobre los ojos dulces, llenándolos de brisas,
rompamos luego todo el engaño de los puentes.

Esa es mi voz, ¡oídla! la voz de mi garganta
que en esta primavera renace con un fuerte
clamor, hojas, pájaros y asombrados cipreses.


                    CERREMOS LAS VENTANAS

ENTRE estos recios muros donde el sol ríe y canta,
donde el sol hoy penetra, he aprendido a quereros,
hijos míos, a olvidarme del dolor que de fuera nos llega
y a levantar mi antorcha de fe contra todos los vientos.

Nuestra casa navega como un barco. Navega
como una nueva arca de Noé sobre el mundo.
Fuera el viento sopla, la lluvia, el rayo airado,
el odio y el dolor de los hombres tiñéndose de sangre.

Cerremos las ventanas, hijos míos, que no llegue
hasta nosotros ese dolor, ese terrible
desconcierto que rompe nuestros más puros sueños.
Somos niños y hemos de dormir un poco ahora

para olvidarnos de que hay guerra, de que hay muerte,
de que hay un hombre que pasa hambre
en cada camino de la tierra,
de que quedan tantas cosas bellas aún por realizar.

Fuera el viento sopla, la lluvia, el tormentoso mar.
Pero nuestra casa navega iluminada
flotando entre las olas como una nueva arca de Noé
sobre el mundo, como un nuevo milagro.

Jesús Troncoso García, 1º Premio Searus-1982


JESÚS TRONCOSO GARCÍA


Nota Biográfica

         
          JESÚS TRONCOSO (Ronda, 1950). Entre sus obras en verso destaca Eco de la Paz (1974), Onirika (1982), y diversos poemas en antologías de Gallo de Vidrio y otras revistas de poesía. Su último libro Volver de Terramare tendrá en breve publicación informática. Como pintor ha expuesto obra en numerosas exposiciones individuales y colectivas, y está representado en diversas  colecciones privadas.
          Ha trabajado como lingüista y asesor técnico educativo en varias Embajadas españolas. Como profesor de Literatura ha impartido clases en numerosos institutos andaluces. Como poeta ha sido encuadrado en la generación de los 70 por el crítico Javier Sánchez Menéndez. También le cita, al hablar de la “Poesía Andaluza en la última década (años 90)”, el erudito Manuel Ángel Vázquez Medel y la profesora Elena Barroso al estudiar el Colectivo Gallo de Vidrio (Revista Cauce). Jesús Troncoso ha sido invitado para leer sus poemas en numerosas Instituciones, tanto personalmente como en grupo cuando integraba Gallo de Vidrio y Lumbre (Palabra y Color). El poeta y crítico Ramón Reig, escribió a propósito de Las Kásidas premiadas en Searus: “…recogen magníficamente el espíritu andalusí. Troncoso nos ofrece unas composiciones henchidas de imágenes no barrocas, vivientes, metáforas que responden a un espontáneo ejercicio de imaginación. Se trata al mismo tiempo de un lenguaje profundo en contenido y forma…, versos que además proyectan nostalgia una carga retrospectiva en el tiempo que Jesús Troncoso logra concretar con notable acierto”. Estas kásidas premiadas en el SEARUS de 1982 fueron publicadas en 1990, gracias al poeta José Cuadrado, en las páginas literarias de la Revista Alcábala de la Junta de Andalucía.


Reseña biográfica tomada de la Antología 25 años de Poesía Searus, 2002



Obra: “KÁSIDAS DEL REY DON PEDRO
       A MARÍA PADILLA EN SU PALACIO”
1º Premio, V Certamen de Poesía Searus, 1982


“…E sus amores mudárosle de tal guisa,
que primeramente el su casamiento con la
excelsa reyna donna Blanca de Borbón el
anno de 1354 repudió, e la mesma donna
Juanna de Castro avandonó el anno de 1363,
por tomar ayuntamiento con la nommada
donna María de Padiya, muger fermosa e
plazentera, pequeña de hedat, de la que
conocimientos del anno 1352 ovopor
tercería del valido don Juan Alonsus de
Alvurquerque en la villa de Sahagún. Et
el rey por le fazer plazer, mandó le
fiziessen un palacio en una villa franca,
campesina et alfarera, cercana al Guadalquivir,
que del Alcazar de Sevilla cinco leguas
al sur distava.”

          (De las crónicas Utópicas del Rey Justiciero. Toledo, Siglo XIV)



-Alcazar de Sevilla. 1362-
(Un año después de la muerte
De su reina amante)


                    KASSIDA I

El Alcázar de Sevilla,
          y a sus palmeras
volaron mis recuerdos como alondras
buscando un refugio junto al cielo,
y a sus nubes cargadas de tristeza
escalaron aquellas emociones 
que hicieron palpitar mi corazón
con la veloz carrera de un ciervo enamorado.
         
          Hacia el Sur –en Villafranca–, ahora exámine,
tuvimos un Palacio hoy cubierto de ceniza,
donde las palomas yacen asfixiadas
y los nenúfares se han dormido para siempre
bajo el espejo donde un día se miraron nuestros ojos,
donde un día nuestros ojos se miraron
queriendo detener el tiempo
que cristalino nos vibraba
en un reloj musical de surtidores,
y donde cada otoño hojas tributarias
inundaron de caolín las alamedas
con un tapiz de oro crujiente
que cubrió la alveriza timidez de unas huellas
que juntos paso a paso marcamos,
y que hoja a hoja, luna a luna,
bajo la sombra de una pálida cripta
se fueron desdibujando.

          Con el viento se fueron una noche
las doncellas que teñían las violas,
los juglares y sus trovas de Provenza,
los bufones vestidos de escarlata,
los zéjeles que te hablaban del amado,
y las adelfas ya no se visten de novia
porque enlutadas en la ribera
anhelan aquella Dama de Castilla
que en la torre florecía cada tarde
con sus linos flotantes en la brisa
como femenina bandera de amorosas dimensiones.




“…Y en el pueblo hubo un Palacio,
y en el Palacio una Dama.”
ANDRÉS BERNÁLDEZ. Siglo XV


                    KASSIDA II

          ¿DÓNDE está aquel Palacio de juguete,
Palacio de cristal en el recuerdo
que alarifes moriscos levantaron
acariciando las piedras más hermosas,
las sedas transparentes de Lyon
entre vidrios de Bohemia y de Murano,
los alcatifes granadinos
cubriendo las gélidas vetas de Carrera
que a tu tacto fueron presagio de nieve
que apagó la llama encendida en nuestros pechos?

          ¿Dónde los muros que hacia el norte
Vigilantes espiaron mi ausencia
añorando un anuncio de polvo en las veredas
o una estela en el río
sobre la que navegara tu esperanza,
aquellos muros que a la tarde
cubrían su rubor de madreselvas,
de níveos jazmines que deseosos escalaron
a tu alcoba, y en las saeteras
dejaron el viento de mensajes
que llegaron hacia mí como un negro alazán
de celos desbocado,
como una noche en que febril
te buscaron en las estrellas
como en un lirial prendido de recuerdos,
ansiando en las corolas tus pupilas
y en las ramas repletas de insomnio tus cabellos
que se deshilaron como una cascada
en las brillantes sábanas de Palmyra,
como un jardín de narcisos deshojado
por una lluvia violenta
que con sus pétalos escribió nuestros nombres,
señalando el “tempos fugit”
de nuestro cruel destino?



“Quién besa los labios de esta diosa
indolente, ya nunca más puede huir
de la seducción de sus encantos.”
JOAQUÍN ROMERO MURUBE (A “Sevilla)


                    KASSIDA III

Alfanje de plata
          la luna de Ixbilia,
lúbrica se estremece y en el Guadalquivir
descuartiza mis deseos imposibles,
mis lejanos recuerdos que se van a la deriva
buscando un mar de tristezas.

          Ya aquel Palacio es sólo un espejismo,
un éxtasis de barca,
una ilusión flotando en las marismas
que a Villafranca se lleva en la corriente
con mis lamentos presos en sus yedras.

          Mi cuerpo, Villafranca, aquel Palacio…
divagan buscando tu áurea perdida,
y como las gaviotas  del Estrecho se alzan
a un cielo más luminoso
pretendiendo los salinos heliotropos que giran
en las astadas dunas, y liberan nuestro besos
de una mazmorra plagada de múrices y espinos,
de sérpulas que en Montiel
apuñalarían de mi pecho,
derramando su tiempo sangre en mi erial
que la primavera  vestía de amapolas
mientras mi vista se nublaba en el recuerdo
de aquel Palacio lejano, lejano y prohibido
donde las auroras eran más limpias
y más intenso nuestro amor.

          En un blanco y alado corcel te seguiré buscando,
persiguiéndote en el cielo
como Isis al Sol, sin encontrarte.