Brazo Gitano tradicional



Receta Tradicional de Brazo Gitano.

El brazo de gitano es un pastel de forma redondeada que suele ir relleno de crema, nata, chocolate, mermelada o de lo que nuestra imaginación nos ofrezca.
Tres son las hipótesis sobre el origen del nombre de éste bizcocho enrollado y relleno de diferentes dulces…
Unos atribuyen su nombre a los “lateros” que se dedicaban a reparar ollas y sartenes. Los pasteleros les regalaban a estos vendedores ambulantes, la mayoría de ellos gitanos, bizcochos enrollados que elaboraban a partir de las sobras de su material. De ahí el nombre de brazo gitano.
Otras mantienen que el nombre se debe a su forma alargada y al hecho de que el relleno que quedaba a la vista era de color oscuro (chocolate), como la piel de los gitanos.

Una tercera teoría dice que el brazo gitano lo descubrió en Egipto un monje berciano (de El Bierzo), en la edad media. Este monje lo llamó “brazo egipciano” y, con el paso del tiempo, el nombre derivó en el actual, debido a la semejanza fonética.

Brazo gitano con relleno de chocolate y relleno de crema pastelera y fresas naturales

Ingredientes.
4 huevos L o 5 M
120 gramos de azúcar
60 gramos de  harina de trigo.
60 gramos de harina de maíz (Maizena).
Medio sobre de levadura Royal.
200 gramos de crema pastelera, crema de chocolate o mermelada de fresa…
Fresas.
Azúcar glas.



Elaboración.
1.- Separamos las claras de las yemas y montamos las claras a punto de nieve.
2.-Añadimos a las yemas el azúcar y lo batimos con la batidora con varillas.
3.-Mezclamos los dos tipos de harina y la mitad del sobrecito de levadura, tamizando la levadura con un colador, poquito a poquito.
4.-Mezcladas las harinas poco a poco y las vamos tamizando con un colador y añadimos la levadura; posteriormente incorporamos la mezcla a la masa y las mezclamos con una espátula, cuchara o varillas de mano.
5.-Forramos una bandeja de horno con papel de hornear y extendemos y vertemos encima de ella la masa resultante. Previamente tendremos el horno calentito, y lo dejamos unos 12-15 minutos a 180º.

Introducimos la masa en el horno


6.-Una vez retirado del horno dejamos que se enfríe, lo cubrimos con la crema pastelera y algunos trocitos de fresa, la nata, la nocilla o la mermelada de fresa.

 
Masa sacada del horno, untada con crema pastelera
y adornada con trocitos de fresa. Se podría usar para base  de una tarta.
 Untaremos la masa con varias capas de crema.


7.- Fara finalizar,  enrollamos poco a poco teniendo cuidado de que no se rompa y cortamos las puntas. Espolvoreamos con azúcar glas para que quede bonito y listo para servir…


Brazo gitano con relleno de chocolate y relleno de crema pastelera




Miguel Sánchez Martín, con la colaboración y la receta de Lorena Gestoso.

San Sebastián, patrón defensor de la peste en Sevilla

HISTORIA
San Sebastián, patrón defensor de la peste en Sevilla

· Desde la Edad Media, este santo, que en su martirio fue tirado a una cloaca, se especializó en proteger a las poblaciones

JULIO MAYO. HISTORIA.  ABC de Sevilla, 21 de enero de 2018

En Sevilla apenas queda ya rastro devocional del culto exitoso que se le rindió a San Sebastián en el pasado. Desde la Edad Media, este santo, que en el padecimiento de su brutal martirio fue tirado a una cloaca, se especializó en proteger milagrosamente a las poblaciones, por las que intermediaba librándolas de los mortíferos efectos de las epidemias de peste. Es así como se hizo popular en toda Europa. Desde el último tercio del siglo XV, se prodigaron «Las pestes» en demasía, registrándose no pocas durante el transcurso del XVI y buena parte del XVII. Una urbe tan populosa como Sevilla, padeció sus estragos debido al importante tráfico comercial y humano que albergó, muy principalmente a partir del Descubrimiento de América, e intensificación del comercio con Flandes. Las grandes pestilencias coincidieron históricamente con agudas crisis existenciales, por lo que los pobladores de la principal metrópolis del mundo, ampliamente atendidos espiritual y pastoralmente por miles de clérigos e infinidad de iglesias, ermitas, hospitales y conventos, entendieron que el cataclismo provenía como consecuencia de sus pecados. Era un castigo de Dios.

San Sebastián. Los Palacios y Villafranca

«Desde el año 1502 –escribió el cronista don Andrés Bernáldez– comenzaron a haber muchas hambres e muchas enfermedades de modorra e pestilencia, hasta este de 1507 que comenzó en el mes de enero (…/..). Murieron mucha gente. En este lugar donde yo estuve, escapamos yo y el sacristán heridos y sangrados cada dos veces, y finaronse cuatro mozos que andaban en la Iglesia, que no escapó ninguno. E de quinientas personas que había en mi parroquia de este lugar (Los Palacios), se finaron ciento y sesenta, entre chicos y grandes. Todas las mujeres que criaban e daban leche escaparon, y si moría una era entre ciento».


San Sebastián en pintura


Muchos cadáveres de los apestados se sepultaban en las inmediaciones de la ermita de San Sebastián, un pequeño templo bajo-medieval (origen de la actual parroquial del mismo título ubicada en el Porvenir), cuya existencia se remonta a mediados del siglo XIV. Perteneció al gremio de los genoveses y en su seno nació una hermandad dedicada a esta particular advocación. Finalmente, el ermitorio terminó siendo cedido al cabildo de la catedral en 1505, cuya entidad ha gobernado su uso prácticamente hasta la segundad mitad del pasado siglo XX. Curiosamente, en la documentación eclesiástica figura denominada como «Casa del Bienaventurado Martir San Sebastian del Campo». 
Una clara muestra de la estrecha vinculación del santo con la religiosidad popular sevillana son los cuantiosos rituales de aflicción que se celebraron. La Iglesia colmaba de gracias a quien visitara aquella iglesia tan alejada. Estaba fuera de las murallas, en el ancho prado que hoy conocemos con el nombre de San Sebastián. El Papa León X concedió indulgencias, en 1517, a quienes asistieran a ella en la festividad propia del santo, el 20 de enero, y se quedasen a escuchar misa. Cuando se produjo la epidemia de peste del año 1576, el Ayuntamiento y el Cabildo catedralicio acordaron celebrar una función solemne todos los años en honor de San Sebastián, el mismo día litúrgico suyo, con procesión de ambos cuerpos corporativos, desde la catedral hasta la ermita y el posterior regreso a la Seo Metropolitana. Este ceremonial se organizó durante varios siglos anualmente, hasta que se hizo la última vez en 1869. Si no llovía, la asistencia a la procesión era muy elevada. El propio Miguel de Cervantes comenta de Isabela, protagonista de su novela «La española Inglesa», que ella «jamás visitó el río, ni pasó a Triana, ni vio el común regocijo en el campo de Tablada y puerta de Xerez, e día, si le hace claro, de San Sebastián, celebrado de tanta gente que apenas se puede reducir a número».

San Sebastián.
Grabado de Alberto Durero

El Abad Gordillo recoge en su libro, «Religiosas estaciones», que el pueblo sevillano acudía a la ermita en masa, en la primera mitad del siglo XVII, con el propósito de implorar la intercesión de su titular, especialmente cuando «hay peste». Había hasta tres imágenes distintas de San Sebastián y una de San Roque, tallada por el escultor Gaspar del Águila hacia 1578. Pero intramuros de la ciudad, San Sebastián cosechó igualmente un seguimiento piadoso relevante. Según el Abad Gordillo, contaba con «muchos altares y capillas dentro de la ciudad, dedicados a su nombre y devoción que celebran en ellas muchas memorias y misas». Además, existieron otras tantas cofradías con el mismo título devocional. Pueden servirnos los ejemplos de dos corporaciones. La del hospital de San Sebastián que hubo en el siglo XV en la calle de San Vicente (luego nombrado de San Pedro y San Pablo, sobre cuyos terrenos se levantó el convento de San Antonio). Y recoger también otra fundada en el hospital de los Toneleros, en la Carretería, donde acudía mucha «gente de la mar pobres y sin capas», en la que existió la de «Los Remedios y San Sebastián» (esta se fusionó con la hermandad de la Virgen de la Luz que pasó a la parroquia de San Miguel al extinguirse este hospital a finales del siglo XVI).

Mártir y protector

San Sebastián fue un soldado romano, que vivió en el siglo III, y fue martirizado por no renunciar a la fe cristiana. Sobrevivió al primer martirio, en el que fue asaetado con flechas sobre su cuerpo desnudo. Volvió a retar al emperador de Roma, quien decretó que fuese apaleado. Tras ser arrojado a un husillo, se apareció en sueños a Santa Lucía para señalar dónde se hallaba su cuerpo. Es el defensor contra la peste más prestigioso que hubo en la Edad Media. Al significarse por ayudar a los cristianos, el Papa Cayo lo nombró «Defensor de la Iglesia». Iconográficamente, se ha concebido con rostro y cuerpo joven, casi desnudo, atado a un árbol, traspasado por las flechas punzantes.

San Sebastián. Murillo


San Sebastián en la provincia

Según el profesor Sánchez Herrero, en el siglo XVI existieron en muchos pueblos del antiguo Reino de Sevilla ermitas y hospitales consagrados a San Sebastián, en donde curiosamente radicaron también cofradías de Vera Cruz, como sucedió en Dos Hermanas o Villafranca de la Marisma. El trajín del río y la Carrera de Indias incidió notablemente en la propagación vertiginosa de los contagios de pestilencias. Aquel fenómeno calamitoso suscitó una angustiosa temeridad y los ayuntamientos de innumerables localidades proclamaron patrón a San Sebastián en los primeros años de «La Peste».
Es patrón, entre otros municipios, de Puebla del Río, Marchena, Lora del Río, Fuentes de Andalucía, Camas, Tomares, Los Molares, Villafranca de la Marisma (actual Los Palacios y Villafranca), Brenes, Villaverde del Río y Cantillana. Curiosamente, casi todas las localidades ribereñas orilladas al Guadalquivir lo proclamaron intercesor. Ocurre así también en los casos de Sanlúcar de Barrameda y el Puerto de Santa María.

*enlace web: http://sevilla.abc.es/sevilla/sevi-san-sebastian-patron-defensor-peste-sevilla-201801210838_noticia.html



Publicado el domingo 21 de enero de 2018 en diario ABC de Sevilla y autorizado por Julio Mayo para ser publicado en el blog de la Asociación Cultural Searus.

Murillo y La Macarena.

MURILLO Y LA MACARENA
JULIO MAYO


La obra pictórica murillesca llegó a condicionar el devenir de la escultura barroca en Sevilla hasta los años finales del siglo XVIII

El escultor que talló a la Macarena tuvo que inspirarse en la gracia sobrenatural con la que Murillo recreó a la Virgen en la segunda mitad del siglo XVII. Un periodo lleno de tinieblas y adversidades, como las epidemias de peste de 1649 y 1650, pero también una etapa en la que la efervescencia religiosa suscitó la devoción de la piedad popular hacia la Virgen, en medio del debate teológico desatado sobre la concepción inmaculada de María. A partir de 1654, la cofradía de la Sentencia, del gremio de los hortelanos, comenzó a adquirir cierto auge, después de haberse incorporado a la nómina de las hermandades que realizaban estación de penitencia en Semana Santa y trasladar su residencia canónica, desde el convento de San Basilio, a la parroquia de San Gil, donde terminó haciéndose propietaria de una capilla en 1670.


La Macarena es una dolorosa que refleja resignación, aunque con líneas de expresión serena. Pese a la melancolía que proyectan sus lágrimas, encarna una incertidumbre rebatida por el esbozo de una leve sonrisa. Su rostro destila belleza, amabilidad y representa unas virtudes maternales que conmueven al orante a purificar sus pecados con la virginidad inmaculada de su resplandor. Participa claramente de postulados y principios estéticos murillescos, como ocurre en otras muchas producciones de la imaginería barroca de la escuela sevillana, de finales del siglo XVII y todo el XVIII. Hace ya varias décadas, los profesores de la Hispalense Bernales Ballesteros y Palomero Páramo adelantaron que un buen número de artistas tomaron como fuente los cuadros de Murillo, tan ricamente impregnados de espiritualidad sevillana, en los que empleó un lenguaje estético nuevo, que benefició de modo extraordinario al mensaje de la Iglesia tras el Concilio de Trento, con el claro fin de acercarlos siempre al sentir popular.


El admirado rostro de la Macarena nos remite a esa hermosura arquetípica de dimensión espiritual, en la que la blandura de las formas y suavidad de sus expresiones originan veneración y levantan pasión.


Murillo, en su etapa de juventud, creó un tipo de Virgen muy peculiar. La primera Concepción hasta ahora documentada, realizada hacia 1650 para el convento «casa grande» de San Francisco, conocida como la Colosal –hoy en el Museo de Bellas Artes–, es con la que el artista alcanza esa concepción metafísica de la que nos hablaba el historiador del arte Ceán Bermúdez. Una imagen dotada de una fuerza sobrecogedora, capaz de levantar pálpitos. Participa esta obra de ese sentimentalismo expresivo y trascendente que, Benito Navarrete, glosa en el segundo capítulo de su reciente libro al referirse a la pintura aurática de Murillo, como si estuviera tocada por el Espíritu Santo. Los cánones de cada atributo de la cara de la Macarena (hueco ocular, párpados, pómulos, carrillos, mejillas, nariz y boca con labios entreabiertos) se ajustan a imposiciones del clasicismo y nos recuerdan también facciones trazadas por el propio Murillo en otras Inmaculadas, como la del Escorial, y en la Madonna Spínola. Todo este ideario compositivo lo siguieron discípulos suyos y maestros de otras disciplinas artísticas. En ello tuvieron una gran importancia, como herramienta de trabajo, los conocidos Álbumes de Murillo, en los que figuran dibujos elaborados en la academia que fundó en la Casa de la Lonja (1660), junto a Herrera el Mozo, en la que se unieron pintores y escultores.

La Inmaculada, conocida como "La Colosal".
Museo de Bellas Artes de Sevilla


Aún no se ha descubierto la identidad de quien pudo haber tallado la Virgen de la Esperanza Macarena. Pero a la luz de estas semejanzas plásticas con el quehacer de Murillo, cobra más crédito poder circunscribirla a autores como Pedro Roldán, extendiéndola también hacia ciertos imagineros de su círculo o, incluso, a algunos miembros de su taller familiar. Francisco Antonio Ruiz Gijón acudía con Pedro Roldán a la academia citada, por lo que el utrerano también se nutrió de los trazos príncipes. Es significativo que Roldán realizase la imaginería del retablo mayor de la capilla de los Vizcaínos del convento de San Francisco, en 1669, donde estaba la Inmaculada Colosal, que hoy puede contemplarse en el presbiterio de la parroquia del Sagrario. La Dolorosa que acoge el cuerpo de Cristo descendido evidencia unos marcados perfiles macarenos. Pedro Roldán trabajó además con Murillo, mano a mano, en varios proyectos vinculados con la canonización de San Fernando como santo. Entre Roldán, Valdés Leal y Murillo, se trenzó un vínculo laboral en la Santa Caridad. El profesor Alfonso Pleguezuelo ha estudiado las conexiones de la obra de Bartolomé Esteban Murillo con la de su hija «la Roldana». La obra de Murillo llegó a condicionar el devenir de la escultura barroca en Sevilla hasta los años finales del siglo XVIII, según las investigaciones de Manuel García Luque, por lo que escultores posteriores a Roldán, como Duque Cornejo, Hita del Castillo o sus propios nietos Diego y Marcelino, especialmente, pudieron haber efigiado una talla mariana de esta factura murillesca.

¿Qué hubiera pintado Murillo si viviera ahora?, preguntó uno de los asistentes al acto que se celebró en el Aula de Cultura de ABC, dedicado a la figura del virtuoso. Nadie supo qué responder. Después de reflexionar sobre este tema, y saber que el artista se preocupó en vida por recrear la imagen más fidedigna de la Madre de Dios, no tenemos duda de que hubiese puesto sus ojos en este rostro de la paz, que representa de modo fascinante la grandeza de la piedad popular sevillana: Nuestra Señora de la Esperanza Macarena.
JULIO MAYO ES HISTORIADOR





Publicado hoy miércoles 3 de enero de 2018 en diario ABC de Sevilla y autorizado por Julio Mayo para ser publicado en el blog de la Asociación Cultural Searus.

Pasadizo secreto que unía la iglesia con el castillo Almudeyne de Los Palacios y Villafranca

PASADIZO SECRETO, SUBTERRÁNEO, QUE UNÍA LA IGLESIA STA. MARÍA LA BLANCA CON LA CASA PALACIO DEL ATALAYUELA DE LOS PALACIOS Y VILLAFRANCA ( CASTILLO ALMUDEYNE).

Aparece en la iglesia Santa María la Blanca de Los Palacios y Villafranca una puerta que da acceso a un pasadizo que comunicaba de forma subterránea el templo con el Palacio del Atlayuela, también conocido como castillo Almudeyne.


Lo que siempre se había comentado y dicho entre los habitantes más longevos  y octogenarios del pueblo, pero que se suponía una leyenda popular, se ha confirmado al descubrirse la puerta de entrada al pasadizo secreto, camuflada en uno de los muros de una dependencia de la iglesia.

Puerta de acceso al túnel,
Iglesia Sta. Mª la Blanca
Foto: Taller del Patrimonio de Los Palacios

Todo parece indicar que el túnel, de unos 300 metros de longitud, fue construido a mediados del siglo XV por los Ponce de León, para de incognito poder acceder o regresar a la iglesia desde la Casa Palacio del Atalayuela, dado el conflicto bélico existente en la época de la conquista del reino de Granada. Finalizada la campaña militar, los diferentes Duques de Arcos continuarían usando la referida galería por temor a los posibles ataques o revueltas de algunas hordas moriscas que aún quedaban por la serranía de Ronda o simplemente por comodidad.

El corredor caería en desuso con el paso de los años y debido a las diversas obras acometidas tanto en el Palacio del Atalayuela como en la iglesia, hicieron que quedase totalmente olvidado y sellado hacia el siglo XVIII, cuando se acometieron obras de envergadura en el templo con motivo de la edificación de la actual torre campanario. Aunque en la memoria colectiva del pueblo siempre ha permanecido vivo el recuerdo de la mencionada gruta.

Plano del pasadizo subterrnáneo

Galería de acceso al túnel en la bodega
Palacio del Atalayuela.
Foto: Antonio Cruzado

Parece ser que el referido pasaje discurriría subterráneamente por un callejón que en la actualidad no existe y que estaba situado entre las calles Pedro Pérez Fernández y Andrés Bernáldez, desembocando frente a la puerta Oeste de la Casa Palacio en la Plaza de Miguel Murube (antigua Plazuela del Castillo) y seguía su curso bajo la Plazuela, finalizando en la bodega del Palacio del Atalayuela, donde desde siempre se ha conocido la existencia de una puerta tapiada…

El Obispado de Sevilla, en nombre de la iglesia, tomará cartas en el asunto e intentará negociar con el Ayuntamiento palaciego y los vecinos afectados para sacar a la luz el túnel que discurre bajo el desaparecido callejón y que finaliza en el Castillo…


M. Sánchez Martín, Asociación Cultural Searus, diciembre de 2017



Gracias por haber leído hasta el final, pero todo ha sido una simple ocurrencia del equipo de redacción de la Asociación Cultural Searus en el día de los Santos INOCENTES.

Disculpe las molestias y por favor no diga nada… Continuemos la broma.

Capítulo 4: Los Campanilleros y la Navidad en Marismas TV, año 2004

CAPÍTULO 4, LOS CAMPANILLEROS Y LA NAVIDAD


Marismas Televisión pretendió desde su origen estar presente en todo tipo de evento que tuviese relación con las tradiciones. Por eso se ponía  un gran énfasis en la Navidad, ese tiempo de reflexión, de alegrías, añoranzas y momentos inolvidables que no sólo se recuperarían durante una fecha en concreto, sino durante muchos años en nuestras vidas.

En la primera etapa de Marismas TV, sobre el año 2001, había dentro de aquella creatividad latente en la televisión y en la localidad, un espíritu innovador sobre la Navidad y en los videos que se realizaban, pretendiendo buscar momentos que despertasen emociones y recuerdos cercanos. Tal fue así que se hizo un interesante video reportaje sobre la Navidad en diferentes zonas de la localidad y en especial en la Plaza de España y aledaños, cuando todavía no eran peatonales las calles Blas Infante y Charco. Un ambiente cálido, humano e ilusionante recorrían los reportajes, impregnados de la ilusión que despierta la Navidad representada por los niños, el humo incesante de la chimenea del asador de castañas que ahora está situado en la Calle Joaquín Romero Murube y en su día en la plaza, el frío latente, etc. Vídeo que si no nos equivocamos (y nos lo recordarán seguramente), fue realizado por Sergio Román y todo el equipo presente de aquella época.




Y es por eso que en aquellas temporadas, y las posteriores, se decidió reproducir fielmente y recuperar esas grabaciones y editarlas para los especiales navideños, entre otros, los que se hacían repasando uno por uno, todos los grupos de campanilleros presentes en la localidad en 2004. Se asistían a los ensayos, se hacían entrevistas, en las que ayudaban todos los compañeros de Marismas TV, además de contar con la colaboración de Antonio Romero. Se grabaron los coros de campanilleros de Nuestra Señora de las Nieves, Santa María de Bucarest, Nazaret, etc., con el toque característico que ofrecía ser la alternativa local en televisión.




En aquellos años, aunque en menor medida, se grababan belenes y nacimientos para su posterior emisión, programa que ya tenía también la televisión local desde hacía tiempo atrás, aunque Marismas TV le añadió un toque particular y especial que da el ser alternativos visuales.

La Navidad de 2004 que es la que se ofrece en este repaso audiovisual locutado por Juan Manuel Silvestre, también fue la Navidad en la que se entrevista a Don José Moral Ayala por el aniversario de la Media Maratón Sevilla-Los Palacios y Villafranca. En la referida entrevista, José hace una biografía audiovisual de su vida y cuenta historias del evento, así como otros muchos momentos inolvidables que quedaron en la imagen de lo que fue Marismas Televisión en aquella época. En definitiva una televisión alternativa y cercana al público, con ideas y proyectos.









  
ENLACE AL VIDEO PUBLICADO EN YOUTUBE, que acompaña al presente capítulo...





Juan Manuel Silvestre Amodeo, diciembre de 2017


Juramento de la Concepción en 1617

Juramento de la Concepción en 1617
IV Centenario de una gran efeméride inmaculista


JULIO MAYO

En este día tan señalado, pasa desapercibida la conmemoración del juramento que la iglesia y el Ayuntamiento de Sevilla hicieron, conjuntamente, el 8 de diciembre de 1617, en defensa de la concepción de María sin mancha de pecado original. Nuestra ciudad se puso a la cabeza en el conflicto mariano que se desató entre defensores y detractores  del carácter inmaculado de la Virgen, después de que un fraile dominico lo hubiese en entredicho, en 1613. Este debate teológico había surgido en un contexto de tirantez entre Sevilla y la corte madrileña. A instancias del Arzobispo de Sevilla, don Pedro de Castro, se le solicitó al rey Felipe III que requiriese al Papa una declaración propicia a la clemencia concepcionista. Sería en 1616, cuando el monarca español instituyó la Real Junta de la Inmaculada, convirtiéndose todo este asunto en una cuestión más política que espiritual. El pueblo sevillano mostró su beneplácito a la causa de forma unánime, expresando su fervor mediante la organización de numerosas funciones religiosas, procesiones, veladas literarias, fiestas de toros, funciones de fuegos artificiales, y mascaradas. Aquella efervescencia piadosa de devoción popular creada en torno a la Inmaculada Concepción, tan íntimamente unida al barroco sevillano, le sirvió a la iglesia hispalense para hacer ver al orbe cristiano que había realizado una gran aportación devocional de carácter universal. Y así, puedo revestir de mayor argumento reivindicaciones como la de discutirle a Toledo su condición de sede primada de la iglesia española.

Foto de Julio Mayo publicad en ABC de Sevilla

         En las actas del cabildo de la catedral se asienta, el 16 de octubre de 1617, que el Papa Paulo V había concedido un Breve favorable a la Inmaculada. A partir de entonces, se sucedieron innumerables eventos, religiosos y festivos, dispuestos por conventos, parroquias, gremios, cofradías y nacionalidades de la ciudad en adhesión a la Inmaculada. Tuvieron su culmen en la gran fiesta litúrgica que se celebró en la catedral el 7 y 8 de diciembre de 1617. El día de su festividad litúrgica, se unieron las primeras autoridades eclesiásticas y civiles locales, para proclamar con solemnidad la defensa del misterio de la Limpia. Tras el sermón, cumplimentaron en el altar mayor el ritual del juramento, el prelado, los canónicos y demás miembros del clero catedraliceo, junto a la corporación municipal, liderada por don Diego Sarmiento de Sotomayor, conde de Salvatierra, a la sazón Asistente de Sevilla. Un fragmento de la fórmula extraída del Archivo de la catedral, traducida del latín eclesiástico, dice así: “Nos, don Pedro de Castro, Arzobispo de Sevilla y el venerable coro de nuestro Cabildo y la florentísima ciudad de Sevilla (…/…) confesamos que Tú, o Madre de Dios, en el primer instante de tu Concepción fuiste preservada del pecado original, por los méritos de Christo tu hijo (…/…) de esta manera lo votamos, de la misma lo prometemos, de la propia lo juramos, así Dios nos ayude y estos Santos Evangelios de Dios. Tu sentencia, voto, juramentos ponemos a los santísimos pies de nuestro santísimo padre Papa, Paulo V, para que se digne de confirmar con su apostólica bendición todas estas cosas”.
         Al grandísimo acontecimiento religioso, acudieron los ediles lujosamente ataviados, integrando un amplio cortejo desde el consistorio. El arzobispo, escoltado por una docena de pajes y niños del coro, vestía brocados dorados y en su mitra ostentaba una brillante pedrería preciosa, mientras que los miembros de cada corporación, llevaban cadenas y cintillos de diamantes, así como joyas en las gorras. La ocasión lo requería. Ambas entidades debían demostrar ser las más poderosas de las que prestaron el servicio de jurar la pureza virginal. En la Relación del Solemne Juramento que mandó imprimir el Ayuntamiento a Francisco de Lyra aquel mismo año, se hace constar las salvas que los navíos atracados en el río, junto a la Torre del Oro, dispararon al tiempo de formularse el juramento. A esta celebración le sucedieron otras más, fuera de los templos, como las fiestas de toros y juegos de cañas con libreas, efectuada por don Melchor de Alcázar, el martes 19 de diciembre, según la relación publicada por el poeta y músico del Siglo de Oro, Juan de Arguijo.
        
Foto de Julio Mayo publicada en ABC de Sevilla

Foto de Julio Mayo publicada en ABC de Sevilla


El arzobispo frente al rey.
         En el mes de noviembre de 1617, nuestro arzobispo –ardiente concepcionista–, se había opuesto abiertamente a la propuesta realizada por Felipe III para elegir a Santa Teresa como patrona de España, aduciendo no estar canonizada y ser incompatible su patronazgo con el del apóstol Santiago. Por una parte, estaba el arzobispo de Sevilla como núcleo generador y, por otra, los seguidores del rey. Estos desencuentros pudieron tener su origen, según el historiador Domínguez Ortiz, en los sentimientos de hostilidad que se habían despertado en el sur de España contra la corte desde principios del seiscientos. En este sentido, el asunto de la Inmaculada habría sido empleado por algunas familias aristocráticas, propietarias de numerosos pueblos, como arma de confrontación territorial en aquella Sevilla de las primeras décadas del siglo XVII, así puesto de manifiesto por las investigaciones de Domínguez Fúrdalo y Sánchez Jiménez.
         Ante la pasividad de ciudades españolas emblemáticas como Toledo, Valladolid o la propia villa de Madrid en involucrarse sobre el origen pecador (…), el arzobispo de Sevilla se anticipó a ellas. En 1616, envió a la corte (…) de procuradores, entre quienes se hallaban el canónigo Mateo Vázquez de Leca y el padre jesuita Bernardo del Toro, a fin de obtener una recomendación regia con la que acudir a Roma y tratar de obtener algún apoyo. Mientras tanto, el arzobispo supo engendrar una agobiante presión sobre la monarquía española y la Santa Sede. Los partidarios de la opinión contraria, aducían que todas aquellas manifestaciones populares, consideradas como revolucionarias, así como las adhesiones institucionales que no paraban de secundarse entre los colectivos sociales, agitaban y provocaban alborotos. La enfervorecida defensa del misterio concepcionista –incluso hasta dar la vida y derramar la propia sangre, si hiciera falta- preocupaba muchísimo a las autoridades, por la repercusión de los grandes tumultos en la alteración del orden púbico. Finalmente, la voluntad del pueblo se impuso en los dictámenes oficiales , como lo pone de manifiesto la gracia concedida por el sumo pontífice romano, antes citado.


Foto de Julio Mayo publicada en ABC de Sevilla



Religiosidad popular para desterrar pecados
         Las clases más humildes nunca consideraron que María hubiese nacido manchada, por lo que la reivindicación de esta doctrina inmaculada cosechó un respaldo considerable en este amplio sector poblacional. Aquella Sevilla populosa, dotada con el primer puerto donde entraban las embarcaciones provenientes de América, cargadas de oro y plata, se asemejaba a la antigua Babilonia sumida en el pecado. Su mal vivir le hizo merecer una baja reputación que precisaba ser corregida, restringiendo la prostitución, erradicando los vicios y fomentando un loable espíritu de misericordia y caridad con la que atender la pobreza de la calle. Para esta gran reforma promovida por el arzobispo Pedro de Castro, este se valió del amplio repertorio devocional de la piedad popular sevillana, como principal herramienta de su método pastoral. Franciscanos y jesuitas, por su parte, se involucraron afanosamente en promover la defensa de la Inmaculada, cuya lucha contribuyó a elevar el culto mariano hasta convertirlo en la seña de identidad más destacada del panorama católico después del Concilio de Trento.

         En la sesión capitular del Archivo Municipal, correspondiente al 29 de noviembre de 1617, se afirma que Sevilla, en el asunto de la Inmaculada, había sido la primera “en piedad y religión en su servicio a la Reina de los Ángeles”, con cuya acción había dado un colosal ejemplo a la cristiandad. En el contexto de la Iglesia universal de entonces, la propia Iglesia de Sevilla consiguió posicionarse en un rango de primer nivel. De no ser así, la embajada concepcionista nunca hubiese sido recibida en la Santa Sede, dada la autoridad con la que Roma se sentía a la hora de pronunciarse en cualquier cuestión doctrinal. Más aún, después de haber sido la causa este argumento mariológico de las diferencias entre católicos y protestantes. Por esta razón, es muy valorable la capacidad que tuvo la iglesia sevillana para expresarse y, por su puesto, hacerse escuchar. Con el peso que había adquirido, aspiró a rebatirle a Toledo su primacía con razonamientos históricos, explicados muchas veces con obras de arte que fraguaron artistas barrocos. Un caso preclaro es el del propio Murillo, quien tuvo la magistral capacidad de transmitir con su pintura, el compromiso religioso que asumió como creyente, y cuya genialidad le permitió dar forma plástica definitiva al modelo iconográfico de la Inmaculada, inspirándose en los rostros populares de mocitas criadas en Sevilla.


  
JULIO MAYO ES HISTORIADOR.



Publicado hoy viernes 8 de diciembre de 2017 en diario ABC de Sevilla y autorizado por Julio Mayo para ser publicado en el blog de la Asociación Cultural Searus.