Casa de Andrés Bernáldez, cura de Los Palacios, cronista de los Reyes Católicos

CASA DEL BACHILLER ANDRÉS BERNÁLDEZ,
CRONISTA DE LOS REYES CATÓLICOS.


La casa donde vivió Andrés Bernáldez, “El Cura de Los Palacios”, estuvo ubicada en el nº 8-10 de la calle Andrés Bernáldez, antigua del Hospital, según los relatos que a lo largo de los años han hecho referencia a ella. Desafortunadamente la casa original de los años del bachiller (S. XV) hace mucho tiempo que desapareció…

Derribo de la casa nº 8-10 de la c/ Andrés Bernáldez (Antigua del Hospital)
Foto: Javier Parejo, año 1983. Publicada en la Revista Los Cuatro Vientos.

Autor. Herrera, M.  Retrato de Andrés Bernáldez
visto por D. Antonio Alfaro en 1901.
(Archivo fotográfico de M. Herrera).
Publicado en Retratos del Pueblo Volumen II.

Casas nº 8 y 10, c/ Andrés Bernáldez (Antigua del Hospital). Foto: Miguel Sánchez Martín, 2017.


1.- La casa de Bernáldez en el siglo XV-XVI. Memorias del Reinado de los Reyes Católicos.

La vivienda de la que hablamos se encuentra situada en el nº 8-10 de la calle Andrés Bernáldez, antigua del Hospital (en los textos se emplaza en el nº 10); lugar donde según la tradición vivió de 1488 a 1513 el eclesiástico e historiador Andrés Bernáldez, cronista de los Reyes Católicos, conocido en el mundo de las letras como “El Cura de Los Palacios”. Se ubica la casa actualmente en el número 8-10 y no en el número 10 como hacen referencia los escritos, tal vez  debido a la unión de viviendas situadas en la misma acera.

Es un lugar que visitaron y estuvieron hospedados personajes de relevancia y enorme trascendencia en la historia de España…

Según cuenta Bernáldez en “Memorias del Reinado de los Reyes Católicos”, en el año 1496, después de regresar del segundo viaje a las Indias, el almirante Cristóbal Colón visitó Los Palacios y Villafranca y fue recibido y quedó hospedado en su casa, acompañado del hermano del cacique Caonaboa, de un sobrino del cacique y del obispo Juan de Fonseca. Lo relata el cronista:

 “ E así ge lo dixe e fize entender yo el año de mil e cuatrocientos e noventa y seis, cuando vino a Castilla la primera vez después de aver ido otra vez a descubrir, que fué mi  huésped e me dexó algunas de sus escripturas, en presencia de don Juan de Fonseca, de donde yo saqué e cotegé con otras que escribió el doctor Chanca, e otros cavalleros que con él fueron en los viages ya dichos. que escribieron lo que vieron.”
“E antes que de allá partiese, avía perndido al grand cacique Caonaboa, e a un hermano e a su un su fijo de fasta diez años, no en pelea, salvo desque los aseguró; e después diz que dixo que los traía a ver al rey e a la reina, para después volverlos en su onrra e estado. Traía al Caonaboa e a un su hermano de fasta treinta e cinco años, a quien puso por nonbre don Diego, e a un moçuelo sobrino suyo, fijo de otro hermano. E murióse el Caonaboa en la mar, o de dolencia o de poco placer. Traía un collar el dicho don Diego, hermano de Caonaboa, de oro, que fazía el almirante poner cuando entrava por las cibdades o logares, fechao a eslabones de cadena, que pesava seiscientos castellanos; el cual yo vi e tomé en mis manos, e tuve por huéspedes en mi casa al obispo don Juan de Fonseca e al almirante e al dicho don Diego”.

Casas nº 8 y 10, c/ Andrés Bernáldez (Antigua del Hospital). Foto: Miguel Sánchez Martín, 2014.

2.-La casa de Bernáldez en el siglo XIX.

a) Eduardo Antón Rodríguez, 1864.

En La Guía del Viagero (sic) por el Ferrocarril de Sevilla a Cádiz, editada en 1864, Eduardo Antón Rodríguez da el emplazamiento exacto de la morada del bachiller, “calle del Hospital con el número 10, manzana 32, cuartel A moderno”, comentando que era una lástima la situación de abandono en la que se encontraba donde viviera el insigne cronista de Los Reyes Católicos:

 “En frente de la puerta del S. de la parroquia, á 6 metros de esta, se halla la antigua casa que fué propiedad y morada del cura de los Palacios, Bernardo Hernaldez, célebre y fecundo cronista, amigo íntimo de Cristobal Colón, á quien tuvo hospedado en ella varias veces en su paso desde el convento de la Rábida á Granada, cuando mendigaba los recursos necesarios para llevar á cabo la asombrosa espedición que había de agregar un mundo á los dominios de Castilla. Está situada en la calle del Hospital con el número 10, manzana 32, cuartel A moderno. Dentro de pocos años se buscará en vano la mansión que dio albergue al ilustre genovés: en el año próximo pasado (1863) se ha hundido el tejado de la parte N. de la casa, sin que nadie haya pensado en reponerlo, y desde el centro de la iglesia se ven los tres arcos interiores.  Aunque la ocupa algun vecino, es tal su deterioro, que la parte habitable y habitada amenaza venirse abajo muy pronto. Es sensible que la Diputación provincial de Sevilla, contando como cuenta en su seno muchas personas de reconocida ilustración, no haya procurado conservar este edificio, mucho más cuando podia habilitarse para escuela la parte baja del mismo, toda vez que el local destinado en el día á "...dicho objeto, e, mas bien que otra cosa, una cuadra de malas condiciones.  De este modo se legaba á la posteridad una muestra del respeto que se merecen los grandes hombres, y se llenaba un deber sagrado trasladando la escuela de niños á un punto desahogado y conveniente. Al  visitar nosotros la casa que habitaron Hernaldez y Colon, no pudimos por menos de recordar las siguientes palabras de Jouy: "Los sitios habitados en otro tiempo por los hombres ilustres escitan grandes y generosos recuerdos, y con razon se ha comparado la fama que les sigue, á aquellas preciosas esencias que llenan el espacio y se evaporan difícilmente"”.  

Perfil de Los Palacios. La Guía del Viagero (sic) por el Ferrocarril de Sevilla a Cádiz,
de Eduardo Antón Rodríguez, 1864.


       Eduardo Antón se quejaba de la falta de sensibilidad tanto de las autoridades locales como provinciales (diputación) por la dejadez y falta de cuidado del lugar histórico en el que vivió Andrés Bernáldez.

b) Manuel Pérez y Jiménez, 1870.

Años más tarde, el que fuera párroco de Santa María La Blanca desde 1851 a 1874, don Manuel Pérez y Jiménez, escribe una carta contestando a la petición de información de la sociedad de Bibliógrafos Andaluces en el año 1870, donde comenta la existencia de un trozo de lápida que habría estado situada en la casa de Andrés Bernáldez, y en la que aparecía el nombre de Colón, recordando de esa manera el acontecimiento:
“Desgraciadamente no se conserva ya estas partidas, pero se conserva la tradición en esta villa de haber habitado Bernáldez y parado Colón en una casa contigua a la iglesia, señalada con el número 10 de la calle del Hospital, en la cuál yo he encontrado un trozo de mármol que parece pertenecer a una inscripción conmemorativa del Colón, cuyo nombre casi por completo y la inicial de su apellido se leen en dicho trozo.”


4.-La casa de Bernáldez en el siglo XX.

a) Joaquín Romero Murube, 1954.

No le fue ajena la existencia de la casa del Bernáldez al insigne palaciego Joaquín Romero Murube, haciendo referencia de ella en Pueblo Lejano y comentando, además, la existencia de la anteriormente mencionada lápida o inscripción y los motivos de su desaparición…
 “Se conserva intacta la casa en que vivió Andrés Bernáldez, en la callecita estrecha que forma la iglesia con la parte más antigua del pueblo, casi en la esquina de la calle llamada del Paraíso. ¡Calle del Paraíso!. La casa era pobre y blanquísima de cal. Allí recibió la visita de Cristóbal Colón, cuando el navegante pedía ayuda y consejos para su genial aventura descubridora. Lo recordaba una lapidilla de mármol que lucía sobre el dintel de la puerta. Los frente-populistas la hicieron añicos la tarde del 18 de julio de 1936. No ha vuelto a ser restituida”.

C/ Andrés Bernáldez (Antigua del Hospital) de oeste a este. Foto: Miguel Sánchez Martín, 2017.


b)  Andrés Vázquez, en 1957.

El 11 de septiembre de 1957 en las páginas del diario ABC de Sevilla, José Andrés Vázquez escribía: “Recorremos los sitios que contaron los pasos del preclaro cronista, y aún nos detuvimos ante la casa que fue su posible habitación, sita en la calle del Hospital, número 10, a trasmano de la iglesia advocada a Nuestra Señora de las Nieves…”. 

C/ Andrés Bernáldez (Antigua del Hospital). Foto: Serrano.
Publicada en el diario ABC de Sevilla, 11 septiembre de 1957.


No obstante, la foto que acompaña al texto de Vázquez no se corresponde con la casa de Andrés Bernáldez. La fachada que aparece en la ilustración pertenece a la casa situada en la otra punta de la calle, muy cercana del portón que daba acceso al patio de caballos de la antigua Casa Palacio del Atalayuela y que hace esquina con la calle Alfonso XI.


c) Alfonso Mauriño, en 1986.

El palaciego Alfonso Mauriño publica en febrero de 1986, en la revista editada por la Diputación Provincial de Sevilla, el artículo “El cura de Los Palacios historiador del descubrimiento” en el que dice: “Rodrigo Caro, comprobó que Andrés Bernáldez habitó una casa contigua a la iglesia en el núm. 10 de la calle del Hospital, donde durante muchos años estuvo puesta una lápida de mármol, que decía que allí se hospedó Cristóbal Colón y que fue acompañado del hijo del cacique Caonaboa”.

En el texto redactado por Alfonso Mauriño  se vuelve a hacer referencia a la ubicación exacta de la casa de Andrés Bernáldez, indicando la existencia de una lápida con letras grabadas que hacían referencia a la efemérides de la visita del Almirante y su séquito. No obstante, se aprecia cierta incorrección en el mensaje que transcribía la referida losa, ya que según los escritos de Bernáldez acompañaron a Colón el hermano y sobrino del cacique y no el hijo.

Derribo de la casa nº 8-10 de la c/ Andrés Bernáldez (Antigua del Hospital)
Foto: Javier Parejo, año 1983. Publicada en la Revista Los Cuatro Vientos.


d) V Centenario de Villafranca de la Marisma, en 2002.

En el año 2002, coincidiendo con la celebración del V Centenario de Villafranca de la Marisma, se instaló un azulejo en la fachada lateral del nº 8 de la calle Andrés Bernáldez, coincidente con el nº 10 que aparece en los diferentes documentos. En la referida cerámica aparece grabada la imagen de Andrés Bernáldez y el texto de Joaquín Romero Murube, recordando el lugar emblemático e histórico en el que está colocada:

 “Se conserva intacta la casa en que vivió Andrés Bernáldez, en la callecita estrecha que forma la iglesia con la parte más antigua del pueblo, casi en la esquina de la calle llamada del Paraíso”.

Foto: Miguel Sánchez Martín, 2017.


Patrimonio Cultural de Los Palacios y Villafranca, herencia colectiva, lo que da identidad, origen y continuidad a nuestro pueblo…


Miguel Sánchez Martín, noviembre de 2017






BIBLIOGRAFÍA:

1.- Bernáldez, Andrés. Memorias del Reinado de los Reyes Católicos. Edición y estudio de Manuel Gómez-Moreno y Juan de M. Carriazo. Madrid, 1962.

2.- Eduardo Antón Rodríguez. Guía del Viagero (sic) por el Ferrocarril de Sevilla a Cadiz. Sevilla, 1864.

3.-Antonio Cruzado González. Evolución histórica de Los Palacios y Villafranca, 1994.

4.- Revista Los Cuatro Vientos, nº 20. Los Palacios y Villafranca, 1983

5.- Joaquín Romero Murube. Pueblo Lejano. Ínsula, 1954.

6.- José Andrés Vázquez. Diario ABC de Sevilla, 11 de septiembre de 1957.

7.- Alfonso Mauriño. Revista Diputación de Sevilla, febrero de 1986.

8.-Varios. Retratos del pueblo Volumen II. Los Palacios y Villafranca, 1993.

9.-Fotos de Miguel Sánchez Marín, fachada casa nº 8-10, calle Andrés Bernáldez.  2017

Asociación Cultural SEARUS / SEARS, Roebuck and CO.



LITIGIO INTERNACIONAL

Asociación Cultural SEARUS / SEARS, Roebuck and CO.


ÍNDICE




1.      Introducción.                                                                        Pág. 2

2.      Multinacional Sears, Roebouck and CO. en España.          Pág. 3-4

3.      Searus, revista de la Asociación de Antiguos Alumnos
de Los Palacios.                                                                    Pág. 5
                                                                            
4.      Solicitud de marca y denegación de inscripción.                Pág. 6-7

5.     Recurso de reposición en EE.UU.                                        Pág. 7-8

6.      Aprobación del expediente de marca “SEARUS”.              Pág. 9


7.      Bibliografía.                                                                         Pág. 10



1.-INTRODUCCIÓN.

Celebramos 40 años desde la legalización de la Asociación Cultural Searus, 11 de septiembre de 2017, con la publicación del trabajo de investigación sobre el contencioso que mantuvo la Asociación con la multinacional norteamericana SEARS, Roebuck and CO. Con el presente documento pretendemos homenajear al grupo de atrevidos jóvenes palaciegos, de los años setenta y ochenta del pasado siglo, que fueron pioneros en la cultura de Los Palacios y Villafranca y a los que ningún obstáculo les hizo retroceder.

El Litigio del que tratamos se produjo al inscribir la Asociación en el registro de la Propiedad Industrial la marca “SEARUS” como nombre de su revista, a lo que la multinacional americana interpuso una demanda alegando similitud del nombre con el de la revista “NOTI-SEARS”, que era publicada por los empleados de su filial española. El pleito se celebró en el condado de Cook (EEUU), asistiendo y representando a la Asociación Cultural Searus el Cónsul de España en el estado de Illinois, así como la empresa Rodolfo de la Torre S. L. El pleito finalizaría en noviembre de 1980 con la autorización para publicar a nivel local y el pago de 12.993 pesetas, una fortuna para aquella época, por los trámites del recurso.

Grupo de socios de Searus durante la entrega de premios del IV Certamen de Poseía, celebrado en el desaparecido Cine Aurora, junio de 1981. Foto: Searus.




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"Consolación y el Conde Duque"

CONSOLACIÓN Y EL CONDE DUQUE

JULIO MAYO
El Papa Urbano VIII concedió a su excelencia don Gaspar de Guzmán, señor conde de Olivares, el patronazgo honorífico de la iglesia y convento de «la beata Madre de Consolación de Utrera», en 1624, según reza textualmente en el buleto original que encontramos, hace algunos años, escrito en latín eclesiástico, dentro del Archivo parroquial de Santa María de la Mesa. Este mismo documento, especifica que era patrono también del colegio mayor de Santa María de Jesús de Sevilla, origen de la actual universidad hispalense, cuyo primitivo edificio se derribó para abrir la actual Avenida de la Constitución, a comienzos del siglo XX, junto a la capilla que se mantiene en pie en la misma Puerta de Jerez. La adjudicación del patronazgo queda confirmada así mismo por una carta de pago, datada el mismo año, que hemos localizado en el Archivo histórico provincial, entre las escrituras correspondientes al notario Miguel de Baena. Comparece liquidando cierta cantidad económica al convento de Consolación, don Cristóbal Jiménez Gómez, «contador de la hacienda y Estado de su excelencia el señor Conde de Olivares, en nombre y en voz del dicho señor conde». El desembarco en Consolación se produce en los momentos iniciales de su carrera política, después de que en 1621 hubiese sido coronado Felipe IV como rey de España, y se convirtiese, don Gaspar, en el primer representante real.

Ilustración del siglo XVIII. Foto: ABC

En aquellas primeras décadas del siglo XVII, el fenómeno devocional de Consolación no se circunscribe a un ámbito meramente local. Abarca un amplio término supracomarcal. Esos días vive momentos de esplendor y es ya una de las manifestaciones piadosas más populares del Siglo de Oro sevillano. Las peregrinaciones hacia el santuario utrerano se habían incrementado muy considerablemente. Fue cuando alcanzó el mayor número de hermandades filiales, participantes todas ellas en su multitudinaria romería y procesión de cada 8 de septiembre, algo similar a como se formula hoy la del Rocío. En las explanadas de la ermita, ubicada en un enclave estratégico muy bien comunicado con los puertos gaditanos, se desarrollaba durante todo el año una intensa actividad comercial. Allí se instalaba también la feria, estrechamente relacionada con el comercio de las Indias, y en la que atesoraba un protagonismo primordial el mercadeo de la plata y otros metales preciosos. En primera instancia, fue el pueblo llano el que reconoció esta manifestación mariana que se había gestado en un lugar marginal, a las afueras del núcleo urbano. A partir del famoso milagro de la Lámpara de aceite, obrado en torno a 1558, el prestigio de la imagen saltó a América, y universalizaron su bendito nombre los numerosísimos viajeros y soldados de la Armada que le imploraban buen viaje, al pasar por Utrera camino de Sanlúcar de Barrameda rumbo a América. A la aclamación popular le siguió la proclamación oficial. Gracias a un documento del Archivo Municipal de Utrera, sabemos que, a inicios de la década de 1590, había sido nombrada ya patrona de la localidad. A renglón seguido, también comenzaron a rendirle culto las familias aristocráticas más distinguidas del sur de España y las más destacadas de la propia Utrera.
El erudito utrerano Rodrigo Caro publicó la historia del «Santuario de Nuestra Señora de Consolación», en 1622, cuando desempeñaba un cargo relevante como sacerdote y visitador eclesiástico en el arzobispado hispalense. Desentraña los orígenes, detalla numerosos milagros y narra acontecimientos contemporáneos a él. Pero no menciona el nombramiento de Olivares como insigne protector, por lo que este acontecimiento hubo de producirse después de que don Rodrigo terminase su libro. El célebre arqueólogo e historiador, formaba parte del grupo sevillano que constituía el entorno del conde-duque, y tertuliaban con él en los Reales Alcázares, como recrea el profesor Lleo Cañal en su trabajo sobre el círculo sevillano de Olivares. Caro intentó ingresar en la corte varias veces, aunque nunca pudo conseguirlo. Siendo mayor, pretendió ocupar el cargo de cronista de las Indias, aunque sin éxito, como documenta Guy Lazure en el estudio titulado «Rodrigo Caro y la corte de Felipe IV: itinerario de unas ambiciones frustradas». No tenemos documentado si Rodrigo Caro fue quien atrajo al conde-duque a Consolación, aunque es muy probable que su cercanía hubiese influido en la consumación del acercamiento.

Benefactor ilustre
El conde-duque de Olivares fue, en su tiempo, uno de los poquísimos gobernantes españoles comprometidos verdaderamente con la cultura, cuyas acciones de mecenazgos ha glosado maravillosamente su biógrafo John Elliott. Pero en el caso que nos ocupa, su contribución no se centró exclusivamente en el plano artístico, pese a que su amparo terminase enriqueciendo, indirectamente, ciertas cuestiones patrimoniales de este centro religioso y beneficiando el desarrollo de otras cuestiones socioculturales inherentes a Consolación. Aunque el historiador local del siglo XVIII, Pedro Román Meléndez, llegó a adjudicar la financiación del retablo mayor al patrocinio del conde, los documentos no lo corroboran así. Los artífices Luis de Figueroa y Andrés de Ocampo, se comprometieron en 1612 ante notario, con la comunidad de los frailes Mínimos, a realizar unos trabajos que pagaron los conventuales. Además, cuando don Gaspar fue nombrado patrono en 1624, el retablo principal ya estaba concluido. Rodrigo Caro recoge en su historia del Santuario (1622), que en la capilla mayor se levantaba «un hermoso tabernáculo y retablo que estos días le han hecho». Al cabo del tiempo, aquel retablo que comenzó a entallarse en 1612 terminaría siendo sustituido por el que hoy contemplamos, cuya instalación se inició el año 1713.

Retrato alegórico del Conde-Duque de Olivares, 1626.
Foto: ABC

El mecenazgo dispensado por Olivares, deja entrever algunas claves interesantes, como la protección política e institucional que el nombramiento le proporcionaría al santuario, así como el prestigio mutuo que se brindarían el conde y Consolación, respectivamente. Con el favor suyo, los frailes Mínimos obtuvieron una serie de exenciones fiscales que ayudaron a aumentar el culto de la Señora y extenderlo hacia otras fronteras. Los religiosos consiguieron las autorizaciones administrativas precisas para la elaboración de medallas de la Virgen, labradas en plata de ley, comercializar cintas con la medida de la imagen, así como el permiso eclesiástico oportuno para pedir limosnas en distintos puertos de España y América.
Desde Felipe II, la monarquía hispánica había puesto su mirada en Consolación, al autorizar el desembarco de los frailes Mínimos en 1561. Décadas más tarde, el principal valido del rey termina por incorporar su templo al elenco de santuarios marianos del país vinculados a la corona española, como por ejemplo el extremeño de Guadalupe. En aquellos momentos del barroco en los que el brillo del oro, proveniente del Nuevo Mundo, contrastaba con la gran mendicidad existente en la calle de los grandes pueblos, Consolación sobresalió entre las demás devociones por los innumerables beneficios y remedios que dispensó a los más humildes. ¿Cuánta grandeza y cuánto poder ostentaba la del Barquito en la Mano? La suficiente como para lograr encandilar también al máximo representante de la primera potencia mundial. Se explica así que Olivares eligiese como defensora suya –para que velara por él en todos sus frentes–, a la Madre que mejor encarna el Corazón de Utrera.
JULIO MAYO ES HISTORIADOR





Publicado hoy viernes 8 de septiembre de 2017 en la sección Tribuna de la edición digital del diario ABC de Sevilla y autorizado por Julio Mayo para ser publicado en el blog de la Asociación Cultural Searus.

Las Nieves de Los Palacios y su festividad en el siglo XVI

LAS NIEVES DE LOS PALACIOS Y SU
FESTIVIDAD EN EL SIGLO XVI

HISTORIA
JULIO MAYO

Es posible que la festividad litúrgica de la imagen titular de la parroquia –autorizada a ser construida por la Carta puebla de 1374– comenzara a solemnizarse hacia 1440, una vez puesta bajo la advocación de Santa María de la Blanca, después de que la casa de Arcos hubiese adquirido la propiedad y el señorío de la villa de Los Palacios a los González de Medina, en las primeras décadas del siglo XV. Un documento desconocido hasta ahora acredita que, al menos a partir de 1526, el día de las Nieves se conmemoraba cada 5 de agosto, con una función solemne oficiada en el altar mayor del primitivo templo gótico, de menor tamaño al actual. En un modesto retablo gótico –anterior al que acogió desde el siglo XVII el lienzo de Pablo Legot–, se encontraba una pequeña escultura medieval, tallada de madera, que sería reemplazada por otra imagen en el transcurso del XVIII, sustituida años más tarde también por la actual que realizó el escultor sevillano, Gabriel de Astorga Miranda, en 1864. Esta referencia descubierta, acredita la antigüedad con la que la advocación mariana palaciega era festejada por encima, incluso, de Consolación de Utrera, no venerada con mayor popularidad hasta superadas las primeras décadas del siglo XVI. Entonces, la villa de Los Palacios era un lugar de paso muy transitado, que había recibido las visitas ilustres de los mismísimos Reyes Católicos y hasta el propio Cristóbal Colón, en 1490 y 1496 respectivamente. Estaba situada en el mapa del mundo como una entidad política mucho más veterana, por ejemplo, que los virreinatos españoles o las jóvenes repúblicas americanas (Estados Unidos, Perú o Méjico).     
 
Ntra. Sñra. de las Nieves. Foto: ABC de Sevilla.

El manuscrito refiere con literalidad que la parroquia «le ha de decir una Fiesta de Nuestra Señora de Las Nieves en cada un año, con su aniversario, por quien dejó este dicho tributo». La imposición consta asentada con el número 11 de las encargadas por los feligreses, según los libros de fábrica más antiguos del Archivo parroquial. El ordenamiento se otorgó ante el escribano público de Los Palacios, Juan Jiménez, el 26 de octubre de aquel 1526, concretándose que todos los gastos ocasionados por la organización de la fiesta religiosa (derechos parroquiales por asistencia del clero, cera, exorno floral y órgano) serían sufragados con el dinero obtenido del alquiler de una casa que había sido del barbero, Juan Sánchez, ubicada en la entonces denominada calle del Rey, hoy rotulada como Nuestra Señora de la Aurora. Aquella vivienda poseía un amplio corral, con postigo a la calle Nueva. Este tributo se renovó en 1560 a favor de Pedro Sánchez, responsable de abonárselo al erario parroquial por disfrutar de la casa. Curiosamente, estos dos inmuebles se hallaban incardinados en la jurisdicción territorial de la Los Palacios, no en el de Villafranca de la Marisma.

Toda esta información resulta de gran interés, pues sobre el culto reglado de patronas y titulares parroquiales no es habitual poder disponer de este tipo de registros fehacientes, con fechas tan remotas. Una de las fuentes documentales menos exploradas por los investigadores, son las dotaciones de tributos, memorias de misas, capellanías y patronatos dejados por feligreses benefactores. Con la renta del alquiler de bienes urbanos, y rústicos, se financiaron las celebraciones de muchas fiestas religiosas, procesiones y aniversarios de imágenes devocionales, ayudando con ello a mantener el culto de numerosas advocaciones, aumentarlo y mejorar sustanciosamente el boato celebrativo de sus correspondientes rituales.

Bastante significativo debía ser la piedad fervorosa que los palaciegos le profesaban a Santa María de la Blanca en aquellos años, invocada como especial protectora del vecindario. Lo pone de manifiesto el número de dotaciones distintas dedicadas a festejar su día litúrgico, con independencia de la celebración institucional, presumiblemente patrocinada por el Ayuntamiento (si fuese su patrona) o el propio templo parroquial. En 1596, se otorgó otra obligación más. La de doña María Gómez de Escobar, esposa de Ruy Gómez de Figueroa, sobre una casa con tahona, también de la calle Real de Los Palacios, actual de la Aurora, con cuyas rentas poder pagar las misas cantadas de la fiesta principal y sus vísperas. Por otros documentos, sabemos que las intenciones piadosas mantuvieron cierta continuidad. En el siglo XVII, se fundaron otras más en torno a la festividad de las Nieves y días sucesivos, en los que se celebraba una Octava que terminaba el 15 de agosto, fecha en la que se situó la procesión de la patrona en el XIX.

Hoefnagel dibujó los perfiles del primitivo templo parroquial, cerca del desaparecido castillo y algunas de las casas que componían aquel pueblo situado a los pies del itinerario indiano, trazado desde Sevilla hacia los puertos gaditanos, en el esplendor económico de la Carrera de Indias. Años más tarde apareció el grabado en el «Civitatis Orbis Terrarum» (1565), junto a otras villas y lugares del antiguo reino de Sevilla, como Las Alcantarillas, Las Cabezas y Lebrija, aunque con la ausencia de Utrera, ruta que acogerá un mayor trasiego superadas ya las primeras décadas de 1500.

La importancia que el ayuntamiento de Sevilla le confería a la estratégica localización de Los Palacios, por donde circundaron expediciones como la de Pedrarias para embarcar en los puertos gaditanos rumbo hacia América, queda refrendada con la iniciativa poblacional que promovió en 1501. El cabildo hispalense fundó el núcleo de Villafranca de la Marisma, pegado a Los Palacios, incentivando a un buen número de colonos para que viniesen a poblarla y poder frenar la expansión de los Ponce de León (señores de Arcos). Vino a establecerse una importante población de judíos conversos, según la narración de don Andrés Bernáldez, el cura de Los Palacios, quien recoge en sus «Crónicas de los Reyes Católicos» que llegó a bautizar más de cien. A partir de entonces, Santa María la Blanca se convirtió en la iglesia parroquial de las dos entidades poblacionales, separadas hasta que se fusionaron en 1836.

Cuando Lutero celebra su primer oficio eucarístico reformado en el año 1526, los feligreses de ambos pueblos continuaron rindiéndole culto popular a la Virgen María, en días como el de hoy. Todo el legado patrimonial que representa para nuestra historia Santa María de las Nieves, en su conjunto, es una muestra de la riquísima herencia religiosa y cultural recibida del pasado. Ahora, ha cristalizado en una auténtica seña de identidad. Este tipo de expresiones son fundamentales en el entendimiento de los diversos valores aportados por cada uno de los municipios sevillanos, en beneficio de que la capital llegase a consolidarse como una modélica urbe metropolitana. En la festividad de las Nieves, somos más conscientes de la importancia que, para la obra universal de Sevilla en el mundo, acabaron por tener pueblos como Los Palacios y Villafranca.

JULIO MAYO ES HISTORIADOR




Publicado el sábado 5 de agoto de 2017, festividad de Ntra. Sra. de las Nieves, en ABC de Sevilla y autorizado por Julio Mayo Troncoso para ser publicado en el blog de la Asociación Cultural Searus.

Santa Ana, también madre de los gitanos de Triana

Santa Ana, también madre de los gitanos de Triana

Los gitanos de Triana acabaron integrando a Santa Ana en su propio devocionario

JULIO MAYO
«Y lo que más admira es que habiendo en este barrio gran número de gitanos, especie de gente que se nota de poco aplicada a lo espiritual, se observó también que muchos confesaron generalmente y se distinguieron en las penitencias, e hicieron restituciones». Esto resalta la crónica manuscrita, consultada en la Biblioteca Nacional de España, de la misión dirigida en Triana por el célebre predicador jesuita Pedro de Calatayud en la primavera de 1757. El barrio contaba entonces con una importante población gitana que se hallaba integrada, ya plenamente, en su vida social, pero lo que le llamó poderosamente la atención al predicador fue el gran número de miembros de la raza calé que participaron en los ejercicios espirituales. 

Composición de Santa Ana, la Virgen y la crónica de la misión de 1757.
Foto: diario ABC


Curiosamente, la imagen de Santa Ana conservaba todavía su tez «renegría», en la segunda mitad del siglo XVIII. Una invocación de los «Ejercicios devotos», mandados a imprimir en 1763 por el superintendente, José Martínez Elizalde, repara que sobre su rostro: «... se derrama, entre el aire de la majestad, un color moreno y hermoso». Inevitablemente, los gitanos de Triana acabaron integrando a Santa Ana en su propio devocionario, entre otras razones también, por la similitud con su semblante. Y lo que sorprende es que la cara de la santa no se hubiese adaptado pronto a las exigencias estéticas del barroco, como sucedió en el caso de Consolación de Utrera -venerada también por gitanos-, sobre la que Rodrigo Caro cuenta que cambió su tez a inicios del siglo XVII.

“Orígenes de la actual fiesta
La velada comenzó muchos siglos atrás como una antigua romería a la que concurrían peregrinos, según refiere Justino Matute en su «Aparato».
La trianera imagen de Santa Ana adquirió fama de milagrosa, desde que ayudara a Fernando III a consumar la reconquista y librase al rey Alfonso X el Sabio de una ceguera, cuentan las leyendas. Con el paso de los siglos, el patronazgo de la imagen evolucionó. De protectora bélica en sus orígenes medievales, pasó a distinguirse como preservadora de naves y embarcaciones, adquiriendo así un manifiesto carácter americanista. 
Justino Matute refiere en su «Aparato para escribir la historia de Triana (1818)» que la velada comenzó muchos siglos atrás como una antigua romería a la que concurrían peregrinos. En la víspera de la festividad litúrgica de Santa Ana, que es la de Santiago Apóstol (también protector de los reconquistadores cristianos), se iluminaban la torre y azoteas de la parroquia trianera, desde donde se lanzaban fuegos artificiales. En los siglos XVI y XVII, salía una procesión desde el hospital hasta la parroquial de Santa Ana, organizada por la cofradía de la santa (estaciones a Santa Ana recordadas por el Abad Gordillo), cuya corporación terminó languideciendo con el paso del tiempo. Eran días de mucho bullicio. No cabe duda de que esta idiosincrasia festiva que históricamente ha caracterizado tanto a Triana, debe mucho más a los gitanos establecidos en ella desde la irrupción de la Carrera de Indias en el siglo XVI, que a los castellanos que vinieron a poblarla en el XIII. 
La autoridad eclesiástica trató siempre de supervisar el jolgorio dentro de la collación. Atendamos a una disposición de control, aunque corresponda a una modalidad de velada distinta. En 1715, el vicario general del arzobispado, don Pedro Román Meléndez, tenía noticias del abuso «… de las que llaman Beladas o Belatorio (sic), concurriendo en la casa de los difuntos muchas mujeres y hombres de todos estados a bailes y fiestas de que se siguen muchas ofensas a Dios Nuestro Señor». Para corregirlo, ordenó a los curas del barrio se asegurasen, con ayuda de la justicia, de que «las personas que se queden a velar los difuntos (sic) sean tales que quien se pueda presumir le encomendarán a Dios y consolarán las personas de la tal casa, y contraviniéndose a esto darán cuenta a vuestra Ilustrísima para aplicar más eficaz remedio».

“Quejas y abuso de la fiesta
El gobierno ilustrado de Carlos III aprobó una real orden que prohibía las veladas en las iglesias durante las vísperas de las fiestas como la de Santa Ana. 
Algunas restricciones promovidas por la Iglesia contra los excesos nocturnos de las veladas, como la dictada en 1742, no alcanzaron demasiado éxito porque continuaron festejándose. Durante el último tercio de aquel siglo, volvió a estrecharse la legislación. En el Archivo Histórico Nacional se conserva la queja elevada a Madrid por el provisor del arzobispado hispalense sobre este tipo de reuniones. En el año 1778, el gobierno ilustrado de Carlos III aprobó una real orden que prohibía que «en las noches vísperas de los santos, que en las iglesias se celebraban como titulares, hubiese veladas inmediatas a dichas iglesias y que estas estuviesen cerradas a la oración, sin permitir se hiciesen a ellas paseos, ni otros estímulos de prevaricación y escándalo». 
Esta medida represora fracasó con el tiempo, pues a la vuelta de unos años se reanudó. Es llamativo que en Sevilla no haya sobrevivido a los tiempos ninguna otra velada, más que esta de Triana, por lo que adquiere mucho peso la contribución del pueblo gitano, al convertirse en un evento festivo que ha servido como herramienta de cohesión social dentro del barrio.
En padrones y partidas de nacimiento, matrimonio y defunción del archivo parroquial de Santa Ana, hemos verificado el lógico predominio de las Anas entre las trianeras, abundando también como acreedoras del nombre muchas niñas nacidas en el seno de familias gitanas.
No fue muy frecuente que la imagen titular de un templo parroquial constituyese un reclamo atractivo de veneración popular entre los fieles de una feligresía. Sin embargo, ocurrió en Triana con Santa Ana, cuyo poderoso atributo milagroso atrajo también la devoción de las familias gitanas, asentadas en las calles más céntricas del barrio, en ese esfuerzo de sociabilización que realizaron.
Una prueba evidente de la participación activa del colectivo étnico en las prácticas de piedad cristiana, con el consentimiento expreso de la autoridad eclesiástica, fue la organización de la hermandad penitencial de los Gitanos, fundada en el hospital del Sancti Spiritus de esta collación que estudiamos, en 1758. Y porque los gitanos están en la síntesis cultural de Triana, la convivencia de estos con el resto de los vecinos y la peculiar forma de concebir la gitanería, e interpretar, la piedad popular, así como el modo de vivir y sentir la fiesta -a través también del fervor a Santa Ana-, ha resultado trascendental en la construcción de la personalidad de Triana.

JULIO MAYO es historiador



Publicado el jueves 27 de julio de 2017 en ABC de Sevilla y autorizado por Julio Mayo Troncoso para ser publicado en el blog de la Asociación Cultural Searus.