Filetes de pollo empanados, en Los Palacios y Villafranca.

Los filetes de pollo empanados, en pepitos, no pueden faltar en el camino de La Corchuela el día de la “Jira” de Los Palacios y Villafranca. Se trata de una receta sencilla, aunque hay que seguir unos pasos precisos para que nos salgan crujientes por fuera y jugosos por dentro.


 INGREDIENTES:
1 Kg. de filetes de pechuga de pollo; 4 o 5 huevos; pan rallado; aceite de oliva virgen extra, perejil, ajo picado, vino blanco y sal.

PROCEDIMIENTO.
Intentaremos que los filetes de pollo elegidos no sean muy grandes ni muy finos porque se resecarían mucho, ni demasiado gruesos ya que la fritura en alta temperatura que requiere el filete empanado no cocinaría el interior sin quemar la parte externa, que se pasa por el pan rallado. Además, el orden en el que realicemos el proceso de empanado también es importante.

SAZONAMOS.
Sazonamos la carne con sal, vino, perejil y ajo picado, dejándolos en el aliño unas horas. Los escurrimos y depositamos en una fuente, dejándolos preparados para la siguiente fase.

EMPANAMOS.
Los pasamos por huevo batido y luego por pan rallado, por los dos lados. Con éste procedimiento hacemos que el filete adquiera una capa de pan, para posteriormente freírla a una temperatura ideal y así el interior quedará jugoso y el exterior crujiente. Cuando todos estén pasados por el huevo y pan rallado, los dejamos listos en una fuente para freírlos.

Huevo batido. 
Pan rallado.
FREÍMOS.
Tendremos en cuenta que el aceite que usemos esté limpio, por lo que no usaremos aceite con el que se haya freído pescado, calamares, patatas fritas, etc.

Para freír nos interesa que el aceite tenga un alto punto de humeo, por lo que usaremos el aceite de oliva virgen, que nos permita una fritura a alta temperatura y proporcionará un empanado crujiente, tras un corto tiempo de fritura. Calentamos el aceite de oliva virgen y echamos una miga de pan ver cuando está en su punto, momento en el que freímos los filetes. Conseguiremos que el interior quede muy jugoso y que no entre aceite dentro del empanado si damos la vuelta a los filetes sin pincharlos. Cuando estén dorados por ambos lados los sacamos y pasamos a una fuente, donde habremos colocado papel de cocina para que se vaya absorbiendo el aceite que sobra.

Freímos.
PARA TERMINAR.
Los filetes empanados están buenos fríos y calientes, en plato o en bocadillo. En “pepitos” es un alimento indispensable que acompaña a todas las familias palaciegas en el día de la “jira”. Asociación Cultural Searus y Margarita Kronos. Cocina tradicional de Los Palacios y Villafranca.

Listos para degustar.

Asociación Cultual Searus y Margarita Kronos.

Caracoles en Los Palacios y Villafranca

Los caracoles comienzan a consumirse desde mediados de abril, ya que antes pueden llegar a amargar. En la actualidad, por estas fechas, no falta la oferta de caracoles en la mayoría de bares del pueblo, siendo una tapa muy apreciada y solicitada.
Atrás quedaron los años 70 y el estigma que supuso para Los Palacios y Villafranca la palabra caracoles. A mediados de dicha década el pueblo estuvo en boca de todo el país debido a las informaciones que se difundieron en un programa de Televisión Española. En el reportaje de la cadena de televisión se hacía referencia al hambre y pobreza que sufría la población palaciega, poniendo como ejemplo la alimentación diaria de sus vecinos a base de caracoles y sopones con su caldo.

Caracoles al sol. Foto: José Fernández Bejarano

A continuación presentamos la receta tradicional de “los caracoles” en Los Palacios y Villafranca; sencilla, aunque precisa dedicación y tiempo para su elaboración.

INGREDIENTES:
1 Kilos de caracoles.
Cebolla, cabeza de ajos, guindilla picante, especias para caracoles, sal, hierbabuena, chorreón de aceite de oliva.

Bolsas de caracoles.
Puesto de caracoles en la plaza de abastos

Especias para caracoles, sin triturar. Foto: Manufacturas Salomón

BUEN LAVADO:
Lavamos bien los caracoles con abundante agua y hay quien también usa un poco de sal gruesa. Los frotamos concienzudamente para que queden bien limpios. Los aclaramos y repetimos la acción hasta que veamos que casi no sueltan babas. La acción de limpiarlos y frotarlos habrá provocado que se introduzcan en la concha, por lo que los depositamos en una cacerola con un poco de hierbabuena y los dejamos un tiempo al sol para que salgan de sus conchas. Tapamos la cacerola aunque dejando un hueco, con la intención que no se escapen y que no se ahoguen.

Un buen lavado. Foto: José Fernández Bejarano
Dejamos al sol. Foto: José Fernández Bejarano


COCEMOS:
Cuando todos tengan la cabeza asomada los ponemos a fuego lento para que sigan fuera de la concha; cuando observamos que están todos fuera, en agua tibia, subimos el fuego al máximo y esperamos que comience el hervor, de esa forma conseguiremos que todos dos caracoles hayan quedado fuera y cocidos. Con un colador grande vamos quitando las babas (espumando). Una vez que empieza a hervir y está el caldo limpio de espuma apagamos el fuego y añadimos las especias directamente o las introducimos en una “muñequilla” (en una gasa ponemos las especias y atamos con una cuerdecilla), guindillas picante (a gusto), sal, hierbabuena y cebolla.
Foto: Mari Nieves López Falcón

Espumamos. Foto: Ana Isabel (Tasca el Albur)

Una vez que todos los ingredientes se han suministrado, cubrimos con agua y a fuego medio dejamos que hierva durante unos veinte minutos. Apartamos y listo para degustar.

Caracoles listos. Foto: Ana Isabel (Tasca el Albur)
Caracoles listos. Foto: Juan Jesús Jiménez


PRESENTACIÓN:

Los caracoles se pueden tomar solos, aunque su caldo está exquisito tanto bebido como mezclado con sopones de pan. En los bares se suelen presentar en el interior de un vaso de cristal, también se envasan en recipientes de plástico para llevar a casa. Nuestro amigo José Fernández Bejarano los prepara para congelarlos y así disponer de ellos en cualquier momento.

Foto: Ana Isabel (Tasca el Albur)
Caracoles y caldo. Foto: Ana Isabel (Tasca el Albur)

Para llevar. Foto: Ana Isabel (Tasca el Albur)
Preparados para congelar. Foto: José Fenández Bejarano
Sopones con caldo de caracoles. Foto: Juan Jesús Jiménez

Asociación Cultural Searus, con la colaboración de Margarita Kronos, Juan Jesús Jiménez, Ana Isabel (Tasca el Albur) y José Fernández Bejarano.

Capilla del Arcángel San Miguel, en la calle Real de Villafranca.

La casa situada en el nº 68 de la calle Real de Villafranca, de la familia Valera desde hace más de siglo y medio, emplazada en un lugar céntrico y neurálgico de la villa de Villafranca de la Marisma, como lo atestiguan construcciones presentes en ella a lo lardo de los siglos XVI al XIX (la Casa del Cabildo, la cárcel, un cuartel, un molino de aceite, etc.), fue escenario de lo que puedo haber sido la Capilla del Arcángel San Miguel, observándose aún, 200 años después, algunos rastros de la construcción religiosa. Posiblemente ahora desaparezcan (enero de 2017) para siempre...
Fachada Principal. Foto: Francisco Amador Moguer.
 Mayo de 2015

Hasta finales del siglo XVIII fue el emplazamiento que los vecinos denominaban la “casa del truco”, “del trueque” o de los tratos. Lugar donde los habitantes de Villafranca de la Marisma exponían, vendían e intercambiaban todo tipo de productos y frutos de la tierra. Aquel “mercado” llegó a ocupar un amplio solar cuya fachada daba a las actuales calles Real de Villafranca y Jesús del Gran Poder. El mercado cayó en desuso y fue abandonado a finales del siglo XVIII.


Años 60. Calle Real y al fondo a la derecha la Casa. Foto: Lemos


El amplio solar fue adquirido a la Hacienda Real por el acaudalado matrimonio formado por Miguel Muñiz de Guevara y Francisca Muñiz de Orellana, sin descendencia, vecinos de Villafranca de la Marisma, con la intención de cederlo mediante testamento, en 1797, a la Congregación de San Ambrosio de Morón de la Frontera para la creación de una Fundación que edificase, construyese y dirigiese los destinos de un hospital de beneficencia y una Cátedra de Gramática (centro de enseñanza de nivel superior) destinados a los vecinos de la localidad.


Anos 90. Foto: Antonio Cruzado González

Una de las cláusulas del testamento estipulaba que las obras debían estar finalizadas seis años después del fallecimiento de los esposos, quedando sin efecto la donación si no se cumplía; de igual manera se estipulaba que debía levantarse una Capilla dedicada al Arcángel San Miguel y que una vez finalizada sería lugar de culto a Nuestra Señora de los Remedios, para lo cual se trasladaría la Patrona de Villafranca desde la Capilla de San Sebastián. Las obras, dada la premura de tiempo, se comenzaron de forma inmediata.


Año 2014. Foto: A. C. Searus.

No obstante, las obras no llegaron a buen puerto al surgir un contratiempo inesperado. La única sobrina y ahijada del matrimonio, Micaela Muñiz, contrajo matrimonio ya entrada en años. La boda hizo variar y modificar el testamento a sus tíos en diciembre de 1803. Todo lo que se había firmado quedó automáticamente anulado, pasando los bienes, posesiones y lo relativo a la Fundación de la familia Muñiz a su sobrina y al marido de ésta.

La imprevista boda dio al traste con la Fundación Muñiz, hurtando al municipio de una infraestructura hospitalaria y otra educativa de nivel superior, impensables en aquella época para la población tanto de Villafranca de la Marisma como de la vecina Los Palacios, complementaria la segunda de ellas a la escuela de primeras letras creada por la Fundación Baquero en 1789 en el límite de las dos villa.

200 años desde la fallida Fundación y aún se conservan huellas de lo que pudo ser la capilla del Arcángel San Miguel, situada en el solar de “la casa del truco”. Así, en los patios de la casa de la familia Valera podemos observar los arcos de las hornacinas y altares y aunque no se conservan los dos últimos cuerpos de la construcción principal, si se aprecia el muro de carga del altar mayor de lo que pudo haber sido el lugar donde se ubicara la imagen de Nuestra Señora de Los Remedios.


Hornacina en el patio. Foto: Francisco Amador Moguer
Mayo de 2015

Muros de carga del altar principal, en el patio.
Foto: Francisco Amador Moguer. Mayo de 2015

 En el interior, en la primera planta de la vivienda se aprecian los huecos de algunas ventanas, manteniéndose algunas de ellas abiertas al exterior. Se observan en buen estado las vigas de carga originales, así como el recubrimiento de madera de los techos.


Ventana al exterior en la primera planta.
Foto: Francisco Amador Moguer. Mayo de 2015

Ventanita superior, al exterior,  primera planta.
Foto: Francisco Amador Moguer. Mayo de 2015
Vigas de madera originales. Mayo de 2015
Foto: Francisco Amador Moguer
Interior de la vivienda y parte de vigas.
Foto: Francisco Amador Moguer. Mayo de 2015


La fachada, alta, con techos a dos aguas y de tejas, se ha mantenido invariable a los largo de los últimos años como se puede apreciar en las fotos adjuntadas, realizadas desde los años 60. El portalón que da acceso a la casa está rematado con un arco de rejas del siglo XIX, apreciándose el año en el que fue forjado, 1880. 

Las obras que se han comenzado a realizar en el inmueble, enero de 2017, acabarán con las pocas huellas que rememoraban lo que el edificio fue y que aún permanecían presentes...

Foto realizada el 24 de enero de 2017. Searus
Foto realizada el 25 de enero de 2017. Searus
Foto realizada el 25 de enero de 2017. Searus
Foto realizada el 25 de enero de 2017. Searus







M. Sánchez Martín. Asociación Cultural Searus, abril de 2015.
Actualizado, enero de 2017





BIBLIOGRAGÍA.
1.-Anotaciones y fotos de Francisco Amador Moguer.

2.-Evolución Histórica de Los Palacios y Villafranca. Tomo II. Antonio Cruzado González. 2007.

3.-Callejero histórico de Los Palacios y Villafranca. Antonio Cruzado González. 1996