Manuel Terrín Benavides, 2º Premio Searus-1986


MANUEL TERRÍN BENAVIDES

Nota Biográfica


          Manuel Terrín Benavides nace en Montoro (Córdoba), de familia campesina asalariada, ejerce de niño labores de campo, con un paréntesis de escolaridad, se emplea de barquero cuando mozo y estudia luego electrónica aeronáutica, subespecializándose en Equipos de Radar y Microondas, con cursos en Estados Unidos, profesión que ejerce en la actualidad.
          Con 1.139 premios literarios, ha sido catalogado por los medios de comunicación del país como el poeta y escritor más galardonado en lengua española, lo que le ha traído muchos sinsabores.
          Es académico de la Real Vélez de Guevara de Écija y de la Real y Pontificia de Lérida.
          Lleva publicados quince títulos –doce de poesía, tres de narrativa, todos ellos galardonados nacionalmente: Premios Ciudad de Cuenca, Dama de Elche, Ciudad de Guadalajara, Ciudad de Toledo, Ciudad de Algeciras…
          Casado, con dos hijos, vive en Albacete.
          Montoro ha rotulado una calle con su nombre –RONDA DEL POETA MANUEL TERRÍN BENAVIDES–  y también lo lleva una activa entidad cultural del Municipio: Agrupación Literaria Manuel Terrín.

         
Reseña biográfica tomada de la Antología 25 años de Poesía Searus, 2002



Obra: “HOY QUE LLORAN LAS NUBES
POR UNA MUÑECA ROTA”
2º Premio, IX Certamen de Poesía Searus, 1986



HOY SERÍA una fecha propicia
para la ceremonia, hoy podrías
descoyuntar la lluvia con un golpe
de luto colectivo, ajustar el diluvio a la geometría
de la madera fúnebre
o deshacerte en la baba ácida que te rebasa.
Pero quieres vivir, la quieres.
Has acariciado el paréntesis de sus caderas,
la lava de los cabellos sueltos
sobre las espaldas, los hombros invulnerables,
dos senos voluptuosos
bailando sobre tu corazón
y te agarras al amor como un enjambre,
quieres vivir, ser tumulto de entrega,
un hongo en la corteza de su tronco yacente.



TODAVÍA VAS arrastrando por los caminos
el golpe de su nuca contra la madera,
los cipreses que son como las barbas
de Dios. Tus ojos tristes acarician
pómulos que rompían cada tarde
el equilibrio de las alamedas, dos manos
que ayer aletearon el alba de los cisnes.
Ella gobierna el potro de las nubes
en la coz del relámpago, la alcachofa tostada
de las cúpulas
y apartas con las manos lo turbio y en tu mente
ya no hay días ni noches, sólo vagos crepúsculos
como quien quiere salir del orden de las cosas.



HOY DEBIERAS guardar en el macuto
aquella larga lluvia confidente, los caminos
de fulgor irradiado, su abundante existencia,
el baile dominguero
donde las muchachas agitaban sus muslos
como ángeles rebeldes. Hoy podrías
dibujar el rectángulo de un beso
retenido en sus órbitas, otro golpe de niebla
resbalando hacia dentro, la luz atesorada
más allá de los latidos que el tiempo degenera.



MAS HE aquí que miras las calles
de la ciudad, prados cubiertos
de corazones, una suma larga
de tacto equivalente, el fulgor de otros cuerpos
profundizando imágenes creadoras,
la rebelión de los sujetadores,
piernas enmalladas bajo luces opalescentes,
pasiones como incendio que cunde, que no puede
controlarse a sí mismo
y se te cuelga en los ojos esa sombra que nadie
ha pedido enterrar, la sonrisa que prolonga sus dientes
más allá del esmalte.



AYER ERA el vuelo imposible
de las viñas mojadas,
epílogo de bosques donde cruje el silencio,
cremallera de riscos insumisos, escollos, aquel beso
transportando tu amor desde la orilla
hasta el centro del mundo. Juntos visteis
el estupor de un río en la llanura seca,
horizonte de sueños, cigüeñas que aumentaban
la altura de las torres.
          Pero los años fueron pasando
como un galope de caballos que se amontonan
y aullaron a su espalda los lobos de la noche.



HOY PODRÍAS, pasiva sucesión de imposiciones,
cubrirte con el beso desnudo que genera el alba
como si todo lo bello se hubiese ya agotado.
Hoy sería una fecha acomodada
para andar por ahí soportando los días
mientras ruedan al fondo las arrugas fatales,
los errores del tiempo.
          Hoy debieras colgar el corazón
en la persiana del racionalismo, mezcladas con los rostros
masticando vigilias.
Pero aún distingues entre las sombras ásperas,
miras un mundo nuevo, desnudo, arrodillado en tu presencia
y son las golondrinas burbujas que se escapan
de su cabello oscuro.

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