Daniel Pineda Novo, 1º Premio Searus-1980


DANIEL PINEDA NOVO
Daniel Pineda Novo. Foto: M. López Márquez

Nota Biográfica

          PINEDA NOVO, Daniel. Escritor y poeta, nace en Coria del Río (Sevilla) en 1942. Cursó Filosofía y Letras en la Universidad hispalense. En estos años conoce al ilustre escritor Santiago Montoto, que sería su orientador y maestro. A su tertulia de “La punta del Diamante” asistió Pineda Novo durante diez años relacionándose con los poetas Jorge Guillén y Romero Murube y otras personalidades de las letras andaluzas. En 1970 es nombrado “Cronista oficial” de Coria del Río, y poco después “Honorífico” de Pilas, por sus estudios sobre el Aljarafe sevillano. Perteneciente a la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, es además Académico correspondiente de las Reales de Córdoba y Málaga y de la de “Vélez de Guevara” de Écija, así como de las Académicas de Ciencias Humanísticas de México y de la República Dominicana y de la “Associaziones internazionale Insignite Ordial Cavalleschi” de Palermo. Ha sido galardonado en diversos certámenes poéticos y literarios de Madrid, Barcelona, Sevilla, Córdoba y Málaga y es Premio “Sánchez Bedoya” de poesía de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras.
          Poeta de vocación y sentimiento, presenta una poesía íntima, vital y amorosa, impregnada de profundas ansias espirituales y humanas, identificándose con el hombre de su siglo. Al par que difunde también en sus ensayos y conferencias por casi toda la geografía española, la más pura poesía del pueblo andaluz, juntamente con su historia y su cultura.
         
          Obra poética. Amaneceres, Poemas y Cantares (1969); Al vuelo de las horas (Sonetos) (1971); Del deseo a la nada (Poemas libres) (1972); Enigmas grave (1973); Bajo la piel del amor (1979) y Tierra y aire del sur (1981).

          Ensayos e historia. La poesía popular andaluza en el s. XX (1969): Historia de la villa de Coria del Río (1968); Juan de Mal-Lara, poeta, historiador y humanista sevillano del s. XVI (1968); La primavera en Sevilla se llama feria de abril (1969); historia del condado de Cantillana (1970); El catedrático y poeta don José Giles y Rubio (1973); Notas de la cofradía de Nuestra Señora de la Soledad (1972); Antonio Machado y el Guadalquivir (1974); Las sevillanas de la Puebla (1974); La poesía andaluza de Salvador Fernández Álvarez (1975); Tres cartas inéditas de Juan Ramón Jiménez (1975); Los Machado y la Semana Santa de Sevilla (1976); San Juan de Aznalfarache en la literatura (1977); Dos Hermanas en la obra de Fernán Caballero (1977); Gelves entre la historia y la poesía (1978); Historia de la villa de Bormujos (1978); Coria y el Rocío (1979); Historia de San Juan de Aznalfarache (1980); Escultura e imaginería sevillanas (1981) y la Villa de Palomares entre el Aljarafe y la ribera (1982). Ha prologado también la obra de su maestro Santiago Montoto; Parroquias de Sevilla (1981) (Datos de “Gran Enciclopedia de Andalucía”, Tomo VI, pág. 2727).

Rocío: Amor de Andalucía (1982)




Obra: “Tierra y aire del sur”
1º Premio, III Certamen de Poesía Searus, año 1980.




“MEMORIA DE UN PUEBLO”

          El pueblo sigue en su loma
cordoneado de olivos,
sólo destaca en el cielo
la ermita de su castillo…

          El pueblo está mudo y quieto
con el peso de los siglos:
Tierra absorta para el hombre,
tierra de hambre y olvido,
tierra calma y de olivares
y de barro en sus caminos…

          El pueblo sigue en su loma:
No lleva vida ni el río…



“POR EL RÍO DEL SUR”

          Por el río de Sevilla
yo subo al amanecer…

          Pescadores andaluces
–de bronce antiguo la piel–
Empujan mis ilusiones
a las playas del ayer…

          Por este río del Sur
navego… ¡No sé por qué…!

          Mi barca –cortando el agua–
la espuma le roba al pez…
Y yo siento una tristeza
que no llego a comprender…

          Por el río de Sevilla
navego al atardecer
hacia una playa lejana
… ¡a la que no llegaré…!



“AIRES DEL SUR”

a Jacques Issorel, embajador
de Andalucía en Francia.


          Hazme perfume y llama:
Enciéndeme en tu aire…
Del aire de tus campos,
del aire de tus calles…

          Porque el aire del Sur
es malva cual la tarde,
verde como la yedra,
azul como los mares
y blanco de pureza
como alas de ángeles…

          Porque el aire del sur
                    –silencioso y distante–
penetra en los sentidos
como el beso en la carne…

          Desde el alba primera
al filo de la tarde,
al aire es luz y es vida:
Gozo, brisa y celaje…

          Porque el aire del Sur
lo envuelve lo inefable…



“PAISAJE DEL SUR”

Al novelista Manolo Barrios,
con el corazón de nuestro Sur.


          Sólo de tu belleza aún perdura
el llanto de una copla que desgarra;
la cal que te enjalbega y hoy enjarra
tus muros de lumínica blancura…
          La fértil dimensión de tu llanura
reseca por un sol que la achicharra…
          El canto adulador de la cigarra
y el oasis de paz de tu dulzura…

          Y tus pueblos que enseñan sus despojos
desde el monte hasta el mar… sin una queja
que al filo se traduzca de sus ojos:

          Hoy te gritan con sana rebeldía
                    –con el alma en el hierro de la reja–:
¡Despierta de una vez… ANDALUCÍA…!



“GANARÁS EL PAN”
                    I

A la memoria de mi abuelo
Manuel…, obrero andaluz.

          En mi sangre te llevo impresa, escrita,
tierra de mis mayores… he palpado
que el sudor que tu seno ha fecundado
fue bautizado de sangre… Aún gravita.

          La sombra del abuelo que nos grita:
“Luchad, con el tesón que yo he luchado;
el tractor emplead… ¡Fuera el arado…!
¡El campo del progreso necesita…!.

          “Yo desperté  a la luz –infancia pura–
Aquí, donde los hombres ven la muerte…
Desde entonces mordí la tierra dura”.

          Mas su sangre de obrero, viva, humana,
helada se quedó… y el cuerpo inerte
cuando el sol anunciaba la mañana…



                    II

Hijo del movimiento, primo del
Sol, hermano de la lágrima…”
                    Miguel Hernández.


          Como el tronco de un árbol derrotado
por el hacha del sol y la pobreza;
como un cielo preñado de tristeza
te miro, labrador, junto al sembrado.

          Como un río enfermizo y enfangado
que muere en soledades de impureza,
como un lobo pierde su fiereza,
te veo, campesino, acongojado…

          ¿Por qué no brillará sobre tu frente
–obrero de mi tierra–, el claro día
de un nuevo amanecer en lontananza…?

          ¿Por qué no han de aliviar tu anhelo ardiente,
Tu mísero dolor y tu agonía…?
¡Guerrero de mi tierra… –arado y laza–…!



                    III

A los que caminan con el dolor.


          Al sudor de tu frente yo quisiera
Rimar este soneto… ¡Campesino,
–sacerdote del agro–… es tu destino
celebrar la liturgia en la mancera!.

          Tu mente entre dos soles enumera
las hazas que has sembrado como un trino…
Y sueñas –cabe el borde del camino–,
que el trigo esté granado ya en la era.

          ¿No encuentras en el campo la esperanza
de ese moreno pan de tu alegría…?
Tu vida está en la tierra de labranza…

          Pues fue un imperio de dolores
que al hombre impuso Dios –bíblico día–:
“El pan lo ganarás con tus sudores…”.

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