Premios Searus 1992-XV Certamen de Poesía


PREMIOS SEARUS 1992
XV Certamen de Poesía

Año de Edición: 1993
Portada e Ilustraciones: Manuel Nadal
Prólogo: Emilio Gavira Amuedo
Poetas:
Ricardo J. Barceló
Jorge de Arco
Mª de las Mercedes Recio Fernández
Blanca Mª Cárdeno Verdejo


PRÓLOGO

EL CÁNTIDO DE LA VIDA HUMANA

          Con dieciséis ediciones ininterrumpidas en su haber, el Premio Searus se constituye en una valiosa referencia para conocer la poesía que en estos últimos años se viene elaborando en España, y más concretamente en Andalucía. Efectivamente, poetas de distintas generaciones y variadas tendencias, se ha asomado a esta ventana abierta a la poesía que es este ha acreditado certamen que cada año viene superando, holgadamente, los doscientos participantes.
          Muchos de ellos, por no decir la mayoría, han centrado sus trabajos en el tema del hombre, viniendo a corroborar la apreciación de Vicente Aleixandre cuando afirma que “el tema esencial de la poesía de nuestros días, es el cántico inmediato de la vida humana en su dimensión histórica: el cántico del hombre situado, es decir, en cuanto localizado en un tiempo, que es irreversible, y en un espacio, en una sociedad determinada, con unos determinados problemas que le son propios y que, por tanto, le definen”.  Deliberadamente recurro a esta cita, algo extensa, del gran poeta, porque viene a definir la obra recogida en este libro. En los cuatro poetas que comparten sus páginas, se aprecia una preocupación por analizar y comunicar los interrogantes del hombre actual, un afán de sincerarse, consigo mismo y ante los demás, a través de los temas eternos de una poesía que arrancando de Jorge Manrique llega hasta Cernuda, pasando por Bécquer y los Machado.
          Sin ánimo de menoscabar la obra de los demás, se aprecia en este poemario un cierto desequilibrio originado por el mayor peso, en contenido y pureza formal, de los sonetos de Ricardo J. Barceló, que merecieron el primer premio del Certamen. Su calidad literaria no podemos buscarla en la originalidad de los contenidos, sino en cómo los expresa, en el tejido verbal, a base de un lenguaje diáfano, de gran simpleza, sin recurrir a grandes recursos, a excepción de frecuentes antítesis, por otro lado necesarias para desarrollar el título genérico –de por sí contradictorio– de sus poemas: “Nacimiento a la muerte”. Poesía descriptiva de profundas preocupaciones, constantemente aparecen sus versos salpicados de palabras como “nostalgia”, “angustia”, “tristeza”, “melancolía”, “esperanza”…,a veces paradójicamente acompañadas de adverbios o adjetivos que refuerzan la intensidad expresiva del verso; me refiero a expresiones como: “me acompañas, tristeza, dulcemente”, “dulce nostalgia”, etc.
          En definitiva, una poesía seria, breve y desnuda, de sobria elegancia. En este sentido subrayo las palabras de López Anglada: “Ricardo Barceló no ha buscado caminos intrincados ni falaces alardes vanguardistas en los que escudarse. Palabra limpia y oficio bien sabido es todo lo que precisa para expresar su realidad”.
          En la misma línea de retrospección y preocupación por el inexorable paso del tiempo, siguen los versos libres de Jorge de Arco, una tetralogía que incluye ese inquietante poema inspirado en un verso del poeta francés Arthur Rimbaud: “Je baisai ses fines chevilles”. Mediante una alegoría describe el paso de los años y la llegada a un punto y aparte en un determinado momento de la vida: “y cerró con la llave de su propia memoria / el sabor de los años derramados”.
          Finalmente, en el apartado de menores de veintiún años, Mercedes Recio y Blanca María Cárdeno, abundan, pese a su juventud, en la misma temática que sus compañeros de libro, reflejando en sus poemas la permanente crisis –el actual– cambiante y superficial, falto de valores auténticos y referencias espirituales a las que asirse en un momento de zozobra. Un mundo que necesita la poesía de estos hombres y mujeres, para quienes, como para Leonardo, la poesía –junto con la pintura– es música, un aire para respirar y vivir.

Emilio Gavira Amuedo

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