Juan Troncoso Maestre, pintor de Los Palacios y Villafranca.

Juan Troncoso Maestre (Juan Tronkoso), nació en Los Palacios y Villafranca el 11 de enero de 1923 y falleció en 1993. Estudió Bellas Artes en Sevilla. En 1953, con la responsabilidad del peso de una familia a su cargo decidió buscar fortuna en el arte, abandonando la seguridad de un sueldo como decorador. Expuso sus creaciones en numerosas galerías de arte de Sevilla, Madrid, etc. Realizando, además, muchos trabajos al lado del productor de cine estadounidense Samuel Bronston. El pintor palaciego destacó en sus lienzos, óleos y dibujos el tema de la fiesta de los toros, de la que era profundo conocedor. Siempre llevó con orgullo haber nacido en Los Palacios y Villafranca y de un deseo… “Al morir, que me entierren junto a los eucaliptos de “Terrino”…
Algunas imágenes de sus obras; comentarios de “Pueblerino” en 1970 en la revista de feria editada por el Ayuntamiento; palabras de Manuel Olmedo en 1974, publicadas en el diario ABC;  Artículo de Manuel Bernal en 1978 en la revista Searus; recuerdos de Jorge Aspizua Turrión en 2008 y comentarios de Antonio Rincón Muñiz en 2014.

Juan Toncoso. Foto: Revista de feria 1970.

Pueblerino escribía en agosto de 1970 en la revista de feria publicada por el Ayuntamiento palaciego, entre otras líneas:
... “De la entrevista realizada en el diario Arriba por Iglesias Romero recogemos lo que sigue:
–¿Cuándo empiezan los primeros balbuceos pictóricos de Tronkoso?
Hace muchos años. Cuando entré en Bellas Artes de Sevilla ya que llevaba algún tiempo haciendo apuntes. Era un “chavalillo” y me “tiraban” los lápices –Tronkoso hace memoria y continua– Mira, mi primer duro me lo dio a ganar Juan Belmonte. Fue en el año 1933. El torero había llegado a Los Palacios, muy cerda de Sevilla, procedente de su finca, situada en las inmediaciones del pueblo. Mientras el “Ciclón” trianero llamaba por teléfono en el mostrador de un ventorrillo, yo le hice un rápido apunte a lápiz sobre un papel que me acercó un chavalín de mi pandilla. Cuando Juan terminó su conferencia, me acerqué a él, entre atrevido y temeroso, y le di el papel. El torero abriendo su boca en ancha sonrisa, me dio una palmadita en el hombro y, sacando un duro de plata de su chaleco, me lo puso en la mano.
Toma, chaval, para que lo gastes en lápices y papel. ¡Eres fenómeno!.”
“El mayor orgullo que siente –según dice-– es haber nacido en Los Palacios. Padece con frecuencia la necesidad de ver salir el sol por la “Capitana”; y cuando esto ocurre baja a su estudio y se enfrasca en la valiente pintura del mundo de los toros. Nos dice que no está satisfecho de nada de lo realizado, que se exigirá al máximo para no verle “las orejas” al fracaso. Habla de sus muchos trabajos al lado de Samuel Bronston y sus continuas inquietudes. Habla arrastrando las frases de sus tiempos difíciles, de su hambre, de su familia a la que adora; de esos hijos ya a flote. (Uno colocado en grandes almacenes, otro a punto de ser Ingeniero). Añora ver a sus amigos de antaño.
Quisiera volver al pueblo para siempre. ¡Disfruto tanto! ¡Qué bien se vive en Los Palacios! Deseo que al morir me entierren junto a los eucaliptos de “Terrino”….”
 
Exposición en la sala Eureka-1981, Madrid.
     


Manuel Olmedo escribía sobre la pintura de Juan Troncoso, en la página 28 del diario ABC de Sevilla publicado el 20 de abril de 1974, con motivo de la colección de óleos denominados “Tauromaquia en el campo y en la plaza”, que el pintor palaciego expuso en la sala del Ateneo:
…“La agudeza observadora de Juan Troncoso abarca las más diversas facetas de la fiesta brava, que tiene un calificado intérprete en este pintor sevillano de casta impresionista, cuya obra también está conectada, en cierto modo y en cierto grado, al expresionismo, porque el artista pone de relieve en ella la dimensión dramática del tema.”…”A Juan Troncoso, admirador de Goya, de Vázquez Díaz, de Solana, de Zuloga, de Roberto Domingo, de Ruano Llopis, le viene de familia su gran afición al toro. Uno de sus abuelos era mayoral, y le pintor ha vivido desde niño el ambiente de los vaqueros y desde muy joven se dedica a dibujar toros, y en todas sus representaciones ha destacado el instinto profundo del sensible animal, captado en diversidad de actitudes, movimientos y reacciones. Así la obra de Troncoso, pese a ser monotemática, no resulta monótona”…
Lienzo de Juan Troncoso. Foto: Revista de feria-1970.


Manuel Bernal Romero escribía en Searus el 21 de abril de 1978, bajo el seudónimo de Manolo Gómez-Gayando:
“Prefiero hablar de los óleos, dejar los dibujos engendrados en el instante existente, entre el poema Lorquiano y el sentimiento del pintor; para dejar también detrás el dibujo, la vida del ruedo con Diego Puerta, plasmado por Juan Troncoso. Sí, prefiero hablar de los óleos, de esa imagen ruda y bella de los toros, recogida en una pintura en ciertos momentos, ruda y bella, como los elementos que trata.
El toro en la plaza y el descampado de nuestros latifundios, demostrando su furia ante la grandeza racional del hombre. Su furia natural y viva, forjada en los conos de sus cuernos, como Troncoso lo introduce en nuestro corazón con su óleo nº 7 (Caída al descubierto). Recordando También como empiezan los toreros, en el óleo nº 9 (Forja del torero), plasmando con el colorido de esas jornadas locales. Estos óleos de plaza adentro, forjados por un colorido impetuoso en los burladeros, que termina en los ocres del ruedo, concentrado en el maestro y la fiera.
Pero ahí están esos óleos, de toros al «descampao»; con su verdadera furia entre sus propios hermanos, de un color negro, o «colorao», libres del aro de la plaza. Estos toros al «descampao», para mi, para mi humilde opinión, es lo mejor que tiene, donde se deja ver él y su obra. Esos toros, esos profesionales de la garrocha, éstos, que ya por si tienen su furia, los refuerza Troncoso con un color de tormenta en la cúpula del cielo; un color de furia, apuntalada por una pincelada gruesa, grosera y bella, como si ellas –ya mismas– fueran del toro; con esa furia que llevan dentro las tormentas en un atardecer.
Troncoso, con su obra ha llevado a muchos lo nuestro, y a nosotros nos la ha traído para que la reconozcamos, para que reconozcamos la furia, nuestra furia, que él ha llevado a sus óleos”.
"El caballo del guarda", lienzo de Juan Troncoso.
Foto: Revista de feria-1970

Jorge Aspizua Turrión escribía en 2008 en “LA HARKA DE ASPIZUA”:
…“En su taberna, "El Farol" (en la calle Ponferrada de Madrid), quien quiso pudo aprender sobre tres asuntos: la pintura, el flamenco y los toros. En su taberna, D. Juan pintaba sus lienzos taurinos, buscando reflejar la mejor faena, aquella que se ha soñado haber visto. En su taberna, D. Juan creaba letras para todos los palos del cante, letras que las más de las veces regalaba diciendo que las había oído no sabía dónde, no sabía bien de quién”.

 "El ídolo de la capea".
 Óleo y foto propiedad de Antonio Rincón Muñiz

Antonio Rincón Muñiz, en 2014, comenta:
“Juan Troncoso regresó al pueblo por los 80 y ya no lo abandonó hasta que murió en 1993. Después de su vuelta se entregó en cuerpo y alma en la organización de la cabalgata de Reyes Magos y en otros muchos movimientos culturales de Los Palacios y Villafranca de manera incondicional y filantrópica. Montó una exposición de sus obras en El Casino, con la ayuda de su íntimo Paco Cabrera, a finales de los 80. En mi casa tengo colgados algunos cuadros que adquirí entonces y que tanto los disfruto al contemplarlos cada día”.

"Después del mal trago".
 Óleo y foto propiedad de Antonio Rincón Muñiz

"Faena de acoso y derribo".
Trabajo a plumilla y foto propiedad de Antonio Rincón Muñiz

Portada del libro "Pámpano, panoja y esquimo"
 de su amigo Paco Cabrera "de la Aurora".

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