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Sopeao, “Zopeao” en Los Palacios y Villafranca…

 

El Sopeao, “Zopeao”, es un plato típico de la cocina tradicional sevillana del Bajo Guadalquivir, muy relacionado también con el Arranque Roteño, aunque este manjar se presenta triturado y se come preferiblemente con un buen pimiento de cuerno de cabra...  

Su base es como la de un gazpacho, al que se añade pan troceado y verduras de temporada, pimiento, cebolletas e incluso rabanitos o habas tiernas. En algunos casos también huevos cocidos y un poco de melva…

Popularmente se ha hecho en lebrillo de barro y presentado también en él. Los comensales, con sus cucharas, solían atender al llamamiento de la voz que decía, ¡Cuchará y paso atrás! Y así se iban arrimando al lebrillo por turnos para comer a partes iguales.

Presentamos la receta que el palaciego José M. Barrios usa para la elaboración del “Zopeao” en Los Palacios y Villafranca.


1.- En el lebrillo de barro majamos con machacadera de madera ajos, hierbabuena, un pimiento verde y sal. Todo muy bien picado.




2.-Añadimos tomates sin piel y troceados, a ojo, aunque al menos que sea un kilo. 



3.- Agregamos un poco de pan duro, aconsejable que sea del día anterior, y al irse esponjando con el jugo de los tomates facilitará el majao.



4.- Hay quien añade también un par de huevos duros y así no quedara el preparado tan líquido al añadir el agua al final del proceso.



5.- Machacamos todo muy bien, hasta que queden todos los ingredientes finamente mezclados.





6.- Añadimos cebolla nueva tierna y lechuga bien picada y unos huevos duros troceados.






7.- Añadimos aceite de oliva virgen extra y vinagre al gusto. Vertemos agua y corregimos la sal, el aceite y el vinagre al gusto de cada uno.  


8.-Finalizamos añadiendo nuevamente pan duro, par que se empape con el jugo que hemos formado.



9.- Como variantes, hay personas que suelen adornar el “Sopeao” con melva, habas tiernas, rabanitos picados, huevos troceados, pimientos verdes, etc. Ya está en el gusto de cada uno…



Miguel Sánchez Martín, marzo de 2021


 

BIBLIOGRAFÍA.

1.- Fotos cedidas por José M. Barrios

2.- Receta de José M. Barrios

Receta de carne de membrillo


Receta para la preparación de la Carne de membrillo, también denominado dulce de membrillo.



El membrillo es la fruta carnosa de color amarillo dorado que se obtiene del membrillero, árbol de la familia de las Rosáceas que alcanza unos 4 metros de altura, originario del oeste de Asia, de la zona caucásica, y que se viene cultivando desde muy antiguo. Llegó a España a través de Grecia e Italia, donde era muy estimado; de España se exportó a América. La temporada de recolección del membrillo se extiende desde finales de septiembre hasta febrero.
Es un fruto con un bajo contenido en azúcares, aunque se consume en “dulce”, con lo que no aprovechamos esa característica. Su gran virtud es el alto contenido en pectina, un elemento importante a la hora de hacer mermeladas y elaboraciones, ya que gracias a ella no necesitaremos añadir espesantes para lograr una correcta consistencia.


PREPARACIÓN DE LA CARNE DE MEMBRILLO, O DULCE DE MEMBRILLO.

La elaboración es sencilla, con muy pocos ingredientes: membrillo, azúcar y zumo de un limón.





A) En la thermomix.
1.-En primer lugar levaremos los membrillos con agua, frotando con las manos la piel para eliminar las pelusillas que contiene.
2.-Los troceamos quitándole el corazón y las semillas, aunque manteniendo la piel, ya que contiene gran cantidad de pectina (espesante natural), y en una olla grande lo cubrimos con agua, añadiendo además el zumo de un limón para contrarrestar la acidez del membrillo.



3.-Lo dejamos cocer unos 10 minutos a fugo medio, desde el punto de ebullición. Pasado ese tiempo lo retiramos del fuego, cuando veamos que están blandos y con cuidado y eliminamos el agua.



4-Pasamos los trozos cocidos al vaso de la thermomix  y añadimos el mismo peso de azúcar que de membrillo. Trituramos durante unos treinta minutos, a 100º y a una velocidad de 5. Al terminar abrimos  el vaso para que evapore y caramelice, programando otros diez minutos, a 100º y a una velocidad de 5.



5.-Pasamos la mezcla resultante a uno o varios recipientes, según el tamaño elegido y dejamos enfriar en un lugar fresco, pasándolo después al frigorífico.





b) Si lo hacemos de forma manual.
Los pasos 1, 2, y 3 realizados para la elaboración de la carne de membrillo en la thermomix los realizaremos también para hacer el dulce de forma manual. Posteriormente proseguiremos los siguientes pasos…
4.-Una vez pasado los diez minutos al fuego para ablandar los trozos de membrillo, retiramos el agua y pesamos los trozos de membrillos para añadir posteriormente el mismo peso de azúcar (en la thermomix lo hacemos directamente).
5.-Pasamos por el pasa puré o batidora los trozos de membrillos para hacer una mezcla fina.
6.- En una olla grande y plana, echamos la mezcla fina y añadimos la misma cantidad de azúcar. Removemos y cocinamos a fuego bajo/medio durante al menos una hora. Poco a poco el azúcar se irá integrando con la fruta.
7.-Continuaremos cocinando durante al menos una hora, removiendo de forma continua con una paleta de madera, para que se vaya cocinando de forma homogénea y no se nos pegue al fondo.
8-Cuando la cuchara de madera quede clavada, de forma perpendicular en el dulce, sin caerse, habremos conseguido alcanzar la textura adecuada.
9.- Pasamos la mezcla resultante a uno o varios recipientes, según el tamaño elegido y dejamos enfriar en un lugar fresco, pasándolo después al frigorífico.

Miguel Sánchez Martín, noviembre de 2018

Brazo Gitano tradicional



Receta Tradicional de Brazo Gitano.

El brazo de gitano es un pastel de forma redondeada que suele ir relleno de crema, nata, chocolate, mermelada o de lo que nuestra imaginación nos ofrezca.
Tres son las hipótesis sobre el origen del nombre de éste bizcocho enrollado y relleno de diferentes dulces…
Unos atribuyen su nombre a los “lateros” que se dedicaban a reparar ollas y sartenes. Los pasteleros les regalaban a estos vendedores ambulantes, la mayoría de ellos gitanos, bizcochos enrollados que elaboraban a partir de las sobras de su material. De ahí el nombre de brazo gitano.
Otras mantienen que el nombre se debe a su forma alargada y al hecho de que el relleno que quedaba a la vista era de color oscuro (chocolate), como la piel de los gitanos.

Una tercera teoría dice que el brazo gitano lo descubrió en Egipto un monje berciano (de El Bierzo), en la edad media. Este monje lo llamó “brazo egipciano” y, con el paso del tiempo, el nombre derivó en el actual, debido a la semejanza fonética.

Brazo gitano con relleno de chocolate y relleno de crema pastelera y fresas naturales

Ingredientes.
4 huevos L o 5 M
120 gramos de azúcar
60 gramos de  harina de trigo.
60 gramos de harina de maíz (Maizena).
Medio sobre de levadura Royal.
200 gramos de crema pastelera, crema de chocolate o mermelada de fresa…
Fresas.
Azúcar glas.



Elaboración.
1.- Separamos las claras de las yemas y montamos las claras a punto de nieve.
2.-Añadimos a las yemas el azúcar y lo batimos con la batidora con varillas.
3.-Mezclamos los dos tipos de harina y la mitad del sobrecito de levadura, tamizando la levadura con un colador, poquito a poquito.
4.-Mezcladas las harinas poco a poco y las vamos tamizando con un colador y añadimos la levadura; posteriormente incorporamos la mezcla a la masa y las mezclamos con una espátula, cuchara o varillas de mano.
5.-Forramos una bandeja de horno con papel de hornear y extendemos y vertemos encima de ella la masa resultante. Previamente tendremos el horno calentito, y lo dejamos unos 12-15 minutos a 180º.

Introducimos la masa en el horno


6.-Una vez retirado del horno dejamos que se enfríe, lo cubrimos con la crema pastelera y algunos trocitos de fresa, la nata, la nocilla o la mermelada de fresa.

 
Masa sacada del horno, untada con crema pastelera
y adornada con trocitos de fresa. Se podría usar para base  de una tarta.
 Untaremos la masa con varias capas de crema.


7.- Fara finalizar,  enrollamos poco a poco teniendo cuidado de que no se rompa y cortamos las puntas. Espolvoreamos con azúcar glas para que quede bonito y listo para servir…


Brazo gitano con relleno de chocolate y relleno de crema pastelera




Miguel Sánchez Martín, con la colaboración y la receta de Lorena Gestoso.

Garbanzos con bacalao, potaje de vigilia en Los Palacios y Villafranca.



Garbanzos con bacalao, potaje de vigilia en Los Palacios y Villafranca. Es el plato de cuchara estrella en tiempo de Cuaresma y junto a las torrijas y los pestiños son, quizás, los alimentos más característicos en los días de Semana Santa. Receta típica y fácil de cocinar…

Potaje de vigilia. Garbanzos con bacalo.


INGREDIENTES.





ANTES DE COCINAR.

1.-Un día antes ponemos en remojo los garbanzos, con un "puñadito" de sal. Antes de ponerlos en remojo debemos lavarlos para que no presenten impurezas.

2.-Desalamos el bacalao que vayamos a utilizar en el potaje. Desde la noche antes en agua.

Bacalao en agua, para desalarlo.

Bacalao en agua, para desalarlo.



PREPARACIÓN DEL POTAJE DE VIGILIA.

1.-Freímos con aceite de oliva dos o tres dientes de ajo (teniendo en cuenta de que no se quemen), unas cuantas almendras y un par de trozos de pan en una sartén. Una vez frito todo, majamos a conciencia, en un mortero, todos los ingredientes.

Freímos.

Majamos.


2.-En la misma sartén, con aceite de oliva, hacemos un sofrito con una cebolla, dos tomates maduros y una cucharadita de pimentón.

3.-En una olla exprés, vertemos los garbanzos en agua acompañados de una hoja de laurel y dejamos que hierva durante unos treinta minutos aproximadamente. Pasado ese tiempo vertemos lo que habíamos majado en el mortero y el sofrito, además incorporamos los trozos de bacalao, también se puede añadir desmenuzado. A fuego medio durante unos quince o veinte minutos más y tendremos preparado nuestro potaje de vigilia de garbanzos con bacalao.

Añadimos a la olla lo majado en el mortero.

Añadimos a la olla el sofrito.

Añadimos a la olla el bacalo.


VARIANTES.

1.-Se cuece un huevo. Se desmenuza la yema y se trocea la clara. Se incorpora a la olla de los garbanzos cuando éstos hayan hervido. También, según las preferencias, pueden ser servidos, en trozos, encima del plato.

2.-Se puede añadir a la olla de los garbanzos unas cuantas hojas de espinacas, que pasados unos minutos ya habrán reducido su tamaño y estarán listas.



ALGO DE HISTORIA.

Durante los cuarenta días que dura la Cuaresma, desde el Miércoles de Ceniza hasta el Domingo de Resurrección, la tradición religiosa cristiana recuerda el precepto de abstenerse de comer carnes rojas. Este tiempo de “vigilia” condujo, sin duda, a agudizar el ingenio y combinar ingredientes diferentes a las carnes, en variadas recetas y platos. Una de ellas, quizás la más típica de todas, la constituye el potaje de vigilia de garbanzos con bacalao.

Consideraciones sobre los garbanzos y el bacalaro, ingredientes principales de nuestro plato estrella en tiempo de Cuaresma o Vigilia.

El bacalao fue siempre un pescado abundante en zonas alejadas de la costa, ya que se podía disponer de él en salazón durante todo el año, hecho que propició su uso como ingrediente base para cualquier plato que no se complementase con carne.

En cuanto a los garbanzos, existe una amplia tradición de su consumo, casi de forma exclusiva en siglos pasados, en la alimentación de las familias españolas. Se consumían tantos pucheros de garbanzos (cocidos) en España que Jean Charles Davillier, romántico europeo que viajaba por el país, escribió en su libro “Viaje por España (1862-1873)” lo siguiente: “Si pasáis a España, contad con que os servirán puchero trescientas sesenta y cinco veces al año y, si es bisiesto, una más”. El garbanzo era una legumbre habitual en el almuerzo del mediodía; tanto fue así que el cocido se convirtió en sinónimo de “comida”. A mediados del siglo XX, coincidiendo con un mejor nivel de vida del país, la introducción de otros platos más sofisticados y comenzar a considerarse como un alimento de “pobres”,  los garbanzos dejaron de consumirse tan habitualmente.

Los Palacios y Villafranca fue un referente, en Andalucía, por la calidad de los garbanzos producidos en sus campos. Eduardo Antón Rodríguez, en la “Guía del Viagero (sic) por el Ferrocarril de Sevilla a Cadiz, Sevilla, 1864”, escribía….“Los terrenos de su término (Los Palacios y Villafranca), comprendidos en la feracísima campiña de Utrera, producen excelentes y abundantes frutos, entre los cuales sobresalen por su calidad inmejorable, los trigos, los garbanzos, las uvas y las sandías. Los Primeros han sido premiados en la exposición universal de Londres (1862), las uvas son buscadas por Jerez y en Sevilla, y las sandías se confunden con las riquísimas de Utrera  en el mercado de la capital”. “Los garbanzos son de lo mejor de la cosecha de Andalucía; en las eras se venden á ocho duros la fanega, y son buscados en todas partes”. Tanta importancia se daba en aquellos años al cultivo de garbanzos, que la producción anual por término medio era de “3.500 fanegas”. Si tenemos en cuenta la calidad y reputación alcanzada en toda Andalucía por los garbanzos del pueblo, con una producción media anual de unas 3.500 fanegas (151.000 kilos) que eran “quitados de las manos” por los intermediarios, no es de extrañar que se cultivasen en las tierras de los cortijos de Los Palacios y Villafranca dichas legumbres y más aún cuando en el siglo XIX fue base alimenticia de la población.

Tanta importancia y calidad llegaron a tener los garbanzos de Los Palacios y Villafranca que, junto con el aceite de oliva, representaron a Los Palacios y Villafranca en la Exposición Universal de 1862 en Londres. Así aparece en el “Catálogo Oficial: Exposición Internacional de 1862 en Londres. Depart. Español”.  Los mencionados géneros fueron presentados por Muruvé. M. , aunque, seguramente el apellido estuviese mal escrito, siendo verdaderamente Murube el que debía haber sido impreso.

Miguel Sánchez Martín, marzo de 2017.



BIBLIOGRAFÍA:

.-Los Palacios y Villafranca en la Exposición Universal de 1862 en Londres. M. Sánchez Martín. Junio de 2015.
http://searus.blogspot.com.es/2015/07/los-palacios-y-villafranca-en-la.html

.-“Guía del Viagero (sic) por el Ferrocarril de Sevilla a Cadiz, Sevilla, 1864”



"Poleá" o "Espoleá", plato de la cocina tradicional de Los Palacios y Villafranca

“Poleá” o “Espoleá”, plato sencillo de la cocina tradicional de Los Palacios y Villafranca, quitó el hambre a muchas personas del Pueblo cuando había escasez de alimentos o la carestía de los mismos hacían que las familias humildes no pudiesen acceder a ellos. Es un plato considerado como postre, si bien en el Pueblo se consumía en los años difíciles como plato único, ya que era barato y muy energético, al intervenir en su elaboración ingredientes como la harina y el aceite, que lo enriquecían con energía procedente de los hidratos de carbono complejos y la grasa del aceite... Se le puede considerar como una derivación de las gachas dulces.

Foto: José Manuel Bernal Moguer

INGREDIENTES:
1/2 litro de leche. 200 gramos de harina de trigo de repostería. 50 gramos de azúcar. 125 ml. de aceite de oliva virgen extra. Una cucharada de matalahúva. Una cucharada de canela molida. La corteza de un limón. Rebanadas de pan para freír. 
Ingredientes

ELABORACIÓN:
Se calienta aceite a fuego lento y en su interior añadimos una “muñequilla” de matalahúva y unas cortezas de limón. Cuando el aceite se ha impregnado con el aroma de la matalahúva y las rodajas de limón se retiran del fuego. Apartado del fuego añadimos harina y removemos rápidamente con una cuchara de palo o una varilla. Volvemos a ponerlo en el fuego (lento) y añadimos leche (a temperatura ambiente) poco a poco, removiendo con energía para que no se formen grumos o se pegue al fondo de la sartén.

En algunos casos, en el pueblo, se suele añadir un “chorreón” de vino dulce para acentuar el sabor de la mezcla resultante. aunque lo normal es añadir azúcar para darle dulzor. Se remueve mezclando bien los ingredientes y a fuego lento, para que la harina se vaya cociendo. Cuando la mezcla haya adoptado una textura parecida a la del chocolate añadimos azúcar, meneamos unos dos o tres minutos y apartamos del fuego cuando notemos que haya espesado.

Mientras dejamos  la “espoleá”  reposando cortamos unos trozos de pan (del día anterior) y los freímos en aceite de oliva hasta que estén dorados (las “rebanás”).

En un recipiente vertemos la “espoleá”, añadimos trozos del pan adornando el plato y espolvoreamos con canela y también hay quienes espolvorean con un poco de azúcar.

La “espoleá” está riquísima templada en invierno y fría en verano.

NOTA: Cuentan nuestros mayores que en los años del “hambre” fue un plato que se hacía con frecuencia en las casas, ya que se necesitaban pocos ingredientes y “mataba” el hambre. En esa época se vertía poca cantidad de azúcar al plato y en lugar de leche se usaba agua, dotándola de sabor el anís en grano y las rodajas de limón, aunque la mezcla resultante no era muy apetecible, por su sabor, era lo que había…

Foto: Amador Liébana Fernández
“Espoleá” con su pizca de canela


Asociación Cultural Searus con la colaboración de Margarita Margarita. Cocina tradicional en Los Palacios y Villafranca.

"Tostá con sardinas"

“Tostá” con sardinas, excelente propuesta para degustarla en los días soleados de otoño. Alimento muy considerado por nuestros mayores cuando el trabajo en el campo transcurría de sol a sol, quizás porque las sardinas abundaban y su precio era modesto. Cocina tradicional de Los Palacios y Villafranca.

Foto: Sergio Villar Bertholet


Foto: Aurora Belén Pérez


Es un pescado que se cocina en grandes concentraciones de personas en los festejos populares. Aunque nunca ha sido muy valorada, debido a su abundancia y su bajo precio. Aún hay quienes piensan que si algo es abundante y su precio es asequible, no puede ser bueno… ¡Ellos se la pierden!.

La sardina es un alimento con un alto valor nutritivo. Es un pescado azul, con buena fuente de omega-3, que ayuda a disminuir los niveles de colesterol y de triglicéridos, además de aumentar la fluidez de la sangre. Su contenido proteico también es elevado. Entre las vitaminas que aporta se encuentran algunas del grupo B como la B12, B1. Intervienen en numerosos procesos de gran importancia como la formación de glóbulos rojos, la síntesis de material genético, etc.


Foto: María Dolores Guerero Guerero


La  mejor temporada para degustar la sardina es durante los meses de verano, temporada en la que estos peces se sobrealimentan debido a la abundancia de plancton y acumulan acumulan gran cantidad de grasa bajo sus escamas. No obstante, es una delicia poder saborearla durante todo el año…

Las sardinas podemos prepararlas a la parrilla o a la plancha. Es un plato muy simple y con un sabor intenso. Las sardinas, a no ser que vengan desde el mercado muy sucias, no se les hace nada, salvo echarles un buen puñado de sal por encima. No hace falta destriparlas, quitarles la cabeza ni las escamas. De esa operación nos ocuparemos cuando nos las comamos.

Foto: Sergio Villar Bertholet
 
Foto: Juan Baquero


Colocamos la plancha encima del fuego medio/fuerte o de las brasas, siempre que éstas estén a buena temperatura. Cuando la plancha esté caliente añadimos un “pelín” de aceite de oliva y otro buen puñado de sal. Si usamos una parrilla no vertemos aceite y la sal la echamos sobre las sardinas. Encima de uno u otro objeto dispondremos las sardinas. No las tocamos, las dejamos hacer durante unos 3 minutos, dependiendo del tamaño de las mismas y hasta conseguir que estén bien doradas. Con una espátula o paleta les damos la vuelta y esperamos un intervalo de tiempo similar hasta que queden por los dos lados bien hechas. Transcurrido el referido tiempo retiramos las sardinas de la plancha o parrilla y las vamos colocando sobre un plano, volviendo a repetir la misma operación con el resto de las sardinas que nos vayamos a comer.

Foto: Juani García Bejinez

Procederemos también a tostar el pan. Para ello, cortamos una media de pan y le hacemos “alegrías” con un cuchillo o navaja (cortes con forma de rombos). Lo acercamos al fuego de las brasas, con cuidado de que no se queme. Una vez tostado le añadimos aceite de oliva.

Foto: Sergio Villar Bertholet


Se aconseja asar las sardinas en un lugar abierto, patio ventilado, terraza, campo, etc. Ya que el olor y el humo que se desprende pueden quedar impregnados en las habitaciones de la casa, si se nos ocurre hacerlas en la cocina.

Foto: Antonio Cerrá
Foto: Juan Carlos Moreno Barba


Nuestros mayores acostumbraban a tostar el pan ensartándolo con un sarmiento y dejándolo que se tostara en las brasas de un fuego realizado con ceporros, trozos de madera procedente de las viñas viejas y podadas. Las sardinas se asaban con el mismo procedimiento, en forma de espeto, aunque una a una. Eran otros tiempos, en los que la jornada laboral del hombre del campo transcurría de sol a sol y el almuerzo se realizaba en el lugar de trabajo, en le “tajo”. Se acostumbraba a realizar el almuerzo a la sombre de una vieja choza o un olivo en los meses de verano  y alrededor de un fuego, prendido por la mañana,  en los fríos días de otoño e invierno.

M. Sánchez Martín, Asociación Cultural Searus.