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Ana María Garrido Padilla, 2º Premio Poesía Searus-2009


ANA MARÍA GARRIDO PADILLA

Nota Biográfica

           Licenciada en Ciencias de la Información, rama periodismo, por la Universidad Complutense de Madrid.

PREMIOS:
Primer Premio del Certamen de Poesía de la Universidad Popular de Alcorcón (1993). Tercer Premio del Certamen de Poesía de la Asociación de Mujeres Progresistas (AMPPI) (1997). Primer Premio del Certamen de Poesía AMPPI (Años 1999, 2003, 2004, 2008). Primer Premio del Certamen de Poesía Pronta de la Feria del Libro de Alcorcón (2001). Primer Premio del Certamen de Poesía de la Universidad Popular de Alcorcón (2002). Segundo Premio del Certamen de Poesía AMPPI (2000, 2002). Primer Premio del XI Certamen Nacional de Poesía Mística “Martín Descalzo”, Valdemoro (Madrid) (2002, 2005). Primer Premio del XVI Certamen de Poesía “Manuel Ordóñez”, Higuera de la Sierra (Huelva) (2009). Botijo de Oro de las XLIII Justas Poéticas de la Ciudad de Dueñas (Palencia) (2009).

PUBLICACIONES:
“A veces alguien pasa”, Editorial Verbo Azul (2001). ¿Qué me quieres”, Editorial Verbo Azul (2004). “Burbuja” (En colaboración), Editorial Verbo Azul (2004). “A la espalda del agua”, Editorial Verbo Azul (2008). “Una década de poesía en la Universidad Popular de Alcorcón” (2003). “El libro infantil de Verbo Azul”, Editorial Verbo Azul (2007). “El libro infantil de Verbo Azul II”, Editorial Verbo Azul (2008). “Para que él se llamara Ángel González”, libro colectivo en homenaje a Ángel González, editado por el Ayuntamiento de Alcorcón (2008). Libro homenaje a Miguel Hernández editado en colaboración por el Ayuntamiento de Alcorcón y la Asociación Literaria “Verbo Azul”.

REVISTAS:
ÁLORA, LA BIEN CERCADA, de Álora (Málaga), cuyo último número, en el que también colaboró, homenaje a la poesía búlgara, fue presentado en febrero de 2009 en el Instituto Cervantes de Madrid. EL SÍNDROME FELINO (Revista digital). PAN DE TRIGO, del grupo literario del mismo nombre de La Solana (Ciudad Real). LA HOJA AZUL EN BLANCO. ASTROFUERTE.

INTERNET:
EL CALLEJÓN DEL HAMBRE (Programa de radio). ULTRAVERSAL. DESDE EL ALMA. EL SÍNDROME FELINO. POETAS EN EL AIRE.

Noviembre de 2010




Obra: “LA PIEL DE LOS MEMBRILLOS”
2º Premio, XXXII  Certamen de Poesía Searus, 2009




                                   “Fui poniéndole nombre a cada cosa
                              mientras tuve
                              prestada la inocencia”
                                                 Vicente MARTÍN

                              “De tanto se de voz, me están naciendo
                              Alondras de palabras en los labios”
                                       Celia BAUTISTA IGLESISAS




ANTES del mar,
temblaban las estrellas
y el grito de la piedra sobre el aire.
Antes del mar,
la voz en carne viva
desnuda en un desierto de palabras.




EL PEZ sabe que existe
porque a voces
se mira en los perfiles de la lluvia
detrás de la ventana.
El mar no es suficiente:
tal vez tengan razón las azucenas.




PROCLAMO la inocencia de los sauces,
el vértigo del agua,
la certeza tenaz de los balcones.
Y escribo
como si las palabras fueran otras,
como si no tuvieran memoria
los espejos
ni el peso de tu nombre.
Junto a mi boca tiembla
el corazón de un pájaro.




VOY a esperar que vuelvan las libélulas.
Decídselo a las nubes por si quieren
cambiar la contraseña de los pájaros.

Aquí, junto a mi casa, debajo de la higuera,
he plantado otra vez los girasoles
y algún tiempo desnudo
                                       por si llueve.




QUISIMOS clausurar la primavera.
Nada sabemos del tedio de la rosa.




          VOVERÉ a ser de luz,
          como las nubes,
a la espalda del ángel.
Volveré  a ser de luz y de ceniza
como un vuelo de alondras por los labios.
Volveré
como vuelve septiembre a los cerezos,
a tiempo de abrigar a tumba abierta
esta lluvia de sol bajo los párpados.




                              “El gato en uniforme de paloma ha rasgado la luz
                                                                     y ha muerto un ángel”
                                                                     Juan José ALCOLEA.



          Yo no sé si me quedan mil preguntas
cansadas de gritar entre las manos,
o si guardo,
                    a punto de suicidio,
algún cielo de estrellas de mi infancia.
Mas sé, porque saberlo es necesario,
que aún florecen de luna
los estanques, y a su sombra
se duermen las cigüeñas.
Y es que a veces es cierto que la noche,
en creciente de anémonas en celo,
desviste las miradas y los ojos,
y llena como en luto las acequias
al tiempo de rendirse en el poema.




          NUNCA esperé la noche,
se me vino de bruces a las manos.
Y dibujé la niebla agazapada
sobre un charcote vidrios y de peces,
y en el quicio del agua,
                              la derrota
y el gozo de abrigar entre los dedos
la piel de los membrillos.




          NO HAY NADA más allá de las palabras,
más allá del cansancio absurdo de este cuerpo
en duelo vertical con los cipreses.
No hay nada más allá, ni la memoria,
ni el ruido de los años que escribieron
el nombre de las cosas.
Me acostumbré a vivir en este abismo
de flores amarillas,
a esperar cada noche sobre el pecho
las últimas abejas.

          No hay nada más allá, ni la inocencia.

Sabed que se han dormido los espejos,
que velan mansamente las estrellas
el minúsculo invierno de los peces.




ELLOS saben de mí,
siguen mi rastro,
mi sombra,
me vigilan.




LO QUE SUCEDE es cierto
al menos mientras tanto.
Para que nada cambie
es preciso advertir a las ballenas
y establecer los límites.




          EN MI RINCÓN PEQUEÑO

          A VECES la transparencia
trae  un aire nervioso de cigarra,
una quietud decrépita y desnuda al filo de la tarde.
Y es que,      a ratos,
nos muerde la prisa en los balcones,
la tormenta en los ojos
y en el cilicio cansado de la lluvia
detrás de las violetas.
En mi rincón pequeño apenas hay paredes
para escribir tu nombre,
para gritar tu nombre
como gritan cautivas las gaviotas,
apenas hay refugio
para unos cuantos versos
y el miedo de perderme
como se pierde el sol entre los álamos.
Pero te quiero tanto todavía
que temo haber firmado
de nuevo sin remedio
mi inestable equilibrio con la muerte.




          HOY NO PUEDO LLORAR

          HOY es cierto que traigo como arena
la palabra desnuda entre los labios
y este temblor de fiebre en los cristales.
Porque toda la piel es necesaria
para abrigar la luz de los espejos,
y parece más dulce esta certeza de octubre
en los membrillos.

Hoy no puedo llorar, que aún encuentro
alondras de poniente es las pupilas.




          ES PRECISO

          ES PRECISO explicar a los cipreses la
medida del aire por sus ramas, el peso de la luz
y la paciencia finita de la tierra. Pero no hay quien
pregunte, quien se atreva a exigir el pago de las
horas, la boca de la envidia, el esquivo argumento
de los peces. Es preciso, digamos, aprender de
lo efímero, plantarte cara al sol y esperar que
despierten cada noche las últimas luciérnagas,
mientras suena a escondidas, muy despacio, una
sonata trágica de Hahler.




                              LA MIRADA DEL ÁNGEL
                              Apuntes para una poética


          HUMEDECED las sílabas del aire,
la piel del unicornio,
la furtiva memoria de las cosas,
y estableced los límites.

Dejad que duerman
su exilio los galápagos.




          LOS DEMÁS ES SILENCIO

          OS DEJO la ternura,
la mirada del sol sobre los charcos
y el vértigo abisal de las tormentas.
Lo demás es silencio,
jirones de costumbre en los colmillos.
Pobre riqueza acaso
para llevar la cuenta de los días,
memoria de la sangre
en la contradicción de los espejos.
Y es que ahora me duele la certeza
antigua de estos años
cosidos a la piel de los delfines.

Si recordáis mi nombre,
decídselo a la lluvia,
oficiad la liturgia de los peces.
Lo demás es silencio todavía.




          EN UN RINCÓN,
                          la tarde.
Canta un mirlo.
Me basta con saberme
a salvo de la vida.




          FE DE VIDA

          ABOMINO del orden,
de las noches azules,
de la herética sonrisa de los muertos,
mas sé que he de vivir
aunque no guarde memoria de lo sido.
Debo permanecer en este absurdo
destierro de los días
y acariciar la voz de los coyotes.
Alguien vendrá
debajo del olvido.




          TODA LA LUZ se duerme al fondo del silencio.
Es inútil rendirse,
las mañanas aún guardan las vocales tendidas
y el tacto transparente de las cosas.




          LO SUPE desde siempre:
los inviernos regresan a morir
con los lagartos.
Y es que a veces se escriben mariposas
al pie de los cristales
y hay un temblor azul por las naranjas
y un crepúsculo dulce por los labios.
Lo cierto es que amanece todavía,
que me siguen creciendo las palabras,
que todos los abismos
me interrogan
al sur de los disfraces.

Lo supe desde siempre
las gaviotas regresan a morir sobre su playa.




          ERA UN CÍRCULO el sol,
de azogue el aire:
una gota de tiempo detenido.
Y entre las sombras,
gris,
la tarde nueva
y un rumor de ceniza
por los labios.




                                       “pero esto no es la vida,
                                       es un pensamiento de la vida”
                                                           Basilio SÁNCHEZ



          HAY UN CIELO pequeño donde viven
casi todos los pájaros.
Hay un cielo distinto al final de la lluvia,
en los ojos del agua,
más allá
del perfil azul de las cometas.
Hay un cielo a la sombra de los gatos,
en la tibia erosión de las aulagas,
en la temeridad de los aleros.
Para quien nada sabe, la piel es suficiente.
Basta abrirle lucernas a la vida.




          FUERON OTROS los ecos
del sol que comenzaba.
Un relámpago apenas,
un enjambre de bocas sumergidas
al borde del espanto.
Y el signo puesto en pie.
Y la palabra.




          TODAS LAS VOCES pueden ser la misma,
el verso,
la hoja seca,
el rumor de la sangre en los violines.
Porque la piedra quiere hacerse piedra.
Y seguir esperando.

Margarita Arroyo, 1º Premio Poesía Searus-2009


MARGARITA ARROYO

Nota Biográfica

          M. Concepción Fernández, “Margarita Arroyo”, es farmacéutica y profesora universitaria de cursos para posgraduados, tiene abierta consulta privada como psicoterapeuta y realiza trabajos de peritaciones caligráficas oficiales.

Libros publicados:
          “Reducida apalabra” (1983). “El yelmo y sus adornos” (dos ediciones 1984 y 1985). “Sin mirar a los lados” (1988). “Trilogía de la palabra, el yelmo y la mirada” (1997). “El albarelo de la cruz lisada” (1999) (prosa). “La gran aventura de León Felipe” (Dos ediciones, 2006 y 2007) (prosa).

Premios concedidos:
          “Francisco de Quevedo” 1984. “Hernán Esquío” 1985. “Medalla de Poesía Nueva Gente” 1985. “Premio AEFLA” 1986. “Mini-hucha de Oro” 1986. “Hucha de Plata” 1986. “Ibn Jafaya” 1987. “Hucha de Plata” 1988. “Clarín” 1992. “Medalla del Ateneo de Madrid” 1993. “Quijote” 1997. “Río Henares” 1998. “Alcaraván” 1998. “Searus” 2009. Hija adoptiva de Fontiveros.


Noviembre de 2010




Obra: “YA NUNCA IRÉ A CONSTANTINOPLA”
1º Premio, XXXII  Certamen de Poesía Searus, 2009




I

A ti
que siempre conservaste esa gracia fructífera
de ser una ventana
abierta
y encendida.



II

Ardías entre el romero aquella tarde
como torre, como arco, como ángel.
Estabas con tal vida,
con los pies tan asentados en la tierra
que, con una imprecación, maldije.
Y aún me dije:
No puede irse ahora.
Es imposible.
Pero me equivoqué.
Me equivoqué.
Me equivoqué.



III

Tus ojos se escondieron en la noche
no sé si con nostalgia
o con asombro.
Hacía tiempo que no deseabas los goznes
de aquellas horas de hierro
y dejaste que fluyera mansamente la silenciosa trocha
para estar
          al otro lado del dolor;
exactamente muerto.



AQUEL DÍA

Aquel día no hubo
hecatombes ni eclipses
ni cayeron los santos
tristes de su hornacina,
fuera de aquella alcoba
-¿cómo era posible?-
Se sucedía todo
igual que cualquier día.
Pero sobre la sábana
él se fue transformando
y se fueron haciendo
sus manos como arena,
como guijarros fríos
su pecho poderoso,
viento su cráneo, un viento
febril y apresurado
que abandonó la almohada
dejándonos muy solos.
Esto sucedió un día
un día desalmado
que quisiera olvidar
y tengo en la memoria
clavado como un dolmen
en mitad de la nada,
como señal cruel
de peligro incesante
que anuda mi garganta
con un frío que ahoga.

¿Cómo cayó una torre
tan poderosa y cierta?

Hoy muchas horas tienen
un regusto de asombro,
de soledad indigna,
de miedo controlado,
que sin querer me hacen
cerrar las escotillas.
Los corredores suenan
como viejas campanas,
como yunques partidos,
perdidos para el golpe.
Los senderos se fueron
encerrando en sí mismos
sicarios oficiosos
de quien lo arrebataba.
La luz se hizo un nudo,
una madeja informe,
un agua ardiente y fiera
que escocía en los ojos.

Pero no dices Tú
la última palabra.
No sellarás su boca
con invencible lacre,
con tu fuego canalla
de acetileno triste,
con tu sonrisa fatua
de quien todo lo puede.
Y ahora quiero que sepas:
sólo a nosotros vences,
a los que te quisimos,
a los que le queremos
porque nadie se queda
contigo para siempre.

Ahora escúchame, Muerte:
Tú, la Sola,
la Sola,
la Sola por los siglos,
la Sola eternamente,
no conservas ya nada
de lo que arrebataste.
Y tras la podredumbre
de tu pecho sin nombre
él canta donde nunca
podrías alcanzarle.



V

Tal serenidad advierto en tu mirada
que mi dolor me asombra
y no sé qué decirme.
Pero tú me sonríes
y callas
y acaso me haces señas
mientras recompongo mi soledad
en esta orilla.



VI

Estás de pié
me miras y sonríes
y nada te pregunto, nada inquiero.
El tiempo vuelve atrás por un instante
y yo no sé por qué
no me abrazo a tu sombra dulcemente.



VII

No importan las preguntas.
Ahora estás
y es suficiente en estos días
de carencia absoluta de tus manos,
de ausencia de tu nombre.
Sé que estás; solamente.
Y como una columna tú sostienes la tarde
para mi triste corazón
para esta playa desbocada, umbría,
porque nada más que tus ojos existen
en días tan ciegos.



VIII

A veces te alejas soñando el camino,
te vuelves levemente,
con la mirada invitas
hasta ofrecer confianza y paz en esta ruta
que tú conoces ya perfectamente.



IX

No tiraré de ti.
Todo ya está cumplido,
pero aún así, permíteme que añore
el tacto de tu mano en mi sonrisa.



X

Toda el agua del mar podría haber cabido
en tus años de cal.
De amargo cal y canto.
Pero no consentiste que ni por un momento
el azogue te arrastrase a la pena
royera tus tablones
o te hundiera acogedoramente en la penumbra.



XI

Tu pequeño jardín estaba en paz,
de flores amarillas encendido,
tan alegre moteado de blanco
que una gran dentellada de rencor
me invadió
por sentir tanta vida en tanta muerte.



XII

La herida estaba abierta
y tú pesaste.
Apenas una mirada de soslayo
para reconvenirme,
para que no olvidase y amara de otra forma:
lejana,
serena,
dulcemente.



XIII

Te pesaba en el hombro la mano azul de Dios
pero decías:
“El jefe siempre sabe por qué hace las cosas”;
y tu mirada tenía un más allá encendido
que no pudieron arrancarte
ni el dolor
ni el cansancio
ni la pena.



XIV

Háblame de los ángeles, te dije,
Cuéntame
de sus pechos de alumbre,
de su estirpe,
de sus insomnes palabras,
de su dicha,
del crepitar terrible de sus bocas,
de si nuestro fervor llega hasta ellos.
Tú respondiste: “Todavía no”
Y yo me enfadé con tu corazón
-tan olvidadizo-
que cuando aún me mirabas con tus ojos
prometiste contestar a mis preguntas.



XV

A veces soy tan tonta que me olvido
de cosas cotidianas
e importantes.
Es por eso ¿sabes? que sin querer me digo:
“Habré de darle esta noticia”
“le llevaré este libro”
o “le llamaré para decirle…”
Y entonces
me sabe a mar la boca al acordarme
de que has muerto.



XVI

Ya nunca iré a Constantinopla.
Ya no podré
enseñarte Dolmabache, ni esa mezquita
tan azul,
candorosa y magnífica.
El estrecho con su oro y su plata
sabrá que nunca te conduje a su presencia
y el día que regrese
habrá de recibirme con reproche
porque nunca,
nunca pude llevarte hasta su puerta.

Luis García Pérez, 2º Premio Poesía Searus-2008


LUIS GARCÍA PÉREZ

Nota Biográfica

          Luis García Pérez, Perezuela de Sayazo (Zamora). Es maestro de E. Primaria y Licenciado en Filología Hispánica por la UNED, en cuya Universidad realizó los cursos de Doctorado. Ha ejercido la docencia en los niveles de EGB y Secundaria. Desde 1971 reside en Puertollano, y actualmente está jubilado.

          Tiene en su haber unos 600 premios literarios de ámbito nacional e internacional en los géneros de poesía, narrativa y ensayo. Ha actuado como mantenedor o pregonero en actos culturales y literarios (Fiestas, Semana Santa, presentación de libros, encuentros de poesía, recitales, etc.). Es autor de numerosos artículos periodísticos y su obra figura en libros que recogen premios de varias ediciones, revistas literarias y conmemoraciones de diversas efemérides. También ha sido miembro de varios jurados literarios. Es Gran Comendador de la Orden Francisco de Quevedo y miembro de la Academia Bibliográfica-Mariana de Lleida. Pertenece al Grupo Literario Guadiana y coordina desde 1997 la revista de creación Alforja de Estaribel que subvenciona el Ayuntamiento de Puertollano (Ciudad Real).

          Ha publicado, entre otros, los siguiente libros:
          POESÍA: Resplandor de la palabra, premio nacional de poesía “Rodrigo de Cota”, Toledo, 1990. Este humano desgarro, premio nacional “Luciano de Gracia”, 1998, Ayuntamiento de Cuarte de Huerva (Zaragoza). Por el túnel de Cromos, premio nacional “Pastora Marela”, 2000, Campo de Criptana (Ciudad Real). Abril en tus pupilas, premio “Ciudad de Benicarló”, 2001. Los soles de Alejandro, 2002. Parábola del caminante, premio “Orippo”, Dos Hermanas (Sevilla), 2002. Símbolos de Puertollano I y II, 2004. Surcos de la memoria, nº 13 de la Colección Monográfica Manxa, del Grupo Literario Guadiana, 2004. Radiografía de lo oscuro, Premio P. Marcelino Quintana 2006, de Arucas (Gran Canaria). Las secuelas del frío, Premio Luis de Feria 2007 de la Universidad de La Laguna (Tenerife). Arquitectura de la noche, Ciudad de Puertollano, premio “Manuel Muñoz”.

          Ha publicado también tres libros de relatos: Crónicas del viento (Premio Carta Puebla de Miguelturra (Ciudad Real), 1989. Bajo las estrellas y otros cuentos (Biblioteca de Autores Manchegos, Excma. Diputación de Ciudad Real, 1995). La Fuente de la Vida y otros relatos, Ediciones Intuición 2001.

          Tiene publicado el ensayo Celebración de la claridad, aproximación a la poesía de Valentín Arteaga, Ed. Soubriet, Ciudad Real, 1999.

          Noviembre de 2009




Obra: “MÁS ALLÁ DE LA MIRADA”
2º Premio, XXXI  Certamen de Poesía Searus, 2008



ANÓNIMO LECTOR

Escucho entre la niebla
el frenesí creciente de la tarde,
las miradas errantes que se cruzan
sin mirarse a los ojos.

Me he asomado a la calle
a contemplar el mundo desde cerca,
y llegan las ideas a posarse en mi frente
lo mismo que un latido
que no quiere morir sin ser de todos.

Intuyo que detrás de este bullicio
que ahoga el sentimiento;
detrás de este teclado que pulso con mis dedos,
pudieras estar tú, lector anónimo,
esperando un paisaje de palabras
como una epifanía acariciante.



LA OSCURIDAD NOS CERCA

Con los ojos cerrados
venimos con la sombra por bandera
hasta una encrucijada de caminos
firmada por la ausencia
de una verdad que impulsa nuestros pasos,
cuando la duda vuela
por todo el horizonte que abarca la mirada
cercada por la niebla,
igual que esas cometas
que no saben la altura de su vuelo
ni conocen la voz que las alienta.

Somos las marionetas de la vida
en esta húmeda feria
donde todo se compra o se mendiga,
donde todas las puertas
a veces se nos cierran de repente
como huye la luz, como se cierra
unas manos tan cerca de las nuestras.

Y miramos, de pronto, el calendario
con su guión de fechas
que son como la hoguera que se extingue
detrás de las calendas,
detrás de nuestros sueños imposibles
cuando el silencio llega a fin de cuentas
a cerrar nuestros párpados cansados
de tanto perseguir alguna estrella
en el fondo desnudo de un espejo
donde un final incierto nos espera.

Llegamos con los ojos aún no abiertos
y al partir nos los cierran, de manera
que siempre está la luz a contraola
y caminamos con la sombra a cuestas.



ROTA GEOMETRÍA

Hemos perdido el tacto de las cosas
de tanto pronunciarlas. Llega el tiempo
de acariciar relieves donde la luz un día
tuvo sus credenciales, el rostro luminoso
de una hermosa muchacha vestida de domingo
que quiso hacerse lumbre en nuestro pecho
bajo una piel dorada y unos ojos
que fueron resplandores de altas cumbres.

Después hubo momentos
de rotas caracolas sobre la faz del alba
y la música alegre del pasado
no pudo hacerse brisa.

El otoño con rostro de ceniza
apedreó la luz de las hortensias.

Lloraron los pronombres espesos lagrimones,
sobrevoló el crepúsculo la niebla
y una muda campana paralizó su canto.

A pesar de las voces,
de llanto incontinente de las madres,
nadie dio una respuesta. El dolor solamente
atravesó la sangre de los muertos.



FRENTE A LA SOLEDAD

Frente a la soledad me gustaría
al menos ser luciérnaga,
hablar con las espigas doradas del verano,
con las nubes errantes y la lluvia en sus trenzas,
con las hojas que vuelan en otoño
como pájaros yertos por estelas
que ya nadie descubre
en el periplo gris de las ausencias.

Me gustaría hablar con los misterios
de la naturaleza,
descubrir esa magia de los amaneceres,
conversar con legiones de poetas,
hacer a un ángel niño cada tarde
cuando el sol es promesa
de un cercano mañana con un beso naranja,
regocijo auroral para la Tierra.

Detrás de las murallas que separan
nuestros pasos de todas las tinieblas,
sembraría los besos nunca dados
en el rostro feliz de las estrellas,
tan sólo para que ellos inventaran
las guerras más incruentas,
la sonrisa más dulce alrededor del Orbe
y una canción en flor y siempre abierta.

Quién pudiera abrazar la muerte dulce
y convertirse en lluvia de promesas.



PRESENCIA DEL AMOR

Necesito encender esta alegría,
beber en el cristal de tu corriente
el aroma entrañable de tu frente
desde tu soledad hasta la mía.

En el altar de tu cosmogonía
colocaré la flor de tu presente
esperando la luz condescendiente
que me entregue tu cálida armonía.

Yo te busco por todos los rincones
y nunca me respondes con premura
despertando dormidos corazones.

Tú me dejas un poso de amargura
y escribes mil excusas, mil razones
en mis campos sembrados de ternura.



EL LLANTO DE LA TIERRA
(Elegía inacabada)

Es la canción del viento melodía
del aire profanado. Su corola
negra sed que camina a contraola
del corazón y su filantropía.

El río es una lágrima baldía,
el eco de una música tan sola,
que el rumor de una vieja caracola
derrama su fatal melancolía.

Jazmines de tu voz, hebras del viento
acarician la Tierra desolada
con unción de dolor y sufrimiento,

y en tu piel enfermiza y cuarteada,
prisionera del cárdeno cemento,
se desangra una rosa desojada.



PENÚLTIMO NAUFRAGIO

Quisimos rescatar algún poema
para acercarnos al perfil del alba,
pero en el aire sólo estaba escrito
un profundo silencio,
el temblor abismal de la memoria
que no reverdeció ningún pasado.

Hubo una sucesión de atardeceres,
aliento de un otoño desmayado,
lo mismo que el sol besa
los penúltimos labios de los niños.

Y nadie viene ahora a regalarnos
aquellas golondrinas que emigraron
con la sombra de sus alas
y un dolor peregrino
sobre la desazón de la memoria.

Por esa incertidumbre caminamos
sin un norte que oriente nuestros pasos,
porque el futuro no nos pertenece
y el pasado es memoria solamente
hasta que el cáliz de la vida eleve
una plegaria a Dios sin condiciones.



INVOCACIÓN DEL TODO INÚTIL
PARA RODAR EL ARCO IRIS

Encierra las palabras rencorosas
en la cárcel sombría de la noche
y échales el cerrojo del silencio.

Ponle al cuervo insolente de la noche
las alas de una tórtola festiva
para cruzar las playas de un deseo.

Sopla sobre las lágrimas furtivas
de la palabra niña que en sus ojos
lleva el polvo de inhóspitos caminos.

Tiende bridas de amor a ese caballo
que va escupiendo sombras desbocadas
y apacigua el furor de su galope.

Recítale a la paz cien madrigales
de amor comprometido, el alma adentro,
para que resplandezca entre los hombres.

Apacienta tu voz para que sea
levadura en la masa requerida
para dorar el pan de la esperanza.