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Casa de Andrés Bernáldez, cura de Los Palacios, cronista de los Reyes Católicos

CASA DEL BACHILLER ANDRÉS BERNÁLDEZ,
CRONISTA DE LOS REYES CATÓLICOS.


La casa donde vivió Andrés Bernáldez, “El Cura de Los Palacios”, estuvo ubicada en el nº 8-10 de la calle Andrés Bernáldez, antigua del Hospital, según los relatos que a lo largo de los años han hecho referencia a ella. Desafortunadamente la casa original de los años del bachiller (S. XV) hace mucho tiempo que desapareció…

Derribo de la casa nº 8-10 de la c/ Andrés Bernáldez (Antigua del Hospital)
Foto: Javier Parejo, año 1983. Publicada en la Revista Los Cuatro Vientos.

Autor. Herrera, M.  Retrato de Andrés Bernáldez
visto por D. Antonio Alfaro en 1901.
(Archivo fotográfico de M. Herrera).
Publicado en Retratos del Pueblo Volumen II.

Casas nº 8 y 10, c/ Andrés Bernáldez (Antigua del Hospital). Foto: Miguel Sánchez Martín, 2017.


1.- La casa de Bernáldez en el siglo XV-XVI. Memorias del Reinado de los Reyes Católicos.

La vivienda de la que hablamos se encuentra situada en el nº 8-10 de la calle Andrés Bernáldez, antigua del Hospital (en los textos se emplaza en el nº 10); lugar donde según la tradición vivió de 1488 a 1513 el eclesiástico e historiador Andrés Bernáldez, cronista de los Reyes Católicos, conocido en el mundo de las letras como “El Cura de Los Palacios”. Se ubica la casa actualmente en el número 8-10 y no en el número 10 como hacen referencia los escritos, tal vez  debido a la unión de viviendas situadas en la misma acera.

Es un lugar que visitaron y estuvieron hospedados personajes de relevancia y enorme trascendencia en la historia de España…

Según cuenta Bernáldez en “Memorias del Reinado de los Reyes Católicos”, en el año 1496, después de regresar del segundo viaje a las Indias, el almirante Cristóbal Colón visitó Los Palacios y Villafranca y fue recibido y quedó hospedado en su casa, acompañado del hermano del cacique Caonaboa, de un sobrino del cacique y del obispo Juan de Fonseca. Lo relata el cronista:

 “ E así ge lo dixe e fize entender yo el año de mil e cuatrocientos e noventa y seis, cuando vino a Castilla la primera vez después de aver ido otra vez a descubrir, que fué mi  huésped e me dexó algunas de sus escripturas, en presencia de don Juan de Fonseca, de donde yo saqué e cotegé con otras que escribió el doctor Chanca, e otros cavalleros que con él fueron en los viages ya dichos. que escribieron lo que vieron.”
“E antes que de allá partiese, avía perndido al grand cacique Caonaboa, e a un hermano e a su un su fijo de fasta diez años, no en pelea, salvo desque los aseguró; e después diz que dixo que los traía a ver al rey e a la reina, para después volverlos en su onrra e estado. Traía al Caonaboa e a un su hermano de fasta treinta e cinco años, a quien puso por nonbre don Diego, e a un moçuelo sobrino suyo, fijo de otro hermano. E murióse el Caonaboa en la mar, o de dolencia o de poco placer. Traía un collar el dicho don Diego, hermano de Caonaboa, de oro, que fazía el almirante poner cuando entrava por las cibdades o logares, fechao a eslabones de cadena, que pesava seiscientos castellanos; el cual yo vi e tomé en mis manos, e tuve por huéspedes en mi casa al obispo don Juan de Fonseca e al almirante e al dicho don Diego”.

Casas nº 8 y 10, c/ Andrés Bernáldez (Antigua del Hospital). Foto: Miguel Sánchez Martín, 2014.

2.-La casa de Bernáldez en el siglo XIX.

a) Eduardo Antón Rodríguez, 1864.

En La Guía del Viagero (sic) por el Ferrocarril de Sevilla a Cádiz, editada en 1864, Eduardo Antón Rodríguez da el emplazamiento exacto de la morada del bachiller, “calle del Hospital con el número 10, manzana 32, cuartel A moderno”, comentando que era una lástima la situación de abandono en la que se encontraba donde viviera el insigne cronista de Los Reyes Católicos:

 “En frente de la puerta del S. de la parroquia, á 6 metros de esta, se halla la antigua casa que fué propiedad y morada del cura de los Palacios, Bernardo Hernaldez, célebre y fecundo cronista, amigo íntimo de Cristobal Colón, á quien tuvo hospedado en ella varias veces en su paso desde el convento de la Rábida á Granada, cuando mendigaba los recursos necesarios para llevar á cabo la asombrosa espedición que había de agregar un mundo á los dominios de Castilla. Está situada en la calle del Hospital con el número 10, manzana 32, cuartel A moderno. Dentro de pocos años se buscará en vano la mansión que dio albergue al ilustre genovés: en el año próximo pasado (1863) se ha hundido el tejado de la parte N. de la casa, sin que nadie haya pensado en reponerlo, y desde el centro de la iglesia se ven los tres arcos interiores.  Aunque la ocupa algun vecino, es tal su deterioro, que la parte habitable y habitada amenaza venirse abajo muy pronto. Es sensible que la Diputación provincial de Sevilla, contando como cuenta en su seno muchas personas de reconocida ilustración, no haya procurado conservar este edificio, mucho más cuando podia habilitarse para escuela la parte baja del mismo, toda vez que el local destinado en el día á "...dicho objeto, e, mas bien que otra cosa, una cuadra de malas condiciones.  De este modo se legaba á la posteridad una muestra del respeto que se merecen los grandes hombres, y se llenaba un deber sagrado trasladando la escuela de niños á un punto desahogado y conveniente. Al  visitar nosotros la casa que habitaron Hernaldez y Colon, no pudimos por menos de recordar las siguientes palabras de Jouy: "Los sitios habitados en otro tiempo por los hombres ilustres escitan grandes y generosos recuerdos, y con razon se ha comparado la fama que les sigue, á aquellas preciosas esencias que llenan el espacio y se evaporan difícilmente"”.  

Perfil de Los Palacios. La Guía del Viagero (sic) por el Ferrocarril de Sevilla a Cádiz,
de Eduardo Antón Rodríguez, 1864.


       Eduardo Antón se quejaba de la falta de sensibilidad tanto de las autoridades locales como provinciales (diputación) por la dejadez y falta de cuidado del lugar histórico en el que vivió Andrés Bernáldez.

b) Manuel Pérez y Jiménez, 1870.

Años más tarde, el que fuera párroco de Santa María La Blanca desde 1851 a 1874, don Manuel Pérez y Jiménez, escribe una carta contestando a la petición de información de la sociedad de Bibliógrafos Andaluces en el año 1870, donde comenta la existencia de un trozo de lápida que habría estado situada en la casa de Andrés Bernáldez, y en la que aparecía el nombre de Colón, recordando de esa manera el acontecimiento:
“Desgraciadamente no se conserva ya estas partidas, pero se conserva la tradición en esta villa de haber habitado Bernáldez y parado Colón en una casa contigua a la iglesia, señalada con el número 10 de la calle del Hospital, en la cuál yo he encontrado un trozo de mármol que parece pertenecer a una inscripción conmemorativa del Colón, cuyo nombre casi por completo y la inicial de su apellido se leen en dicho trozo.”


4.-La casa de Bernáldez en el siglo XX.

a) Joaquín Romero Murube, 1954.

No le fue ajena la existencia de la casa del Bernáldez al insigne palaciego Joaquín Romero Murube, haciendo referencia de ella en Pueblo Lejano y comentando, además, la existencia de la anteriormente mencionada lápida o inscripción y los motivos de su desaparición…
 “Se conserva intacta la casa en que vivió Andrés Bernáldez, en la callecita estrecha que forma la iglesia con la parte más antigua del pueblo, casi en la esquina de la calle llamada del Paraíso. ¡Calle del Paraíso!. La casa era pobre y blanquísima de cal. Allí recibió la visita de Cristóbal Colón, cuando el navegante pedía ayuda y consejos para su genial aventura descubridora. Lo recordaba una lapidilla de mármol que lucía sobre el dintel de la puerta. Los frente-populistas la hicieron añicos la tarde del 18 de julio de 1936. No ha vuelto a ser restituida”.

C/ Andrés Bernáldez (Antigua del Hospital) de oeste a este. Foto: Miguel Sánchez Martín, 2017.


b)  Andrés Vázquez, en 1957.

El 11 de septiembre de 1957 en las páginas del diario ABC de Sevilla, José Andrés Vázquez escribía: “Recorremos los sitios que contaron los pasos del preclaro cronista, y aún nos detuvimos ante la casa que fue su posible habitación, sita en la calle del Hospital, número 10, a trasmano de la iglesia advocada a Nuestra Señora de las Nieves…”. 

C/ Andrés Bernáldez (Antigua del Hospital). Foto: Serrano.
Publicada en el diario ABC de Sevilla, 11 septiembre de 1957.


No obstante, la foto que acompaña al texto de Vázquez no se corresponde con la casa de Andrés Bernáldez. La fachada que aparece en la ilustración pertenece a la casa situada en la otra punta de la calle, muy cercana del portón que daba acceso al patio de caballos de la antigua Casa Palacio del Atalayuela y que hace esquina con la calle Alfonso XI.


c) Alfonso Mauriño, en 1986.

El palaciego Alfonso Mauriño publica en febrero de 1986, en la revista editada por la Diputación Provincial de Sevilla, el artículo “El cura de Los Palacios historiador del descubrimiento” en el que dice: “Rodrigo Caro, comprobó que Andrés Bernáldez habitó una casa contigua a la iglesia en el núm. 10 de la calle del Hospital, donde durante muchos años estuvo puesta una lápida de mármol, que decía que allí se hospedó Cristóbal Colón y que fue acompañado del hijo del cacique Caonaboa”.

En el texto redactado por Alfonso Mauriño  se vuelve a hacer referencia a la ubicación exacta de la casa de Andrés Bernáldez, indicando la existencia de una lápida con letras grabadas que hacían referencia a la efemérides de la visita del Almirante y su séquito. No obstante, se aprecia cierta incorrección en el mensaje que transcribía la referida losa, ya que según los escritos de Bernáldez acompañaron a Colón el hermano y sobrino del cacique y no el hijo.

Derribo de la casa nº 8-10 de la c/ Andrés Bernáldez (Antigua del Hospital)
Foto: Javier Parejo, año 1983. Publicada en la Revista Los Cuatro Vientos.


d) V Centenario de Villafranca de la Marisma, en 2002.

En el año 2002, coincidiendo con la celebración del V Centenario de Villafranca de la Marisma, se instaló un azulejo en la fachada lateral del nº 8 de la calle Andrés Bernáldez, coincidente con el nº 10 que aparece en los diferentes documentos. En la referida cerámica aparece grabada la imagen de Andrés Bernáldez y el texto de Joaquín Romero Murube, recordando el lugar emblemático e histórico en el que está colocada:

 “Se conserva intacta la casa en que vivió Andrés Bernáldez, en la callecita estrecha que forma la iglesia con la parte más antigua del pueblo, casi en la esquina de la calle llamada del Paraíso”.

Foto: Miguel Sánchez Martín, 2017.


Patrimonio Cultural de Los Palacios y Villafranca, herencia colectiva, lo que da identidad, origen y continuidad a nuestro pueblo…


Miguel Sánchez Martín, noviembre de 2017






BIBLIOGRAFÍA:

1.- Bernáldez, Andrés. Memorias del Reinado de los Reyes Católicos. Edición y estudio de Manuel Gómez-Moreno y Juan de M. Carriazo. Madrid, 1962.

2.- Eduardo Antón Rodríguez. Guía del Viagero (sic) por el Ferrocarril de Sevilla a Cadiz. Sevilla, 1864.

3.-Antonio Cruzado González. Evolución histórica de Los Palacios y Villafranca, 1994.

4.- Revista Los Cuatro Vientos, nº 20. Los Palacios y Villafranca, 1983

5.- Joaquín Romero Murube. Pueblo Lejano. Ínsula, 1954.

6.- José Andrés Vázquez. Diario ABC de Sevilla, 11 de septiembre de 1957.

7.- Alfonso Mauriño. Revista Diputación de Sevilla, febrero de 1986.

8.-Varios. Retratos del pueblo Volumen II. Los Palacios y Villafranca, 1993.

9.-Fotos de Miguel Sánchez Marín, fachada casa nº 8-10, calle Andrés Bernáldez.  2017

Sala de Plenos en el antiguo Ayuntamiento de Los Palacios y Villafranca

La sala de plenos del antiguo Ayuntamiento de Los Palacios y Villafranca, situado en la calle Real, fue obra del ebanista y carpintero palaciego Manuel Cruzado Masdeu, padre de Antonio Cruzado Pérez, carpintero, funcionario jubilado del Ayuntamiento y restaurador del arca de las tres llaves de Villafranca de la Marisma. Los bocetos y dibujos de los muebles que vistieron la sala de juntas del Consistorio palaciego, de mediados del siglo XX, fueron realizados por el artista local Jaime Murube Murube.


La realización de los bancos, sillas, tarima, recubrimiento de las paredes, apliques, etc… se materializó en los primeros años de la década de los 50, aproximadamente en el año 1952.

Foto-1: Principio de los años 70. Foto cedida a Searus por Manuel Visglerio Romero.


Para la fabricación de los muebles, entarimado y zócalo, se empleó como materia prima la madera de castaño, un material noble que se distingue por su durabilidad natural, resistencia a la podredumbre y muy ventajosa cuando se usa  para realizar tarimas. Es fácil de trabajar, que gana belleza con el paso de los años y presenta mucho aguante al ataque de los xilófagos.

Disponemos de dos fotos del antiguo salón de plenos, realizadas aproximadamente a comienzos de los años 70, gracias a las cuales nos hacemos la idea real de su distribución y dimensión aproximada.

Las paredes de la sala estaban revestidas, a media altura, de la misma madera de castaño que se emplearía para fabricar los muebles, así como la superficie del suelo. Los pupitres-mesas se disponían en forma de “U”, a razón de cinco mesas-pupitres para cada lateral y frontal de la estructura, formando un conjunto homogéneo de una sola pieza. En total, cómodamente, podían ubicarse unas quince personas en la bancada destinada a los ediles, aunque según nos han informado eran once los que componían el ente municipal de Los Palacios y Villafranca en aquella época. En el espacio interior se situaba una mesa con dos sillas, para los escribientes, y cerrando la configuración una pequeña barandilla, con abertura de acceso en el centro. El público y las personas invitadas se acomodaban en bancos, con respaldo, que normalmente se situaban fuera de la distribución anteriormente señalada y descrita.

En ocasiones, cuando el tema lo requería, se modificaba y cambiaba el reparto del mobiliario de la sala. Los bancos, situados en el exterior de la estructura, eran dispuestos en el interior de la formación en “U”, retirando para ello la mesa para uso de los copistas, consiguiéndose de esa manera que el público o invitados estuviesen más cerca de los ediles, aumentando así el aforo de la sala. 

Foto-2: Principio de los años 70. Foto cedida a Searus por Manuel Visglerio Romero


En la foto nº1, presumiblemente tomada en el transcurso de una sesión de pleno ordinario, se muestra el lateral izquierdo y frontal de la sala con los pupitres, además de una mesa y dos sillas, barandilla, recubrimiento de paredes, apliques, entarimado y figura del Sagrado Corazón Entronizado.

En la zona frontal se aprecia un escudo, en el interior de un círculo, tallado en la madera. No obstante, la calidad de la imagen no propicia verlo con nitidez.
La escena que recoge la foto nº 2 fue materializada durante la celebración de una sesión extraordinaria, oficiada por la visita de Alberto Leyva Rey, Gobernador Civil de la Provincia. Deducimos lo anterior porque el sillón del Alcalde-Presidente de la Corporación Municipal ha sido cedido al Gobernador, situándose a su derecha Bartolomé Visglerio, Alcalde de Los Palacios y Villafranca en aquellos años. Los bancos con respaldo, para los invitados, están colocados en el interior de la estructura, habiéndose retirado la mesa y sillas de los escribanos. La imagen es complementaria a la que se observa en la foto nº 1, ya que se aprecia el lateral derecho de la sala y nuevamente la zona frontal de pupitres.

En las paredes se disponen apliques de madera, con forma de escudo, proporcionando cada uno tres puntos de luz. También se advierten en la foto nº 2, no así en la nº 1, un par de ventiladores situados en las esquinas del fondo de la habitación, por lo que deducimos que la imagen fue tomada en época estival.  

En el año 1953 Los Palacios y Villafranca volvió a usar su escudo, debido al nuevo reglamento, de 1952, en el que se especificaba que los Ayuntamientos debían tener escudo de armas propio para poder diferenciarse de las demás entidades locales. El mencionado distintivo fue realizado por el artista Jaime Murube Murube, diseñador también de la Sala Capitular. Aunque no se ve en las dos fotos presentadas, nos han comentado que el emblema del pueblo estaba tallado en madera y fue realizado por Manuel Cruzado Masdeu.

Julio Mayo con el escudo dibujado por Jaime Murube en 1953.
Foto de Fernando Rodríguez Murube, publicada en ABC.

El salón de plenos estaba presidido por una escultura del Sagrado Corazón de Jesús sentado en su trono, de respetables dimensiones según se precia en las fotografías, situado sobre manto de terciopelo rojo que cubre parte de la pared tras el sillón de la presidencia. En la parte superior central de la fachada del edificio del Ayuntamiento, hoy Casa de la Cultura, existe también un retablo cerámico con la figura del Sagrado Corazón, rematado en su parte superior por una pequeña cornisa o techumbre de tejas vidriadas y armazón de hierro. Ambas imágenes datan del año 1940, cuando La Gestora Municipal acepta la invitación del Rvdo. Padre Ayala, misionero, a propuesta y avalado por el Gobernador Civil de la Provincia, para consagrar oficialmente el Ayuntamiento y el pueblo al Sagrado Corazón de Jesús.

         El proceso de consagración del municipio culminó con el traslado procesional de la talla del Sagrado Corazón de Jesús desde la Parroquia Santa María la Blanca al Ayuntamiento, donde fue entronizado presidiendo la Sala Capitular, lugar que ocupó hasta finales de los años 70. También se colocaría  en la fachada del edificio un azulejo plano pintado de 0,80 m. x 1,20 m. (aprox.) del Sagrado Corazón de Jesús, fabricado por Mensaque Rodríguez y Cía. Sevilla, cerámica que aún permanece. A los actos participaron las autoridades del pueblo y fueron presididos por Cipriano Fernández de Angulo, Gobernador Civil Accidental de la Provincia de Sevilla en el año 1940.

Edificio del antiguo Ayuntamiento.
Foto: Searus

Edificio del antiguo Ayuntamiento.
Foto: Searus

Retablo en la fachada de la Casa de la Cultura,
edificio del antiguo Ayuntamiento. Foto: Searus.

Sagrado Corazón de Jesús.
Foto: Retablo Cerámico.

Nos comentan que el conjunto de los elementos de madera existentes en la sala de juntas desde los primeros años de la década de los 50, se encontraban relativamente en buen estado en el momento de su derribo, salvo el entarimado, que presentaba síntomas de carcoma debido al suelo del edificio, causante de la infección.

En el artículo “Construcción del nuevo Ayuntamiento” de la sección Urbanismo, publicado en el nº 16 del Boletín La Unión, año 1987, se decía: “Haciendo un poco de historia se hace necesario recordar, que la actual Casa Ayuntamiento está en total ruina, atacada en su estructura por termitas y carcomas, que su posible reordenación interior pasa por la práctica demolición del edificio con la excepción del paramento de fachada, por otro lado no está excesivamente bien conservada, y que su actual solar es poco adecuado e insuficiente desde una perspectiva de futuro, baste indicar la desproporción entre ancho y fondo y la limitación de su superficie construida”.

El nuevo edificio del Ayuntamiento de Los Palacios y Villafranca, situado en la Plaza de Andalucía, estaba provisto de una amplia y moderna sala para juntas, con mobiliario preciso y capacidad para acoger a más de cien personas y los veintiún concejales y técnicos necesarios para el desarrollo de los plenos municipales. Esto contribuyó al abandono, desecho y derribo de los muebles de madera de castaño que durante más de medio siglo formaron parte de la Sala Capitular del municipio, además del deterioro existente en parte de los antiguos muebles…

Salón de plenos del actual Ayuntamiento de Los Palacios y Vfca.
Foto: Searus, 2012.


Salón de plenos del actual Ayuntamiento de Los Palacios y Vfca.
Inicio del Curso Académico del Aula de la Experiencia.
Foto: Uvitelonline, 2014.

Edificio del nuevo Ayuntamiento de Los Palacios y Villafranca,
construido en el año 1986. Foto: Searus, año 2017.


Miguel Sánchez Martín, Junio de 2017



BIBLIOGRAFÍA.

1.-Fotos nº 1 y 2. Manuel Visglerio Romero.
2.-Foto del escudo de Los Palacios y Villafranca, publicado en el diario ABC de Sevilla. Fernando Rodríguez Murube.
3.-Evolución Histórica de Los Palacios y Villafranca. Tomo II, 2007. Antonio Cruzado González.
4.-Diario ABC de Sevilla, 17 de febrero de 1940.
5.-Diario ABC de Sevilla, 13 de julio de 1994.
6.-Foto del Sagrado Corazón de Jesús. Retablo Cerámico.
7.-Boletín municipal “La Unión”, nº 16, año 1987.
8.-Notas tomadas de “Escudo de Los Palacios y Villafranca, evolución”.

Arca de las tres llaves de Villafranca de la Marisma

Arca de las tres llaves de Villafranca de la Marisma. Baúl de madera de cedro, del 1640 aproximadamente, construido con seis piezas enterizas, restaurado por el palaciego Antonio Cruzado Pérez. Se utilizaba para guardar los ingresos del arrendamiento de las tierras comunales de Villafranca de las Marismas, con los que debían pagar a los marqueses de “Vallermoso y Paterna”, que fueron los prestamistas en la compra de la jurisdicción. De esa manera impidieron que el Duque de Arcos, señor de la vecina población de Los Palacios, comprase la villa y sus habitantes a Felipe IV. Por su libertad, los vecinos tuvieron que pagar más de nueve millones de maravedíes. El arca poseía tres llaves, que eran custodiadas por el alcalde una, el concejal de mayor edad otra y la tercera por un vecino de reconocida honradez. En la actualidad se encuentra expuesto en el pasillo de recepción de la Casa de la Cultura. Patrimonio histórico de Los Palacios y Villafranca.

Arca de las tres llaves de Villafranca de la Marisma


ARCAS DE TRES LLAVES, HISTORIA Y USOS A LOS QUE SE DESTINABAN.
Las arcas cerradas con llaves han sido muy usadas a lo largo de la historia para custodiar de forma segura valores diversos. En concreto, las arcas de tres llaves han sido utilizadas tradicionalmente en España para guardar tanto dinero como documentos. La historia Moderna de la Archivística Española acostumbró a identificar archivo con arca de tres llaves. Comprensible dado que está documentado que en numerosos lugares se usaba este tipo de continente para guardar documentación. No obstante, tanto expertos en Numismática como en Historia Económica relacionan el arca de tres llaves con un baúl donde se custodiaba y guardaba dinero, recaudación municipal, estatal, etc.  Aún se sigue usando con el mismo sentido la frase que se usaba a principios del siglo XVIII, “hacer arcas”, que según el Diccionario de la Lengua Castellana, 1726, significaba “abrirlas en las tesorerías con asistencia de los claveros, para recibir o entregar alguna cantidad”. Por tanto, amabas líneas de estudio tienen su parte de razón.

El arca de las tres llaves era la antigua “caja fuerte” de los concejos municipales, donde se guardaban todo tipo de documentación valiosa. Su nombre se debía porque, como su nombre indica, tenía tres llaves que quedaban en posesión de tres personas responsables del ayuntamiento que por regla general eran el alcalde, el secretario y el tesorero. Cada uno tenía una de las llaves que de forma mancomunada podía abrir el arca, aunque ninguno de ellos podría hacerlo sin la llave de los otros dos. Al finalizar los mandatos se entregaban las llaves a los sucesores, no sin antes comprobar que no faltaba nada en el cofre. Se aseguraba así que nadie hubiese “metido la mano” y que los documentos, cartas, órdenes reales o dineros, que formaban parte del patrimonio de las villas, permanecían.

Desde el reinado de los Reyes Católicos, siguiendo una costumbre medieval usada en las universidades, en los pueblos y municipios existía el denominado “Arca de privilegios” o “Arca de las tres llaves”. Las compilaciones legales de la época (la primera edición de la Nueva Recopilación se imprimió en 1567), aludían a las arcas de tres llaves en dos sentidos. Uno refiriéndose a los incipientes archivos, cuando en 1567 las autoridades mandaban en la Nueva Recopilación de leyes “que hagan arca donde estén los privilegios y escrituras del concejo a buen recaudo, que a lo menos tengan tres llaves, y la una la tenga la justicia y la otra uno de los regidores y la otra el escribano del concejo”. Básicamente, esos requerimientos respondían al modelo dictado por los Reyes Católicos en la pragmática dada en junio de 1500 en Sevilla. En el mismo sentido, Castillo de Bobadilla en su Política para corregidores (1597) especificaba que las escrituras y los privilegios del pueblo estuvieran “en un archivo o arca con tres cerraduras”.

El otro sentido con que la Nueva Recopilación de leyes aludía al arca de tres llaves era el uso dinerario. La compilación recogía también una disposición dada por Felipe II que decía: “mandamos que en cada lugar haya una arca de tres llaves diferentes en la parte más cómoda y segura que al ayuntamiento le pareciere, en la cual se meta todo el dinero que tuviere el pósito”. Bobadilla, por su parte, también hablaba del arca del dinero del pósito como “el arca con tres llaves”.

Este sistema obligaba a los ayuntamientos y concejos a tener un arca destinada a Archivo y a efectuar inventarios de los documentos en ella depositados. Debían reunirse el alcalde, uno de los regidores y el escribano del concejo, y los tres, cada uno con su llave y por riguroso orden, abrían las tres cerraduras que destapaban los papeles fundamentales para la vida local: Privilegios Reales, Fueros, Pragmáticas, Reales Órdenes, Cuentas de Propios,…la vida escrita de la comunidad: la fe pública de sus derechos, de sus bienes, de su vida. Pocos sabían leer y entre ellos pocos escribir, pero todos eran conscientes de la importancia del Arca y de su contenido.

Este sistema estuvo en vigor durante varios siglos. El derrumbe del Antiguo Régimen, a principios del siglo XIX, inutilizó o privó de valor legal a una parte de la documentación de los archivos municipales y favoreció su arrinconamiento en los peores lugares del Ayuntamiento o en casas de vecinos; cuando no determinó su destrucción por falta de medios para custodiarla.



EL ARCA DE LAS TRES LLAVES DE VILLAFRANCA DE LA MARISMA.

El 15 de enero de 1626, siendo Rey de España Felipe IV, se promulgó una Cédula Real en la que se dictaban normas para la venta por parte de la Corona de 20.000 vasallos. Meses más tarde, en abril de 1626, se publica una nueva Célula para completar y modificar algunos apartados de la promulgada en enero debido a la falta acuciante de liquidez de la Hacienda Real. Entre los aspectos que se dictan está el de la venta de los términos con sus correspondientes vasallos.

Estas Células Reales propiciaron que la Casa de Arcos y señor de Los Palacios comprase por 9.352.500 maravedíes de plata doble, el 2 de junio de 1631, la villa de Villafranca de la Marisma con sus vecinos (237) y su término (86 millones de varas cuadradas).

No obstante, los afrentados ciudadanos de Villafranca de la Marisma alegaron derecho de tanteo y puja por su libertad, acciones que les fue concedida por el Real Concejo de Hacienda a la vista que la petición de los vecinos era acorde con el contenido de las Reales Células promulgadas en 1626. De tal forma, los vecinos de Villafranca de la Marisma depositaron en El Real Concejo de Hacienda, el 4 de agosto de 1637, los 7.149.000 maravedíes de plata doble que el Duque había pagado hasta la fecha por la compra de Villafranca de la Marisma, fecha por tanto en la que los vecinos toman posesión de sus propias vidas, de su libertad. Aún restaba por abonar la diferencia hasta completar los 9.352.500 maravedíes más un dos por ciento para indemnizar al Duque de Arcos, que era quien había realizado la primera puja, suma que se abonaría en el transcurso del siguiente año. Formalizado el pago íntegro más los intereses y gastos, fueron confirmadas y entregadas las escrituras de exención y venta de jurisdicción el día 7 de octubre de 1637.

En el año 2008, la Delegación de Cultura del Ayuntamiento de Los Palacios y Villafranca, siendo concejal de Cultura Claudio Maestre, procedió a recuperar la pieza de enorme valor y significado histórico para la villa de Villafranca de la Marisma y por extensión al pueblo de Los Palacios y Villafranca en la actualidad.

Foto tomada de Arte Sacro.

El trabajo de restauración fue obra de Antonio Cruzado Pérez, de 70 años de edad y trabajador jubilado del Ayuntamiento. Antonio, de familia de carpinteros ebanistas, trabajando en ratos libres consiguió dejar la pieza en su estado prácticamente casi original: “Lo he lijado hasta dejarlo en su estado primitivo, ha enlazado sus piezas enterizas y lo he encerado con cera virgen. La madera es de gran durabilidad, por lo que no necesita tratamiento para su conservación. El herraje es el original, salvo algunos clavos”. Según comentó el restaurador, Antonio Cruzado Pérez, el arca aunque de aspecto sobrio, es de madera de cedro que es un material noble para la época en la que se fabricó. Formada por seis piezas enterizas, lo que le lleva a suponer que procedían de un mismo árbol, enorme por otra parte. La forma en la que se ensamblan sus partes se encuentra en desuso, por la dificultad que entraña su trabajo, desde hace más de 200 años. En su restauración se mantuvieron la disposición y la forma de sus cerraduras y asas. En el interior existía un compartimento y un pequeño secreter, que podrían servir para guardar documentos y libros de cuentas.

Cerradura del arca de las tres llaves.


El día de la presentación del arca, al público, Antonio comentó que ésta le había perseguido toda su vida, desde que la vio por primera vez en el antiguo ayuntamiento cuando solo siete años y siguió persiguiéndolo cuando años más tarde cuando su padre lo restauró, colocándoles unas alzas para resguardarlo de la humedad. “En el traslado al actual consistorio estuvo a punto de perderse, pero pudo recuperarse a tiempo”, comentó con enorme satisfacción el restaurador palaciego.

Vistas de las alzas y de las tres llaves.


El historiador local Antonio Cruzado González, primo del restaurador, colaboró activamente en la recuperación del mencionado objeto patrimonial y en su estudio. En el acto de presentación al pueblo comentó que “el arca fue construida aproximadamente en el año 1640, alrededor de tres años después de que les fueran confirmadas y entregadas las escrituras de exención y venta de jurisdicción a los vecinos de Villafranca de la Marisma. Para hacer frente al pago de la deuda que los vecinos de Villafranca de la Marisma habían contraído se autorizó al Concejo Local a arrendar tres mil fanegas de tierras comunales, obligándoles a que el dinero que se ingresase por dicho concepto debía depositarse en un arca”.
Vista frontal del arca de las tres llaves de Villafranca de la Marisma

El cronista de la villa también explicó que el arca disponía de tres llaves, que quedaban a recaudo de los denominados claveros: El alcalde, el concejal de mayor edad y un vecino de reconocida honradez. También aclaró que en el archivo Municipal se conserva un libro de cuentas del año 1709, en el que se nombra a los claveros de aquella época.