SEARUS en la Coordinadora Municipal de Cultura


La Asociación Cultural SEARUS
en la  
Coordinadora Municipal de Cultura


            Con la llegada del equipo de Gobierno del P.C.E al Ayuntamiento de Los Palacios y Villafranca, tras las primeras elecciones locales democráticas, la Delegada de Cultura Dña. Mercedes Román Begines y el Delegado de Deportes D. José Moral Ayala decidieron crear un foro donde los Grupos Culturales, Deportivos y Sociales del pueblo tuvieran un lugar donde compartieran inquietudes, actividades y experiencias, coordinando las diversas actividades que en aquel tiempo se organizaban en nuestra localidad. También fue una manera distinta de gestionar, entre todas las entidades integrantes de la denominada Coordinadora Municipal de Cultura y Deportes y las propias Delegaciones Implicadas, el escaso presupuesto destinado a Cultura y Deportes.

          Los grupos integrantes de la Coordinadora contaban con un representante, legalmente nombrado y elegido por sus respectivas asociaciones, con voz y voto en las reuniones que regularmente se  planificaban y que eran convocadas y notificadas desde el propio Ayuntamiento. Las referidas Delegaciones, al igual que los grupos culturales, contaban con un sólo voto. Los respectivos Delegados de Cultura y Deportes asistían normalmente a las referidas reuniones convocadas, no delegando en otras personas su representación.

          Además de planificar el calendario cultural existente en aquellos años en el pueblo y organizar actividades propias de la Coordinadora, las Delegaciones concedieron el poder a la Comisión de gestionar y decidir sobre las partidas económicas destinadas a subvencionar las actividades generales o particulares que se organizaban en Los Palacios y Villafranca.

          La solicitud de subvenciones económicas por parte de los grupos culturales de la localidad, destinadas a la realización de actividades propias, eran solicitadas a la Comisión y gestionadas en el seno de ésta. Dichas solicitudes eran analizadas, estudiadas, debatidas, consensuadas y aprobadas por las Delegaciones y los Grupos Culturales mediante votación o consenso.

          Las citadas reuniones se celebraban en el salón de actos y proyecciones con el que contaba la Biblioteca Pública “Obispo Ramos de Lora” en la primera planta del edificio, lugar en el que hoy se encuentra ubicado el plató de la Televisión Local de Los Palacios y Villafranca.

          Se potenciaron y animaron las actividades que cada grupo solía organizar tradicionalmente, además de impulsar la creación de otras organizadas desde la propia Coordinadora, en la que todas las asociaciones colaboraban activamente en su realización. Buena prueba de ello fue la realización de la Semana Cultural Popular (que no tuvo mucho éxito), donde cada grupo colaboró aportando actividades y proyectos a realizar en la misma. Se organizaron obras de teatro, festivales de música flok, recitales de poesía y guitarra, festival flamenco, proyecciones de películas, marchas en bicicleta al parque de La Corchuela y Poblados, desfiles de gigantes y cabezudos, carreras populares como el I Cros popular de Los Palacios (germen de lo que hoy es la Media Maratón Sevilla-Los Palacios) y que estuvo organizado por la Delegación de Deportes y la Asociación Cultural Searus, etc. También se activaron y potenciaron los concursos de exornos de casetas en la feria y de las cruces de mayo, etc.

           La idea de Searus nunca fue favorable a la realización de actividades nuevas y postizas, mientras que las ya tradicionales de cada grupo no estuviesen asentadas y consolidadas, como se aprecia en la crítica que la Asociación efectúa a la realización de la Primera Semana Cultural Popular (Nº 15 de la Revista Searus, editada en mayo de 1980), y que solapaba la Semana Cultural que tradicionalmente venía organizando, en otoño, el Grupo Cultural Triquitraque.


          Entre los grupos integrantes de aquella Coordinadora, que animó la vida cultural y asociativa de nuestro pueblo, caben destacar a la Asociación Cultural Searus, al Cine Club de Los Palacios, al Grupo Cultural Triquitraque, al Grupo para la defensa de la Naturaleza ANEA y al Grupo de Teatro Pedro Pérez Fernández, entre otros.
         

          Cuando la Delegada de Cultura cesó en sus funciones, debido al cambio de gobierno municipal, la coordinadora desapareció, sin más explicaciones conocidas…. Mas adelante se pretendió crear el Consejo Local de La Juventud, del que la Asociación Cultural Searus también sería miembro permanente… 

Ana María Garrido Padilla, 2º Premio Poesía Searus-2009


ANA MARÍA GARRIDO PADILLA

Nota Biográfica

           Licenciada en Ciencias de la Información, rama periodismo, por la Universidad Complutense de Madrid.

PREMIOS:
Primer Premio del Certamen de Poesía de la Universidad Popular de Alcorcón (1993). Tercer Premio del Certamen de Poesía de la Asociación de Mujeres Progresistas (AMPPI) (1997). Primer Premio del Certamen de Poesía AMPPI (Años 1999, 2003, 2004, 2008). Primer Premio del Certamen de Poesía Pronta de la Feria del Libro de Alcorcón (2001). Primer Premio del Certamen de Poesía de la Universidad Popular de Alcorcón (2002). Segundo Premio del Certamen de Poesía AMPPI (2000, 2002). Primer Premio del XI Certamen Nacional de Poesía Mística “Martín Descalzo”, Valdemoro (Madrid) (2002, 2005). Primer Premio del XVI Certamen de Poesía “Manuel Ordóñez”, Higuera de la Sierra (Huelva) (2009). Botijo de Oro de las XLIII Justas Poéticas de la Ciudad de Dueñas (Palencia) (2009).

PUBLICACIONES:
“A veces alguien pasa”, Editorial Verbo Azul (2001). ¿Qué me quieres”, Editorial Verbo Azul (2004). “Burbuja” (En colaboración), Editorial Verbo Azul (2004). “A la espalda del agua”, Editorial Verbo Azul (2008). “Una década de poesía en la Universidad Popular de Alcorcón” (2003). “El libro infantil de Verbo Azul”, Editorial Verbo Azul (2007). “El libro infantil de Verbo Azul II”, Editorial Verbo Azul (2008). “Para que él se llamara Ángel González”, libro colectivo en homenaje a Ángel González, editado por el Ayuntamiento de Alcorcón (2008). Libro homenaje a Miguel Hernández editado en colaboración por el Ayuntamiento de Alcorcón y la Asociación Literaria “Verbo Azul”.

REVISTAS:
ÁLORA, LA BIEN CERCADA, de Álora (Málaga), cuyo último número, en el que también colaboró, homenaje a la poesía búlgara, fue presentado en febrero de 2009 en el Instituto Cervantes de Madrid. EL SÍNDROME FELINO (Revista digital). PAN DE TRIGO, del grupo literario del mismo nombre de La Solana (Ciudad Real). LA HOJA AZUL EN BLANCO. ASTROFUERTE.

INTERNET:
EL CALLEJÓN DEL HAMBRE (Programa de radio). ULTRAVERSAL. DESDE EL ALMA. EL SÍNDROME FELINO. POETAS EN EL AIRE.

Noviembre de 2010




Obra: “LA PIEL DE LOS MEMBRILLOS”
2º Premio, XXXII  Certamen de Poesía Searus, 2009




                                   “Fui poniéndole nombre a cada cosa
                              mientras tuve
                              prestada la inocencia”
                                                 Vicente MARTÍN

                              “De tanto se de voz, me están naciendo
                              Alondras de palabras en los labios”
                                       Celia BAUTISTA IGLESISAS




ANTES del mar,
temblaban las estrellas
y el grito de la piedra sobre el aire.
Antes del mar,
la voz en carne viva
desnuda en un desierto de palabras.




EL PEZ sabe que existe
porque a voces
se mira en los perfiles de la lluvia
detrás de la ventana.
El mar no es suficiente:
tal vez tengan razón las azucenas.




PROCLAMO la inocencia de los sauces,
el vértigo del agua,
la certeza tenaz de los balcones.
Y escribo
como si las palabras fueran otras,
como si no tuvieran memoria
los espejos
ni el peso de tu nombre.
Junto a mi boca tiembla
el corazón de un pájaro.




VOY a esperar que vuelvan las libélulas.
Decídselo a las nubes por si quieren
cambiar la contraseña de los pájaros.

Aquí, junto a mi casa, debajo de la higuera,
he plantado otra vez los girasoles
y algún tiempo desnudo
                                       por si llueve.




QUISIMOS clausurar la primavera.
Nada sabemos del tedio de la rosa.




          VOVERÉ a ser de luz,
          como las nubes,
a la espalda del ángel.
Volveré  a ser de luz y de ceniza
como un vuelo de alondras por los labios.
Volveré
como vuelve septiembre a los cerezos,
a tiempo de abrigar a tumba abierta
esta lluvia de sol bajo los párpados.




                              “El gato en uniforme de paloma ha rasgado la luz
                                                                     y ha muerto un ángel”
                                                                     Juan José ALCOLEA.



          Yo no sé si me quedan mil preguntas
cansadas de gritar entre las manos,
o si guardo,
                    a punto de suicidio,
algún cielo de estrellas de mi infancia.
Mas sé, porque saberlo es necesario,
que aún florecen de luna
los estanques, y a su sombra
se duermen las cigüeñas.
Y es que a veces es cierto que la noche,
en creciente de anémonas en celo,
desviste las miradas y los ojos,
y llena como en luto las acequias
al tiempo de rendirse en el poema.




          NUNCA esperé la noche,
se me vino de bruces a las manos.
Y dibujé la niebla agazapada
sobre un charcote vidrios y de peces,
y en el quicio del agua,
                              la derrota
y el gozo de abrigar entre los dedos
la piel de los membrillos.




          NO HAY NADA más allá de las palabras,
más allá del cansancio absurdo de este cuerpo
en duelo vertical con los cipreses.
No hay nada más allá, ni la memoria,
ni el ruido de los años que escribieron
el nombre de las cosas.
Me acostumbré a vivir en este abismo
de flores amarillas,
a esperar cada noche sobre el pecho
las últimas abejas.

          No hay nada más allá, ni la inocencia.

Sabed que se han dormido los espejos,
que velan mansamente las estrellas
el minúsculo invierno de los peces.




ELLOS saben de mí,
siguen mi rastro,
mi sombra,
me vigilan.




LO QUE SUCEDE es cierto
al menos mientras tanto.
Para que nada cambie
es preciso advertir a las ballenas
y establecer los límites.




          EN MI RINCÓN PEQUEÑO

          A VECES la transparencia
trae  un aire nervioso de cigarra,
una quietud decrépita y desnuda al filo de la tarde.
Y es que,      a ratos,
nos muerde la prisa en los balcones,
la tormenta en los ojos
y en el cilicio cansado de la lluvia
detrás de las violetas.
En mi rincón pequeño apenas hay paredes
para escribir tu nombre,
para gritar tu nombre
como gritan cautivas las gaviotas,
apenas hay refugio
para unos cuantos versos
y el miedo de perderme
como se pierde el sol entre los álamos.
Pero te quiero tanto todavía
que temo haber firmado
de nuevo sin remedio
mi inestable equilibrio con la muerte.




          HOY NO PUEDO LLORAR

          HOY es cierto que traigo como arena
la palabra desnuda entre los labios
y este temblor de fiebre en los cristales.
Porque toda la piel es necesaria
para abrigar la luz de los espejos,
y parece más dulce esta certeza de octubre
en los membrillos.

Hoy no puedo llorar, que aún encuentro
alondras de poniente es las pupilas.




          ES PRECISO

          ES PRECISO explicar a los cipreses la
medida del aire por sus ramas, el peso de la luz
y la paciencia finita de la tierra. Pero no hay quien
pregunte, quien se atreva a exigir el pago de las
horas, la boca de la envidia, el esquivo argumento
de los peces. Es preciso, digamos, aprender de
lo efímero, plantarte cara al sol y esperar que
despierten cada noche las últimas luciérnagas,
mientras suena a escondidas, muy despacio, una
sonata trágica de Hahler.




                              LA MIRADA DEL ÁNGEL
                              Apuntes para una poética


          HUMEDECED las sílabas del aire,
la piel del unicornio,
la furtiva memoria de las cosas,
y estableced los límites.

Dejad que duerman
su exilio los galápagos.




          LOS DEMÁS ES SILENCIO

          OS DEJO la ternura,
la mirada del sol sobre los charcos
y el vértigo abisal de las tormentas.
Lo demás es silencio,
jirones de costumbre en los colmillos.
Pobre riqueza acaso
para llevar la cuenta de los días,
memoria de la sangre
en la contradicción de los espejos.
Y es que ahora me duele la certeza
antigua de estos años
cosidos a la piel de los delfines.

Si recordáis mi nombre,
decídselo a la lluvia,
oficiad la liturgia de los peces.
Lo demás es silencio todavía.




          EN UN RINCÓN,
                          la tarde.
Canta un mirlo.
Me basta con saberme
a salvo de la vida.




          FE DE VIDA

          ABOMINO del orden,
de las noches azules,
de la herética sonrisa de los muertos,
mas sé que he de vivir
aunque no guarde memoria de lo sido.
Debo permanecer en este absurdo
destierro de los días
y acariciar la voz de los coyotes.
Alguien vendrá
debajo del olvido.




          TODA LA LUZ se duerme al fondo del silencio.
Es inútil rendirse,
las mañanas aún guardan las vocales tendidas
y el tacto transparente de las cosas.




          LO SUPE desde siempre:
los inviernos regresan a morir
con los lagartos.
Y es que a veces se escriben mariposas
al pie de los cristales
y hay un temblor azul por las naranjas
y un crepúsculo dulce por los labios.
Lo cierto es que amanece todavía,
que me siguen creciendo las palabras,
que todos los abismos
me interrogan
al sur de los disfraces.

Lo supe desde siempre
las gaviotas regresan a morir sobre su playa.




          ERA UN CÍRCULO el sol,
de azogue el aire:
una gota de tiempo detenido.
Y entre las sombras,
gris,
la tarde nueva
y un rumor de ceniza
por los labios.




                                       “pero esto no es la vida,
                                       es un pensamiento de la vida”
                                                           Basilio SÁNCHEZ



          HAY UN CIELO pequeño donde viven
casi todos los pájaros.
Hay un cielo distinto al final de la lluvia,
en los ojos del agua,
más allá
del perfil azul de las cometas.
Hay un cielo a la sombra de los gatos,
en la tibia erosión de las aulagas,
en la temeridad de los aleros.
Para quien nada sabe, la piel es suficiente.
Basta abrirle lucernas a la vida.




          FUERON OTROS los ecos
del sol que comenzaba.
Un relámpago apenas,
un enjambre de bocas sumergidas
al borde del espanto.
Y el signo puesto en pie.
Y la palabra.




          TODAS LAS VOCES pueden ser la misma,
el verso,
la hoja seca,
el rumor de la sangre en los violines.
Porque la piedra quiere hacerse piedra.
Y seguir esperando.

Margarita Arroyo, 1º Premio Poesía Searus-2009


MARGARITA ARROYO

Nota Biográfica

          M. Concepción Fernández, “Margarita Arroyo”, es farmacéutica y profesora universitaria de cursos para posgraduados, tiene abierta consulta privada como psicoterapeuta y realiza trabajos de peritaciones caligráficas oficiales.

Libros publicados:
          “Reducida apalabra” (1983). “El yelmo y sus adornos” (dos ediciones 1984 y 1985). “Sin mirar a los lados” (1988). “Trilogía de la palabra, el yelmo y la mirada” (1997). “El albarelo de la cruz lisada” (1999) (prosa). “La gran aventura de León Felipe” (Dos ediciones, 2006 y 2007) (prosa).

Premios concedidos:
          “Francisco de Quevedo” 1984. “Hernán Esquío” 1985. “Medalla de Poesía Nueva Gente” 1985. “Premio AEFLA” 1986. “Mini-hucha de Oro” 1986. “Hucha de Plata” 1986. “Ibn Jafaya” 1987. “Hucha de Plata” 1988. “Clarín” 1992. “Medalla del Ateneo de Madrid” 1993. “Quijote” 1997. “Río Henares” 1998. “Alcaraván” 1998. “Searus” 2009. Hija adoptiva de Fontiveros.


Noviembre de 2010




Obra: “YA NUNCA IRÉ A CONSTANTINOPLA”
1º Premio, XXXII  Certamen de Poesía Searus, 2009




I

A ti
que siempre conservaste esa gracia fructífera
de ser una ventana
abierta
y encendida.



II

Ardías entre el romero aquella tarde
como torre, como arco, como ángel.
Estabas con tal vida,
con los pies tan asentados en la tierra
que, con una imprecación, maldije.
Y aún me dije:
No puede irse ahora.
Es imposible.
Pero me equivoqué.
Me equivoqué.
Me equivoqué.



III

Tus ojos se escondieron en la noche
no sé si con nostalgia
o con asombro.
Hacía tiempo que no deseabas los goznes
de aquellas horas de hierro
y dejaste que fluyera mansamente la silenciosa trocha
para estar
          al otro lado del dolor;
exactamente muerto.



AQUEL DÍA

Aquel día no hubo
hecatombes ni eclipses
ni cayeron los santos
tristes de su hornacina,
fuera de aquella alcoba
-¿cómo era posible?-
Se sucedía todo
igual que cualquier día.
Pero sobre la sábana
él se fue transformando
y se fueron haciendo
sus manos como arena,
como guijarros fríos
su pecho poderoso,
viento su cráneo, un viento
febril y apresurado
que abandonó la almohada
dejándonos muy solos.
Esto sucedió un día
un día desalmado
que quisiera olvidar
y tengo en la memoria
clavado como un dolmen
en mitad de la nada,
como señal cruel
de peligro incesante
que anuda mi garganta
con un frío que ahoga.

¿Cómo cayó una torre
tan poderosa y cierta?

Hoy muchas horas tienen
un regusto de asombro,
de soledad indigna,
de miedo controlado,
que sin querer me hacen
cerrar las escotillas.
Los corredores suenan
como viejas campanas,
como yunques partidos,
perdidos para el golpe.
Los senderos se fueron
encerrando en sí mismos
sicarios oficiosos
de quien lo arrebataba.
La luz se hizo un nudo,
una madeja informe,
un agua ardiente y fiera
que escocía en los ojos.

Pero no dices Tú
la última palabra.
No sellarás su boca
con invencible lacre,
con tu fuego canalla
de acetileno triste,
con tu sonrisa fatua
de quien todo lo puede.
Y ahora quiero que sepas:
sólo a nosotros vences,
a los que te quisimos,
a los que le queremos
porque nadie se queda
contigo para siempre.

Ahora escúchame, Muerte:
Tú, la Sola,
la Sola,
la Sola por los siglos,
la Sola eternamente,
no conservas ya nada
de lo que arrebataste.
Y tras la podredumbre
de tu pecho sin nombre
él canta donde nunca
podrías alcanzarle.



V

Tal serenidad advierto en tu mirada
que mi dolor me asombra
y no sé qué decirme.
Pero tú me sonríes
y callas
y acaso me haces señas
mientras recompongo mi soledad
en esta orilla.



VI

Estás de pié
me miras y sonríes
y nada te pregunto, nada inquiero.
El tiempo vuelve atrás por un instante
y yo no sé por qué
no me abrazo a tu sombra dulcemente.



VII

No importan las preguntas.
Ahora estás
y es suficiente en estos días
de carencia absoluta de tus manos,
de ausencia de tu nombre.
Sé que estás; solamente.
Y como una columna tú sostienes la tarde
para mi triste corazón
para esta playa desbocada, umbría,
porque nada más que tus ojos existen
en días tan ciegos.



VIII

A veces te alejas soñando el camino,
te vuelves levemente,
con la mirada invitas
hasta ofrecer confianza y paz en esta ruta
que tú conoces ya perfectamente.



IX

No tiraré de ti.
Todo ya está cumplido,
pero aún así, permíteme que añore
el tacto de tu mano en mi sonrisa.



X

Toda el agua del mar podría haber cabido
en tus años de cal.
De amargo cal y canto.
Pero no consentiste que ni por un momento
el azogue te arrastrase a la pena
royera tus tablones
o te hundiera acogedoramente en la penumbra.



XI

Tu pequeño jardín estaba en paz,
de flores amarillas encendido,
tan alegre moteado de blanco
que una gran dentellada de rencor
me invadió
por sentir tanta vida en tanta muerte.



XII

La herida estaba abierta
y tú pesaste.
Apenas una mirada de soslayo
para reconvenirme,
para que no olvidase y amara de otra forma:
lejana,
serena,
dulcemente.



XIII

Te pesaba en el hombro la mano azul de Dios
pero decías:
“El jefe siempre sabe por qué hace las cosas”;
y tu mirada tenía un más allá encendido
que no pudieron arrancarte
ni el dolor
ni el cansancio
ni la pena.



XIV

Háblame de los ángeles, te dije,
Cuéntame
de sus pechos de alumbre,
de su estirpe,
de sus insomnes palabras,
de su dicha,
del crepitar terrible de sus bocas,
de si nuestro fervor llega hasta ellos.
Tú respondiste: “Todavía no”
Y yo me enfadé con tu corazón
-tan olvidadizo-
que cuando aún me mirabas con tus ojos
prometiste contestar a mis preguntas.



XV

A veces soy tan tonta que me olvido
de cosas cotidianas
e importantes.
Es por eso ¿sabes? que sin querer me digo:
“Habré de darle esta noticia”
“le llevaré este libro”
o “le llamaré para decirle…”
Y entonces
me sabe a mar la boca al acordarme
de que has muerto.



XVI

Ya nunca iré a Constantinopla.
Ya no podré
enseñarte Dolmabache, ni esa mezquita
tan azul,
candorosa y magnífica.
El estrecho con su oro y su plata
sabrá que nunca te conduje a su presencia
y el día que regrese
habrá de recibirme con reproche
porque nunca,
nunca pude llevarte hasta su puerta.