Hacienda de Ibarburo, abandonada a su suerte...


HACIENDA DE IBARBURU
Hacienda de Ibarburu, también se la ha denominado San Miguel de Miravalle; Hacienda de San Lorenzo de Miravalle.
Presentamos un amplio reportaje fotográfico en el que se muestra la realidad en la que se encuentra la Hacienda Ibarburu, después de unos meses desde que se “levantó la liebre” de su estado de abandono y el expolio a la que viene siendo sometida desde hace más de una década.
Dejamos constancia de documentos escritos por diferentes medios de información, publicados en 2006, 2013, 2017 y 2018, y de la información que el Instituto de Patrimonio Histórico de la Junta de Andalucía tiene publicada en su web y en los que ya se alertaba del abandono de la Hacienda…








Nos ponemos en situación…
Hacienda Ibarburu, situada en el km 558 de la N-IV en su intersección con la AP-4, en el término municipal de Dos Hermanas. La hacienda es levantada, tal como la conocemos en la actualidad, en torno al año 1748, si bien sus orígenes se remontan al siglo XVII. La hacienda debe su nombre a la familia de Ibarburu, comerciantes vascos de larga tradición que en el siglo XVII inician sus negocios de exportación de vinos, aceites y aguardientes a las Indias Occidentales. Esta familia adquiere la hacienda en 1702 denominándola Hacienda de San Lorenzo de Miravalles, aunque por su sobrenombre, Ibarburu, es por el que se la conoce popularmente; siendo adquirida en 1903 por la familia Pickman. “Conserva, a pesar de su abandono, importantes elementos antiguos como el patio central, la casa noble  de dos plantas con arcadas que daban al antiguo jardín. También pueden apreciarse los restos de la capilla totalmente abandonada y que en días no muy lejanos albergó auténticas obras de arte. La nave del lagar también se mantiene en estado primitivo y en la Almazara aún se conserva la torre contrapeso para dos vigas, las naves, el almacén de las tinajas y la prensa completa con el husillo y las demás piezas que componen el conjunto. Adosada a estas naves están la nave del molino y lo que queda de  la gañanía”. En el año 2002 fue declarada Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento Histórico Artístico. Documentación: Patrimonio Inmueble de Andalucía; Dos Hermanas cuenta; hemeroteca ABC de Sevilla, 13/01/2006.


















































































Patrimonio Inmueble de Andalucía
Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico
Consejería de Cultura.




Foto de María Luisa Melero, 1997


Descripción
“La Hacienda Ibarburu se encuentra situada en las inmediaciones del casco urbano de la localidad nazarena, en un pago homónimo y rodeado de otras haciendas como la Bertendona o los Molinos del Maestre, de la cuales se sitúa equidistante. Su acceso se realiza desde la Carretera Nacional IV de Madrid a Cádiz en el kilómetro 557, cerca del cruce de la carretera con la autopista Sevilla-Cádiz. Es un inmueble que presenta una tipología rural, configurada en torno a diferentes patios alrededor de los cuales se organizan dos zonas principales: la zona de labor y la de señorío.
El conjunto edilicio presenta un arquitectura muy horizontal, destacando volúmenes verticales como la torre de la viga, la torre-mirador, la espadaña de la portada principal y los tejados a dos aguas.
El patio de labor es un espacio de grandes proporciones que presenta un empedrado en toda su superficie. En el centro de este espacio abierto se encuentra una fuente circular con un pilar en el centro, realizada en ladrillo que, por su estructura, puede servir de abrevadero. Es el primer espacio abierto de distribución que presenta el inmueble en planta para su ordenación, al que asoman las dependencias destinadas a vivienda para los caseros, caballerizas, naves para el ganado, gañanías y cocheras.
Las caballerizas, de planta rectangular, están cubiertas por una techumbre de vigas de madera sostenida por columnas de mármol con capiteles de pencas, y en ellas se distribuyen las diferentes cuadras, en las que destacan los pesebres.
La nave para el ganado estabulado y cosechas ocupa en planta la totalidad del flanco Noroeste. Comunica con el patio de labor mediante varios vanos, de diferentes tipologías. Construida mediante la colocación de doble línea de pilares de sección cuadrada de aristas rematadas que sostienen una prolongada sucesión de catorce arcos de medio punto en los que resaltan la líneas de las impostas. Todo este espacio queda cubierto en la parte intermedia con una techumbre de madera a dos aguas y en las laterales con cubiertas del mismo material en colgadizo.
La zona de la hacienda destinada a señorío ocupa el flanco opuesto al patio de labor. Presenta en parte de su fachada una doble arquería de arcos rebajados sobre columnas de mármol, que conecta con la torre mirador que se encuentra situada en ángulo, que es de planta cuadrada y tiene en el segundo piso un balcón en cada uno de sus frentes. En la parte posterior de esta vivienda señorial se encuentra un patio ajardinado de planta cuadrada con una pequeña fuente octogonal en el centro. Éste se presenta acotado en dos de sus lados por un muro de cerramiento, permitiendo la conexión con otro de los patios dedicado a las funciones agrícolas en la parte trasera del inmueble, al que asoma un doble pórtico de arcos de medio punto sobre pilares de sección cuadrangular.
Al exterior, la fachada principal, de gran desarrollo horizontal, se encuentra dividida por la presencia de la portada principal, único elemento vertical del conjunto, la cual se divide en dos cuerpos: El inferior, formado por un vano de medio punto enmarcado entre dos pilastras de orden toscano que sostienen el entablamento decorado con figuras geométricas; y el superior, formado por una espadaña, con campana y el nombre de la hacienda, rematada por un frontón triangular. En ambos se establece un criterio de alternancia cromática que resalta sus elementos y realza la composición. Esta portada contrasta con el resto de la construcción ya que en ella se conjugan soluciones típicas de edificios urbanos, encontrándose insertada en un edificio con destino agrícola en un medo rural.
El resto de las fachadas del inmueble son de carácter mucho más funcional, de ahí el reparto desordenado de los vanos que responden a la distribución interna del inmueble. La fachada Noroeste presenta en todo su recorrido un sistema de contrafuertes, resaltados en color almagra, que contrastan con el encalado del resto del muro, del que sobresale una torre mirador, mientras que la fachada Suroeste presenta sólo un muro de cerramiento de mediana altura que ejerce de límite para el jardín doméstico y los corrales de la parte posterior.
En cuanto a los materiales y sistemas constructivos, la Hacienda Ibarburu presenta un esquema de construcción muy homogéneo en todas las partes del inmueble. La estructura portante se resuelve mediante muros de carga de fábrica de ladrillo, enfoscados y pintados. Sobre éstos se dispone la armadura de madera de soporte de la cubierta, que en las dependencias auxiliares se deja vista, con correas de madera y tablero del mismo material sobre el que se dispone la cubrición de teja cerámica curva. En las dependencias que presentan dos plantas, el forjado es también de viguetas de madera con tablero del mismo material, relleno y solería sobre éste. La peculiaridad más destacada de este edificio radica en el color almagra que se ha aplicado a la totalidad de sus muros, marcando un juego con la alternancia del blanco reservado para la línea de cornisas y los ribetes de los vanos.
Datos Históricos
La hacienda Ibarburu representa un caso de importancia tanto por la extensión de su planta como por los caracteres de singularidad que presenta. Resulta igualmente de máximo interés la viga de prensa que se conserva en buen estado.
Levantada en torno al año 1748, según mantiene Sancho Corbacho, y según un azulejo cerámico del patio, este inmueble responde completamente a un tipo arquitectónico que prolifera en un momento de gran esplendor de la economía rural, que motivó el desplazamiento de las clases acomodadas y la aristocracia desde las ciudades al ámbito rural. Por esta causa, las empresas arquitectónicas que promoverían en este nuevo medio trasladarían los esquemas arquitectónicos propios de la arquitectura palaciega, generalmente derivados de la arquitectura del siglo XVII y los motivos decorativos del barroco dieciochesco. Esta influencia ocuparía partes muy concretas dentro del conjunto de edificaciones que componen una hacienda, generalmente en portadas, miradores, y otros elementos como marcos de vanos, etc. En la zona dedicada a señorío, por su carácter de mayor nobleza, estos esquemas se presentan en su máxima expresión, siendo el lugar en el que los motivos decorativos inundan las fachadas e interiores con interés de resaltar la zona de habitación de las dedicadas a labores.
Los valores etnológicos que conserva este marco arquitectónico deben identificarse con la generalidad de la propia actividad, desarrollada tanto en este inmueble concreto como en tantos otros del mismo tipo y finalidad. Por otra parte, las peculiaridades históricas que valorarían particularmente este inmueble son de escasa relevancia debido a la falta de fuentes documentales que, como en la mayoría de estos monumentos, no se hacen patentes en los archivos de carácter histórico. En cierta medida, este hecho está motivado por el carácter espontáneo del desarrollo de la actividad constructiva en el momento de la fundación como inmueble de tal uso. Si bien, en la mayoría de los casos responden a trayectorias históricas de gran antigüedad conectando con raíces que presentan su origen en la Edad Media y, en ocasiones, desde la antigüedad.”



Nuria Pérez Campaña.
ABC de Sevilla.
13 de enero de 2006.

“Nuevos usos de ocio para la hacienda Ibarburu de dos Hermanas”
“El caserío, de la familia Pickman, será rehabilitado para prestar servicios de celebraciones u hostería mientras que el centro cultural La Almona verá ampliada sus salas de exposiciones y restaurado su torreón”
La hacienda Ibarburu de Dos Hermanas, declarada Bien de Interés Cultural con la categoría de Monumento Histórico Artístico en 2002, será rehabilitada tras años de deterioro y advertencias de peligro de derrumbamiento.
Una modificación reciente del Plan General de Ordenación Urbana en los suelos del Sector Sur de la ciudad, permitirá a los propietarios de la hacienda, la familia Pickman, descendientes de los fundadores de la fábrica de cerámica «La Cartuja», revitalizar el caserío y su entorno.
Vecinos y entidades culturales han denunciado en varias ocasiones el estado deficiente de la edificación, del siglo XVIII, aunque desde la Delegación Provincial de Cultura de la Junta de Andalucía se advirtió ayer que «la obligación de salvaguardar la hacienda corresponde en todo momento a sus propietarios, y de otro lado, se pueden establecer convenios de subvenciones en el caso de que sus dueños no puedan, pero no hemos recibido ninguna petición al respecto».
De momento, el Ayuntamiento ha aprobado dar a la zona un uso terciario «pero algo ligero que no afecte al patrimonio cultural y sea rentable económicamente a sus herederos para que les permita acondicionarla», explicaron fuentes municipales que adelantaron la posibilidad de que el conjunto de edificaciones pueda acoger un salón de celebraciones o incluso «un pequeño hotel».
Y es que la hacienda de Ibarburu, situada en la Carretera Nacional IV km 558, antes llamada San Lorenzo de Miravalle, es un ejemplo arquitectónico destacado de las fincas de olivar del ámbito sevillano convertible, como el resto de las haciendas nazarenas (Montelirio, Los Molinos o Torre de Doña María), en un lugar privilegiado de celebración. Una lápida fecha el caserío en 1748, en su actual aspecto, con un patio, un mirador y seis arcos de la casa señorial, así como una reja de la cárcel del Pópulo, azulejos y piezas arqueológicas, y un reloj de sol de piedra fechado en 1701.
Otro de los proyectos inmediatos subrayados por la Delegación de Cultura es la ampliación del centro cultural La Almona, que verá aumentada con tres plantas, su superficie en 1.500 metros cuadrados para complementar las dos naves actuales. Se acoplarán, además de tres nuevas salas -de servicios, salón de actos y exposición ligera-, las oficinas de la delegación que se trasladarán desde Huerta Palacios.
Restauración de la torre
El plan, ideado por los arquitectos Ignacio Crespo y José María Boza, y presupuestado en tres millones de euros a fijar en 2007, contempla también la restauración de la torre contrapeso del edificio. Román dijo confiar al respecto, en la participación del delegado provincial de Cultura, Bernardo Bueno, con el que mantuvo ayer «una reunión de trabajo» para sacar adelante proyectos como el Museo del Olivo en la Hacienda de Quintos, que costará unos cinco millones de euros y cuyo objetivo pasa por incorporarse a la Red de Museos de Andalucía.
Asimismo, Román señaló que se pondrá en marcha, de aquí a al mes de junio, la Escuela de Artes Escénicas de Flamenco en el centro educativo Torre de los Herberos, en la zona sur del municipio, planificada para el pasado año y que ahora ve la luz a través de un convenio con la Peña Juan Talega, responsable del equipo.



La Hacienda roja
Dos Hermanas cuenta.
Publicado en junio de 2013

“Apenas salimos de Dos Hermanas en dirección hacia Los Palacios por la nacional IV podemos contemplar, a la derecha,  la imponente silueta de la Hacienda de Ibarburu con sus anchos muros pintados de almagra que la distinguen de las otras por su cálido color.
Cuentan que sus orígenes se remontan al siglo XVII, cuando pertenecía a la heredad de la Serrezuela.
Datos sobre Ibarburu y sobre otras haciendas de interés en nuestra localidad pueden encontrarse en el libro: “Las haciendas de Olivar de Dos Hermanas” de Mª Cruz Aguilar, Mecedes Gamero y María Parias (disponible en la Biblioteca Pública Municipal)
Gracias a esta importante labor de investigación aportamos los siguientes datos:
La hacienda debe su nombre a la familia de Ibarburu, comerciantes vascos de larga tradición que en el siglo XVII inician sus negocios de exportación de vinos, aceites y aguardientes a las Indias Occidentales. Esta familia adquiere la hacienda en 1702 denominándola Hacienda de San Lorenzo de Miravalles, si bien su sobrenombre, Ibarburu, es el que ha predominado popularmente hasta nuestros días.
Según el Catastro de Ensenada del SXVIII en el interior de la finca existían varias viviendas, un molino de aceite, almacenes, bodega con viga y lagar y caldera de arrope.
En 1903 la hacienda es comprada por Guillermo Pickman y Pickman.
Los Pickman eran comerciantes ingleses asentados en Andalucía desde la época de la guerra de la Independencia, se dedicaron principalmente a la loza y el cristal invirtiendo parte de su fortuna en la compra de fincas agrícolas.
Ibarburu es una de las haciendas más interesantes de Dos Hermanas, conserva- a pesar de su abandono- importantes elementos antiguos como el patio central, la casa noble  de dos plantas con arcadas que daban al antiguo jardín. También pueden apreciarse los restos de la capilla totalmente abandonada y que en días no muy lejanos albergó auténticas obras de arte.
La nave del lagar también se mantiene en estado primitivo y en la Almazara aún se conserva la torre contrapeso para dos vigas, las naves, el almacén de las tinajas y la prensa completa con el husillo y las demás piezas que componen el conjunto. Adosada a estas naves están la nave del molino y lo que queda de  la gañanía.”



“La Hacienda de Ibarburu olvidada, muere poco a poco”
POSTED BY: @CADENA_DH 29 AGOSTO, 2017
“La Hacienda de Ibarburu, edificio del S. XVII se encuentra en un estado deplorable, la familia casera ha sido despedida y no tiene a donde ir, conviven con una plaga de ratas.”

Agosto de 2017. Foto de  Cadena HD



“En el año 2004 IU ya denunció el “deterioro progresivo” que estaba sufriendo la Hacienda, presentando una moción en este sentido en pleno municipal y que fue aprobada por todos los grupos, incluso Francisco Toscano llegó a asegurar que “parece oportuno, que si es posible se lleve a cabo la expropiación” El equipo de Gobierno encargó un informe de la situación de la Hacienda “servicios técnicos y jurídicos trabajaban en el tema”. En el mismo año, el estudio realizado por el Ayuntamiento aseguraba que la Hacienda se encontraba en “muy mal estado”. Una vez conocido los detalles, el concejal de la época, Jose Manuel Carrión aseguró que “lo más probable es que se obligue a los propietarios a acometer obras de reparación”.”
“En 2006 se anunciaba que la Hacienda sería rehabilitada y se realizarían servicios de restauración o celebraciones, nada más se supo. Hoy día la situación es mucho más grave y nadie parece dispuesto a parar la destrucción de una joya olvidada.”
“El matrimonio que se encargaba de cuidar la Hacienda, ha sido despedido por la empresa propietaria, quedando en una situación más que precaria, llegando a estar sin luz y encontrándose sin agua, además de convivir con una plaga de ratas. Personas individuales se han acercado al lugar para llevarles comida y agua. El próximo sábado a las 11 de la mañana el Ateneo Andaluz organizará una visita a la Hacienda para quien quiera conocer de primera mano, en el estado que se encuentra.”



María José Guzmán
Diario de Sevilla
13 de enero de 2018

“Un BIC expoliado y destruido”
“La falta de vigilancia ha facilitado gravísimas destrucciones en la Hacienda Ibarburu, una joya de la arquitectura rural del siglo XVIII situada en Dos Hermanas y en peligro desde hace décadas”
“La Hacienda, situada entre Dos Hermanas y Los Palacios, a pie de la N-IV, es uno de los ejemplos arquitectónicos más destacados de las fincas de olivar del ámbito sevillano. Data del siglo XVIII y ha sido gravemente expoliada en las últimas semanas. Todavía hoy se pueden ver materiales apilados y listos para ser retirados. El principal destrozo que se observa está en la fachada mirador del señorío (residencia noble) que tuvo dos cuerpos con arcadas sobre columnas de mármol genovesas. Una doble logia que ha sido derribada por completo después de que los expoliadores hayan intentado arrancar, quizás con un vehículo de tracción, las columnas de mármol. Muchas de ellas han quedado partidas en el suelo.
Faltan otros elementos, como otras columnas que formaban un lavadero de tres naves, un retablo de azulejería trianera del siglo XVIII representando a San Lorenzo (patrón de la finca) o una reja con heráldica eclesiástica del siglo XVI, entre otros elementos decorativos de acarreo, traídos desde Sevilla por los Pickman desde principios de siglo.
Todavía se conservan algunos fragmentos de frescos en una capilla abandonada. Sobreviven las cuadras con columnas de mármol, la impresionante bodega-lagar y una de las dos almazaras que tuvo, de la que han intentado extraer, sin éxito, alguna de las tinajas enterradas en el suelo. Lo que sí permanece, de momento, es una prensa de viga del molino de aceite.”



Francisco Gil,
El Correo de Andalucía
28 de enero de 2018
“Un cartel advierte: Prohibido el paso. Propiedad privada, mientras una simple cadena trata de mantener cerrada una deteriorada puerta que apenas si se puede mantener en pie.”
“Debido al estado en el que se encuentra, la Asociación de Defensa del Patrimonio Histórico de Andalucía (Adepa) anunciaba el pasado martes, día 23 de enero, la presentación de una denuncia contra el Ayuntamiento de Dos Hermanas y la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía por cuanto estas administraciones «conocían la situación de la hacienda desde el año 2004, realizando dejación de la función de conservación y promoción que le encomienda la Constitución y las leyes de Patrimonio».”
“Esta denuncia se suma a la ya realizada por un historiador y dos arquitectos ante la Policía Nacional, así como otra de la propia Delegación territorial de Cultura tras realizar recientemente una visita a la misma y comprobar el grave estado de deterioro que presenta.”



Retablo Cerámico.

CASA ÁGONZÁLEZ ÁLVAREZ-OSSORIO
“Aunque esta empresa familiar dedicó su actividad principalmente a la venta de materiales de construcción y saneamiento, tuvo una interesante faceta en lo referente a la cerámica artística decorativa y devocional, gracias a dos de sus miembros: Aníbal González y Álvarez-Ossorio, destacado arquitecto sevillano del periodo regionalista (finales del XIX y primer tercio del siglo XX) y su sobrino Cayetano González Gómez, directo colaborador suyo que ejecutó en aquel periodo muchos proyectos y diseños luego realizados en cerámica, aunque terminaría siendo artista polifacético que pasaría a la historia como uno de los grandes orfebres sevillanos del siglo XX.”
Algunas piezas de loza que se encuentran apiladas, parece ser que a punto de ser sustraídas, son de la casa González Álvarez-Ossorio.

“Recogida de basura. Limpieza del Lago de Diego Puerta”


Loable tarea realizada por el bien del medio ambiente y de la comunidad…

Actividad organizada por el Grupo ANEA de Los Palacios y Villafranca y un grupo de jóvenes palaciegos, que ha contado con la colaboración del Ayuntamiento del pueblo.

Un grupo de amigos, de entre 17 y 20 años, que se sienten interesados y movidos por los aspectos ecológidos y el medio ambiente local, se pusieron en contacto con el Grupo ANEA de Los Palacios y Villafranca y llegaron al acuerdo de promover acciones que hiciesen posible la mejora de nuestro entorno. El Grupo Anea acogió bien la idea y surgió el proyecto de limpieza de la zona que circunda la laguna de Diego Puerta.
La actividad que nos ocupa, “Recogida de basura. Limpieza del Lago de Diego Puerta”, se ha organizado en colaboración con el Ayuntamiento palaciego, que se comprometió a ceder dos cubas para depósito de la basura y guantes de trabajo.
Unas cuarenta personas, la mayor parte de ellos jóvenes, acudieron a la llamada realizada para la realización de los trabajos de limpieza. Fue un no parar desde las 9:30 h. hasta las 14:00 h.
Se ha dado un gran paso, aunque en las inmediaciones de la laguna aún permanece una gran cantidad de basura que no se pudo recoger por la falta de medios disponibles.

Animamos a seguir realizando actividades que conciencien y eduquen en el cuidado de la naturaleza, como una misión de tod@s...

Las fotos que se adjuntan han sido cedidas por Lucía Caballero a la Asociación Cultural Searus para su publicación.
















































Las Ferias de la Primera República.


LAS FERIAS DE LA PRIMERA REPÚBLICA
Gracias a casetas como la del Círculo Mercantil, una de las más antiguas del real, se consolidó la influencia de la Inglaterra victoriana en Sevilla

JULIO MAYO
Señala la entrada principal de nuestra feria, una portada monumental que se inspira en antiguas casetas del Círculo Mercantil, en homenaje a la conmemoración de su sesquicentenario aniversario fundacional, después de que sus socios dieran los primeros pasos organizativos en octubre de 1868, coincidiendo con la revolución septembrina. Desde el nacimiento de esta entidad, figuró entre sus propósitos la instalación de una caseta donde poder desarrollar una actividad propia, de eminente carácter socioeconómico. Facilitó la convivencia de integrantes de distintos sectores sociales, en una fiesta de raigambre rural y acogió a personas de la emergente burguesía sevillana, visitantes de otras provincias españolas, y distinguidos extranjeros que venían a vivirla. En aquellos años ya avanzados del siglo XIX, la vida del Mercantil estaba muy cerca del funcionamiento de los clubes londinenses, pues en los atrios de su frecuentada caseta acabaron los británicos por consolidar la Inglaterra victoriana en Sevilla, al tiempo que ayudaron a nuestra ciudad a culminar su tardía Revolución Industrial. A todas aquellas casetas de casinos y sociedades de recreo que existieron cuando la feria permaneció establecida en el Prado de San Sebastián, se debe la reorientación del primitivo carácter ganadero hacia otras formas de esparcimiento lúdico y festivo, después de que contribuyesen a introducir en el recinto a muchos personajes influyentes del momento, que no se hubiesen acercado a él atraídos exclusivamente por el ganado.

En enero de 1870, la sociedad reunida en la Casa Lonja (hoy archivo de Indias y antes Consulado de mercaderes), acuerda establecer su sede en la calle Cuna y formar la junta directiva que presidirá el socio fundador, don Simón Martínez, una vez ya constituida oficialmente ante el Gobierno Civil sevillano, y redactados sus estatutos bajo las pautas políticas que, en materia de economía, anhelaban implantar aquellos burgueses liberales de la ciudad que se agruparon para formar este colectivo, al calor del estallido de la «Gloriosa».

No se había celebrado la sesión inaugural de la sociedad, finalmente organizada el 8 de mayo de 1870, cuando se dio a conocer a los socios, el 6 de abril, que un comerciante había ofrecido la tienda de campaña que poseía alquilada «en el campo de San Sebastián», tal como expresa el acta que nos ha facilitado el profesor José Fernando Gabardón. Por el derecho de entrada, el poseedor de la caseta exigió inicialmente una cantidad económica a cada asistente, aunque sin quedar bien delimitadas las condiciones del disfrute. Por ello, el centro acordó realizar otra propuesta distinta al propietario. A escasos días del inicio de la feria, concretamente el 10 de abril, las dos partes acordaron que los billetes se vendiesen a un precio único por socio, con derecho a los tres días del festejo, sin ninguna restricción.

Casetas de los círculos y sociedades recreativas de la ciudad instaladas en la feria.
Mariano-Mateo de Pablo-Balnco/ABC



Caseta de un antiguo Círculo Mercantil. El recinto ferial acogió desde su nacimiento, en 1847, el montaje de suntuosas tiendas de campaña de diversos casinos. Una litografía de la Biblioteca Nacional, nos muestra la maravillosa creación de los arquitectos Sarazola y Fernández, en 1856. Según la Guía comercial de Gómez Zarzuela, editada uno de aquellos años, la tienda del ya extinguido Círculo tenía dos plantas, y contaba con salones de baile, restaurant, salón de descanso, gabinete de tocador, caballeriza y alguna que otra alcoba más, similar estéticamente a un templete chino o pabellones de las ferias de Madrid, Barcelona, o las exposiciones internacionales de París y Londres. A partir de la revolución de 1868, los estatutos de los círculos y casinos constituidos con anterioridad a aquella etapa política quedaron sin efecto, por lo que el actual Mercantil no fue una continuidad institucional del otro.  




Tres días por 25 reales
El Mercantil se comprometió, con el señor de la caseta, a entregarle el importe total de los carnets que se expidiesen, más los de otros que la entidad adquiriría para compromisos institucionales, hasta llegar a cubrir los gastos de montaje, según explican las actas del propio Círculo. En la revista mercantil sevillana denominada «La Luz», del 15 de abril (Sábado Santo) se introdujo esta nota informativa: «Esta Sociedad, según circular que ha pasado a sus socios, ha hecho un contrato con el dueño de la casilla –nombre que recibían las casetas de antaño– que en la feria se conoce como del Círculo Mercantil, por el cual se facilitan a los socios del primero billetes para los tres días de baile, al precio de 25 reales».

Se instaló la primera caseta el mismo año que llegó el tranvía a la feria (1870), un mes antes de la inauguración oficial de la sociedad, gracias al ofrecimiento realizado por don Leandro Catalina, un empresario de maderas que entonces regentaba el «Almacén del Rey», ubicado en Reyes Católicos.
Este comerciante vinculado a Jerez de la Frontera, mantenía contactos muy cercanos con socios como el propio presidente, don Simón Martínez, dedicado al comercio de la ropa y los tejidos, o don Antonio Olmedo López, un reputado vinatero, dedicado al comercio del vino, que vivía en la actual calle Albareda, junto a su hermano Fernando, el célebre canónigo de la catedral. Las aserradoras formaban parte del conglomerado de empresas auxiliares existentes en torno a la industria vinícola para la que se fabricaban múltiples utensilios bodegueros. Era alcalde presidente de la ciudad el comerciante de la calle Sierpes, don Laureano Rodríguez de las Conchas, socio del Círculo Mercantil y miembro de su directiva, que pasó a ser presidente en 1872 a la muerte del fundador.
En aquella época del Sexenio democrático (1868-1874), proliferaron un buen número de estos Círculos comerciales y económicos que estaban impregnados de un gran trasfondo político. También formaban parte del bando republicano en Sevilla, diversos comerciantes significativos asentados en las calles del centro urbano, que ya conocían bien las nuevas tendencias del positivismo e intentaban aplicar un modelo económico y político parecido al de Inglaterra. En este Centro Mercantil se unieron con el firme propósito de luchar en pro de la mejora comercial de sus negocios y el consecuente progreso económico de la ciudad.

Entre los documentos administrativos y distintos programas originales que se conservan en el Archivo Municipal, consta que la feria se celebraba aún, de modo invariable, los días 18, 19 y 20 de abril (martes, miércoles y jueves de Pascua de Resurrección). Ya contaba con un gran renombre tanto dentro como fuera del país. Todo el Prado presentaba un pintoresco panorama de tiendas confeccionadas a base de amplios y lujosos lienzos, montadas por el propio Ayuntamiento, los cuerpos militares, diferentes familias pudientes y diversos casinos, entre los que se encontraba este Mercantil que nos ocupa. Al margen de los tratos ganaderos, se anunciaban en las horas de la noche espectáculos sorprendentes con profusión de luces que iluminaban el campo, la improvisación de cantes y bailes propios de la tierra, otro tipo de música más estilizada y saraos en los que se disponían bailes de salón. Contaba con buenas vías de comunicación y un transporte muy económico, especialmente desde la inauguración del ferrocarril en 1862, debido a la cercanía de la feria con la estación de trenes. Todo favorecía enormemente la asistencia de los que acudían por recreo y de los que lo hacían por motivos de negocio, pues en el Real se suscitaban considerables operaciones mercantiles. En 1870 fue la primera vez que se amplió la celebración a varias jornadas más, a petición de los propios industriales tras las pérdidas económicas ocasionadas por las lluvias. Lo narra así Francisco Collantes de Terán en sus Crónicas de la feria.

Liquidación de rentas
Varios documentos del Archivo Municipal revelan que el ayuntamiento tuvo que llamarle la atención al dueño de la casilla, don Laureano Catalina, al año siguiente de 1871, por no liquidar a tiempo la renta que le correspondía al Asilo de San Fernando, centro benéfico al que iba destinada la recaudación de una serie de tiendas establecidas en el paseo central del Real. En el mes de marzo, don Leandro no había manifestado al Círculo todavía si volvería a ceder el espacio, según informó «La Luz».
En 1893, el Ayuntamiento promovió la fabricación de un grupo de casetas con mayores dimensiones, y le pidió al Círculo Mercantil que montase la suya a la vera de otros casinos, agrupando así las de este tipo de sociedades. Los gallardetes que ondean en el remate de la actual portada, evocan aquellos que hermoseaban el conjunto de casetas que la comisión de festejos dispuso construir entonces, diseñadas por el arquitecto municipal José Sáez. Sobre sus elementos constructivos y distintos motivos ornamentales, nos ha proporcionado una amplia información César Ramírez, autor de la portada conmemorativa de este año. Debemos al investigador Mariano Mateo de Pablo-Blanco, la fotografía que ilustra nuestro artículo, correspondiente a tales casetas agrupadas que se idearon levantar en 1893.
Cultura inglesa
La madrileña revista semanal de «La ilustración española y americana», fue ofreciendo puntual información sobre los hábitos y costumbres inglesas que la colonia británica trajo a nuestra feria, en unos años en los que Inglaterra era la primera potencia económica mundial. En 1872, la expresada revista menciona a Lord Hamilton, cuyo espectacular yate había permanecido anclado en el Guadalquivir, frente al palacio de San Telmo, durante los días festivos. A los señoritos sevillanos les resultaría prácticamente irresistible emular la elegancia de los caballeros anglosajones. Nos visitó el artista y escritor dramático Alfredo Thompson, que acudió a inspirarse en nuestras costumbres. Arribaban muchos hombres de la política, la banca y la aristocracia. Con independencia de los ingleses, deambulaban también norteamericanos, rusos y alemanes. Muchas de las casillas estaban engalanadas con banderas de todas las naciones.

Los ingleses, a los que les perdía el vino jerezano, trajeron las carreras de caballos, que se celebraban en Tablada, conjugándose las grandes fiestas hípicas con las regatas, adoptadas igualmente de su cultura. En las vísperas de la feria de 1876, días 16 y 17 de abril, se acopló una ancha plataforma en el río, desde la que se presenció la competición náutica. A la feria de aquel año llegó el mismísimo príncipe de Gales, don Eduardo VII, proveniente de Gibraltar. En la documentación histórica que conserva este Círculo Mercantil se constata el grado de implicación que llegaron a alcanzar diversas familias inglesas dentro de la sociedad, entendiéndose así, cómo del juego de la pelota llegó a propiciarse la aparición del Sevilla Foot-Ball Club en 1890.

Aquí no llegó la gran Revolución industrial que tuvo Inglaterra, aunque pudimos engancharnos al carro de la transformación y comercialización de muchos productos agropecuarios, gracias también al incomparable escaparate de una feria que, desde mediados del siglo XIX, consiguió atraer a no pocas personas de toda Europa y América. Su implantación constituyó un impulso categórico, de rango internacional, para Sevilla.
JULIO MAYO ES HISTORIADOR




Publicado el jueves 19 de abril de 2018 en diario ABC de Sevilla y autorizado por Julio Mayo para ser publicado en el blog de la Asociación Cultural Searus.