INFORME DE BIEN PATRIMONIAL Y ETNOGRÁFICO RURAL
Humilladero o Pilar de Camino a San Antonio de Padua
Entre la pedanía de Maribáñez y el Cortijo de Juan Gómez
(término municipal de Los Palacios y Villafranca)
Presentamos el informe de bien Patrimonial y Etnográfico del Humilladero o Pilar de Camino a San Antonio de Padua, situado en el antiguo trazado de la Carretera Nacional IV (N-IV), entre la pedanía de Maribáñez y el Cortijo de Juan Gómez (término municipal de Los Palacios y Villafranca ❤💙💛, Sevilla), del siglo XX (ca. 1955-1970), con un poco de historia…
El elemento corresponde formalmente a un humilladero de pilar o pilar de camino. Se trata de un hito o monolito exento, levantado sobre una base cuadrangular de mampostería y ladrillo. Presenta un cuerpo encalado en color blanco y se remata con un tejado a dos aguas cubierto por teja cerámica vidriada en tono verde. En su frente principal se abre un nicho u hornacina cuadrangular, enmarcado por una moldura oscura, destinado a albergar y proteger la pieza devocional de la intemperie.
El nicho custodia un azulejo cerámico pictórico plano que representa la iconografía clásica de San Antonio de Padua.
El santo aparece de medio cuerpo, ataviado con el hábito marrón de la orden franciscana y el cordón correspondiente. Sostiene sobre su brazo izquierdo al Niño Jesús, quien viste una túnica amarilla.
Por el modelado de las figuras, el uso del difuminado celeste de fondo y la paleta cromática (óxidos de cobalto, manganeso y terracota), la pieza se adscribe a la producción artesanal de los talleres de Triana (Sevilla). El volumen de este tipo de encargos populares en la comarca durante la época sitúa su procedencia, con alta probabilidad, en las factorías de Cerámica de Santa Ana o Cerámica de Montalván. La ausencia de firma frontal es característica de la azulejería de catálogo destinada a exvotos o santuarios particulares de este periodo.
El valor más destacado de este humilladero radica en su consideración como exvoto público o monumento de gratitud. Según la memoria oral de los habitantes de la zona, el pilar fue sufragado y construido por un grupo de viajeros tras sobrevivir milagrosamente y sin heridas a un grave accidente de autobús en este tramo de la carretera N-IV (la histórica "recta de Los Palacios").
A este suceso fundacional se suman otros testimonios similares de conductores locales que salieron ilesos de accidentes en el mismo punto, lo que consolidó el espacio en el imaginario colectivo como un lugar de especial protección espiritual en una de las rutas con mayor concentración de puntos negros de la provincia de Sevilla.



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