Capítulo-11: "Historia y recuerdos de The Barking, grupo pop rock de Los Palacios y Villafranca"

En enero de 1972 el grupo The Barking continuó los viernes, sábados, domingos y días de fiesta actuando en el Racing Club. Los jóvenes solían asistir a los bailes por las tardes, aumentando la asistencia de público por las noches, con lo que normalmente se incorporaba una nueva orquesta, de ayuda, a las denominadas verbenas nocturnas. El conjunto seguía prodigándose y haciendo incursiones musicales en locales de algunos pueblos cercanos a Las Palmas de Gran Canaria.
The Barking en el patio del Racing Club, 1972. Foto: Manuel Rueda.

Comenzadas las fiestas de Carnaval, en febrero, el grupo amenizaba todas las noches los espectáculos que se organizaban en el Club. De lunes a viernes solía acompañar a The Barking una segunda orquesta y los sábados y domingos se unía una tercera, de refuerzo. En el escenario se agolpaban los instrumentos de  los grupos, órganos, baterías, amplificadores, etc, y aunque el lugar era espacioso, el sitio quedaba saturado de cacharros y dispositivos de todo tipo.

En el Racing Club, febrero-marzo de 1972. Foto: Manuel Rueda

Las orquestas “Los Covinas”, “Mejías” y “Viena”, compartieron escenario con The Barking, de manera frecuente, en el Racing Club. “Los Covinas” estaba formada por cinco buenos músicos y mejores personas; la orquesta “Mejías”, integrada por personas mayores, normalmente hacían boleros, chachachá y pasodobles; el trío “Viena” compuesto por tres sargentos del ejército del aire, que tocaban el órgano, la batería y el bajo. Debido a las inoportunas guardias que a veces debían realizar los militares, Manuel Rueda tuvo que sustituir y suplantar en cierta ocasión durante el primer pase al sargento que tocaba el bajo.

Tarjeta de la orquesta “Los Covina”. Foto: Manuel Rueda.
Tarjeta del batería de  “Los Covina”. Foto: Manuel Rueda.
Tarjeta del Presidente del Racing Club de Las Palmas.
Foto: Manuel Rueda.

Iniciadas las fiestas de los Carnavales, mediados de febrero, llegaron de vacaciones a las islas Juan Distinguido (hermano de Guillermo), José Sousa y José Manuel Gasparo. Los tres palaciegos compartieron con sus amigos de The Barking varios días que sin duda guardarán en el recuerdo.

De izquierda a derecha: Joselín González, Juanito Distinguido, José Sousa, Antonio Capellán y Guillermo Distinguido; agachado: Manuel Rueda; detrás: Paco Moral y  José Manuel Gasparo.

Solían frecuentar la sala de fiesta del Racing Club un grupo de gays maquillados  y vestidos de mujeres, que eran fácilmente confundidos con atractivas chicas. Precisamente eso le sucedería a José Sousa, que bailó bien agarrado toda una noche a un gay perfectamente vestido con indumentaria femenina. Los encantos de mujer de aquella persona con larga melena, pechos prominentes (operados) que se dejaban ver por el amplio escote y sus delicadas caderas, confundieron a José que no vio más allá… Fueron los amigos de The Barking quienes advirtieron al palaciego del error que estaba cometiendo, aunque éste no se convenció hasta no agarrar con sus manos “el paquete” que cautelosamente guardaba entre sus piernas el gay… circunstancia que hizo a José dejar de bailar ipso facto con dicha persona.

De Izquierda a derecha: Paco Moral, Guillermo Distinguido, Manuel Rueda, Antonio Capellán y Joselín González; agachados: Juanito Distinguido y José Sousa; Detrás: José Manuel Gasparo.

Manuel, Antonio, Guillermo, Paco y Joselín descubrieron en el Racing Club y durante su estancia en las Islas Canarias aspectos, circunstancias, hechos a los que no estaban acostumbrados ni habían tenido, en la Península, relación directa con ellos. Por la novedad en aquellos años, por la actitud y crispación de algunas personas, alterando sin motivo la convivencia social, nuestros músicos se vieron sorprendidos por el mundo de las drogas, las peleas y riñas en los locales de alterne.

En la sala de fiesta del Racing Club, donde se reunían muchas personas, se producían varias peleas cada noche. El local era frecuentado por boxeadores, algunos de élite como lo fue José Legrá (campeón del mundo de los pesos plumas), muchos púgiles locales que estaban empezando su carrera y con cierta asiduidad por el campeón canario Carlos Viera Montenegro que, como buen boxeador y luchador en todas sus peleas, siempre acostumbraba a dar el primer puñetazo para iniciar la bronca.

Componente de The Barking en el patio del Racing Club. Foto: Manuel Rueda.
Componentes de The Barking en el patio del Racing Club. Foto: Manuel Rueda.

Componentes de The Barking en el patio del Racing Club. Foto: Manuel Rueda.
Componentes de The Barking en el patio del Racing Club. Foto: Manuel Rueda.

No fue frecuente ni normal que los componentes de The Barking se viesen envueltos en riñas y peleas, aunque si es digno de mención el suceso que les ocurrió cierta noche con una persona chulesca, bravucona, instigada por sus “colegas” y bebida. El personaje de marras quiso, a toda costa, subirse al escenario del Racing Club y cantar junto al grupo, a lo que The Barking se negó en rotundo. En represalia, el individuo y su grupo de amiguetes comenzaron a insultar de manera injusta, desproporcionada e hiriente, desde la pista de baile, a los músicos. Los palaciegos intentaron bajar del entarimado para poner fin a los  improperios, pero fueron detenidos y arropados en las escaleras por un numeroso grupo de chicas, impidiendo que se pusiesen a la altura que aquellos indeseables. Rápidamente intervendría los guardias de seguridad de la sala, expulsando del local a los alborotadores. No obstante, con ganas de bronca y pelea, esperaron en la calle hasta el término de la función, aunque nuevamente las fans del grupo evitaron que los palaciegos llegasen a las manos con los fanfarrones y presumidos que sólo buscaban enfrentamientos en todas las fiestas.


Manuel Rueda y Joselín González, 
en el camerino del Racing Club.
The Barking y Juanito Distinguido sentados
 en la puerta de una casa frente al Racing Club.

La adición a las drogas comenzaba a extenderse, en 1972, en muchos colectivos de jóvenes de la isla, algo que en el pueblo aún no había llegado o no se conocía. Los amigos de The Barking se mantuvieron al margen, apoyándose unos en otros, alejándose de las sustancias alucinógenas que con insistencia les ofrecían. Durante los seis meses que los palaciegos vivieron en Canarias, muchas fueron las ocasiones y oportunidades que tuvieron para haber caído en el pozo de las drogas, sustancias que pasaban muy cerca de ellos, ante sus ojos. Gracias a la fuerza de voluntad, al apoyo mutuo y a las propias convicciones, no cayeron en el abismo.

Advirtieron desde el primer momento, The Barking, que era curiosa la forma de bailar de los jóvenes canarios, danzaban siempre igual, fuese la música o estilo que fuese, incluso las sevillanas, dando vueltas por la pista con excesivos movimientos bruscos. Sólo atemperaban y pausaban el meneo en baladas y canciones lentas.

Recordarán siempre los integrantes del grupo su estancia en las Islas Canarias, donde hicieron grandes amistades con los componentes de las distintas orquestas, miembros del Racing, etc. Entre los socios del Club había personas de todas las clases sociales, médicos, odontólogos, periodistas, comerciantes, asalariados, etc., pero todos tenían en común el trabajo durante el día y el disfrute con las fiestas y veladas nocturnas. Siempre tuvieron amigos y conocidos que estuvieron dispuestos a prestar sus vehículos para trasladarlos a cualquier punto de la isla.

The Barking, en “Escaleritas”
(Barrio de Las Palmas). Foto: Manuel Rueda.
The Barking, en “Escaleritas”
(Barrio de Las Palmas). Foto: Manuel Rueda.
The Barking, en “Escaleritas”
(Barrio de Las Palmas). Foto: Manuel Rueda.
The Barking, en “Escaleritas”
(Barrio de Las Palmas). Foto: Manuel Rueda.

El 19 de marzo de 1972, coincidiendo con el final de los Carnavales y Fiestas organizadas en el Racing Club de Las Palmas, The Barking pondría punto y final a su vinculación contractual con la sociedad, después de tres meses de intenso trabajo musical.

 Seis meses habían transcurrido desde que salieron del pueblo, alejados de sus familias y seres queridos y aunque la vida les había sonreído por el trabajo, amistades e integración en la comunidad canaria, The Barking ansiaba el regreso a la Península, a Los Palacios y Villafranca. El miércoles 22 de marzo de 1972 a las 21:00 h. tomaban el barco de la compañía Transmediterránea con destino al puerto de Cádiz, siendo despedidos en el muelle por un numeroso grupo de fans (más de cincuenta), amigos y miembros del Racing Club.

La larga travesía sería sobrellevada durmiendo, visionando las películas  que se proyectaban en el salón principal del navío o almorzando, cenando, etc. en el comedor del barco. En la mañana del viernes 24 de marzo de 1972, Manuel Rueda se pone en contacto con su hermano José mediante una conferencia radiotelefónica. José Rueda trabajaba en aquella época en Gráficas Los Palacios, imprenta de Antonio Gómez. La llamada duraría tres minutos y su coste se elevó a la nada despreciable cantidad de 131,5 pesetas, una fortuna en aquellos años. Manuel Rueda pide a su hermano que contrate los servicios de Emilio “El Cebadero” para que su furgoneta con un conductor los espere en el puerto de Cádiz. Pasadas las 14:30 h. del 24 de marzo, el barco llegaría al muelle, estando el chófer y el vehículo alquilado esperando a los músicos palaciegos para llevarlos, por carretera, de regreso al Pueblo.

Factura de la conferencia radiotelefónica realizada el 24 de marzo de 1972. Foto: Manuel Rueda.


Fotos, documentación, asesoramiento y recuerdos de Manuel Rueda.

M. Sánchez Martín, Asociación Cultural Searus, diciembre de 2015.

Capítulo-10: "Historia y recuerdos de The Barking, grupo de pop rock de Los Palacios y Villafranca"

Manuel Rueda representando al grupo The Barking y Rafael Mateo Ruiz a Espectáculos TEO, viajaron la noche del 2 de octubre de 1971 rumbo a las islas Canarias. Tenían, según la empresa TEO, el compromiso de ser contratados para actuar en una sala de fiestas de Las Palmas de Gran Canaria.

The Barking en el Racing Club, diciembre de 1971. Foto: Manuel Rueda.

Llegaron a las islas al aeropuerto de los Rodeos, permaneciendo en el Puerto de la Cruz un par de días hasta coger el enlace destino a Gran Canaria. En ese tiempo se entrevistaron, en la plaza del Charco, con un representante conocido por Rafael Mateo. En Las Palmas se instalaron en una pensión situada en la calle Alonso Alvarado, junto al parque de San Telmo y se desplazaron hacia la playa de las Canteras, lugar donde supuestamente se hallaba el local donde deberían actuar. Lo que hallaron en la zona les hizo dudar del compromiso que traían desde la Península, ya que el establecimiento se encontraba en obras y en los alrededores no había ni un alma. Descolocados, dudosos, cansados de esperar y hambrientos porque desde su salida de Tenerife no habían probado bocado, decidieron volver a la pensión. De camino a la fonda Manuel compró un par de membrillos y con tanto ímpetu y ansias fue mordido uno de ellos por Rafael, que un diente se le quedaría clavado, para siempre, en la piel de la gamboa.

Esa tarde Manuel Rueda, por indicación de Rafael, se acercó a una sala de fiestas situada en la calle Venegas nº 11 para preguntar al dueño si podía explicar lo sucedido con la sala de fiestas de la paya de las Canteras. El propietario no quiso oír ni hablar de espectáculos TEO y Manuel volvió a la pensión como había salido de ella, sin noticias.

No tenían nada, así que comenzaron a explorar posibles trabajos apoyados en la lista de contactos y relaciones que conservaba Rafael. De esa manera conocieron al padre de una joven bailarina canaria, famosa en la localidad, que fue contratada por TEO para formar parte de un cuadro flamenco sevillano que iba a actuar en el archipiélago. Rafael, por tanto, volvió a Sevilla para preparar el espectáculo flamenco y regresar con ellos a las islas. Pidió prestadas 3.000 pesetas a Manuel, asegurándole que en tres días volvería. El representante no regresó a las islas hasta pasados unos veinte días, pero Manuel nunca recuperó el dinero prestado.

Con poco dinero, sólo, sin haber cerrado ninguna contratación para el grupo, Manuel encontró apoyo en el padre de la joven bailarina contratada por TEO, prestándole 2.000 pesetas cuando le hizo falta para seguir viviendo.

Antonio Capellán, Paco Moral, Guillermo Distinguido y José González llegarían a Las Palmas a finales de octubre, finalizados los compromisos que el grupo aún tenía en la península. Con gran alegría recibió Manuel Rueda a sus compañeros, festejándolo con un suculento almuerzo en el bar de Jeremías. El grupo quedó instalado en la habitación que Manuel ocupaba desde su llegada a Gran Canaria. 

Playa de las Canteras. Foto: Manuel Rueda.

Playa de las Canteras. Foto: Manuel Rueda.

Paseo marítimo, playa de las Canteras. Foto: Manuel Rueda.

The Barking en la playa de las Canteras (Las Palmas de Gran Canaria)
Foto: Manuel Rueda.


Manuel Rueda y Antonio Capellán, como de costumbre, se lanzaron a buscar locales donde poder actuar. Por indicación de algunos residentes se dirigieron a la playa de Maspalomas, en el sur de la isla, situada en el municipio de San Bartolomé de Tirajana, sitio turístico por excelencia. En el lugar conocieron a don Luis, gerente del “Hotel las Arenas”, llegando a un acuerdo encubierto hasta que el director del hotel regresara de vacaciones y legalizase la contratación del conjunto. Es, por tanto, en el “Hotel las Arenas” donde The Barking comenzó a actuar y dar conciertos en Canarias, tocando todas las noches desde las 21:00 h. a 24:00 h. Poco a poco el grupo fue conquistando el cariño y la simpatía de los clientes del hotel, aunque no de todos los turistas. Diariamente una chica alemana cantaba acompañando al conjunto y finalizaba sus actuaciones lanzándose a la piscina del hotel. Una noche, un huésped lanzó huevos y botellines de cristal desde la ventana de su habitación, dando de lleno al órgano con los huevos e impactando un botellín en la cabeza de la mujer. Un acompañante de la joven, micrófono en mano, expresó su malestar e indignación al insensato bárbaro, aunque los palaciegos sólo llegaron a comprender la palabra criminal.

The Barking en la terraza del Hotel Las Arenas.
Imagen tomada por un turista alemán. Foto: Manuel Rueda.

El hotel “Las Arenas” estaba situado en un espacio natural, paradisíaco, con una magnífica playa a menos de 50 metros de las instalaciones. Las Dunas, cercanas al hotel, era lugar donde se practicaba el nudismo. Resultaba curioso a los palaciegos ver, por estar prohibido bañarse desnudos, como los bañistas se vestían rápidamente cada vez que sobrevolaba el lugar los helicópteros de la Guardia Civil.

Cuando en el hotel el trabajo comenzó a decaer el grupo volvió a rastrear locales donde poder actuar, así que Manuel Rueda y Antonio Capellán decidieron ir a Tenerife. En el puerto no pudieron conseguir pasajes para Tenerife, se habían agotado y el nuevo barco no zarpaba hasta dentro de una semana. Esa noche la pasaron en Las Palmas en casa del padre de la bailarina de flamenco. Y nuevamente el azar, el destino, hizo que los amigos se toparan con un cartel publicitario que cambiaría su rumbo en Canarias…En una calle de Las Palmas tropezaron con un anuncio del Racing Club, entidad que ofrecía bailes sociales a su clientela.

The Barking en la acera, frente al Racing Club. Foto: Manuel Rueda.


En el Racing Club, situado en la calle Tecen nº 14,  Manuel y Antonio fueron atendidos por el presidente de la entidad, Julio Zapico Fernández, que ofreció al conjunto The Barking la posibilidad de realizar una prueba. Ese encuentro será el punto de inflexión, el comienzo o inicio de los éxitos para el grupo en Canarias. La prueba realizada el viernes resultó un éxito para el grupo, repitiendo actuaciones el sábado y domingo, tarde y noche. Días después se formalizaría la firma del contrato que unió a The Barking tres meses al Racing Club.

Contrato de The Barking con el Racing Club.
Foto: Manuel Rued
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Los éxitos en el Racing Club propiciaron que el público comparase a The Barking con el grupo isleño Los Canarios, formado en torno al cantante Teddy Bautista (antiguo presidente de la SGAE) y que destacara en los años 60 y 70.

Los palaciegos se caracterizaron por adaptar canciones de forma rápida, haciéndolas suyas; en este sentido, aún recuerdan la anécdota que les ocurrió en el Racing Club. Un muchacho les entregó, una tarde, un disco con la canción “Sing Fool Sing” de la banda Titanic. The Barking, al día siguiente, iniciaría su actuación con la mencionada canción, haciendo dudar a parte del público de si hacían play back. El chico que les proporcionó el disco tuvo que subir al escenario para convencerse que la canción de Titanic estaba tocándose en directo.

The Barking simultaneaba, a veces, actuaciones en el Racing Club con otras en diferentes pueblos de Gran Canaria, aunque para ello siempre pidió permiso al presidente de la Sociedad, a la que les unía un contrato para actuar sábados, domingos y festivos. 

Primera indumentaria de The Barking en el Racing. Foto: Manuel Rueda.

The Barking actuando en el Racing Club, diciembre de 1971. Foto: Manuel Rueda.

The Barking, en las islas, mantuvo relación y gran amistad con los integrantes de la orquesta “Los Covinas”, en especial con Paco Covina, organista del grupo y también con la orquesta “Los Mejías”, representada por el señor Mejías, persona mayor que tocaba el piano. Los palaciegos supieron ganarse el respeto y cariño de todos. Nunca tuvieron problemas para ser trasladados por amigos, en mercedes y los equipos en camionetas, a los pueblos donde daban conciertos. Años más tarde Guillermo Distinguido y Antonio Capellán visitaron varias veces las islas, por ocio, siendo recibidos como hermanos en casa de “Los Covinas”.

Concierto Solidario en favor del boxeador canario Ansua.
Foto: Manuel Rueda.

En Noche Buena los componentes de The Barking estrenaron traje de gala en la actuación que celebraron en el Racing Club. El último día del año 1971, Noche Vieja, por mediación del señor Mejías tocaron en un mesón situado en Tafira Alta, zona residencial de la capital, favorita de la élite financiera y extranjeros adinerados. En el mesón, propiedad de un empresario exportador e importador de licores, se reunió aquella noche la Jet-set de la isla. Los pasodobles, valses, tangos y rock and roll que amenizaron la velada hasta  pasadas las 6 de la mañana,  hicieron que fuese considerada como una actuación memorable. El contrato proporcionó al grupo 40.000 pesetas, una fortuna en aquellos años.

The Barking estrenado los trajes de gala.
 Foto: Manuel Rueda.

Noche Buena del año 1971 en el Racing Club. Foto: Manuel Rueda.


Fotos, documentación, asesoramiento y recuerdos de Manuel Rueda.

M. Sánchez Martín, Asociación Cultural Searus, noviembre de 2015.

Capítulo-9: "Historia y recuerdos de The Barking, grupo de pop rock de Los Palacios y Villafranca"

El carnet emitido por el Sindicado Nacional del Espectáculo para artistas “de circo, variedades y folklore” era obligatorio para cualquier músico profesional de la época. Los músicos aficionados, sin carnet, sólo podían actuar los días de fiesta y fines de semana, el carnet posibilitaba actuaciones todas las fechas del año. Los músicos titulados, con estudios en conservatorio, alcanzaban la acreditación requerida para la obtención del carnet tramitando su solicitud; sin embargo, el resto de músicos debían superar una prueba de actitud ante un tribunal, que examinaba sus dotes en el plano vocal o pericia con el instrumento declarado, realizándose la prueba de forma individual o en grupo, según la circunstancia.

Antonio Capellán, Manuel Rueda, Guillermo Distinguido y Paco Moral

A finales de enero de 1971 los músicos de The Barking realizaron la prueba para la obtención del carnet de músico profesional. Una fría mañana de invierno el grupo accedió, por la puerta trasera, al edificio del antiguo Teatro Álvarez Quintero de Sevilla, lugar donde se realizaban los exámenes. Debido al número de aspirantes que se agolpaban en el recinto, les obligaban hacer cola y esperar turno en la calle, a las puertas del teatro.

Carnet de músico profesional, emitido el 10 de marzo de 1971.
Foto: Manuel Rueda.

Los palaciegos hicieron tiempo en un bar situado en las proximidades del coliseo. Algunos tomaron café, Guillermo café y copa de coñac, y tan larga fue la espera y tantas las copas tomadas por Guillermo que cuando subió al escenario, para realizar la prueba, no atinaba ni encontraba el clavijero para enchufar el jack. No sonaron bien las notas aquella mañana, no fue una buena actuación, aunque salvada gracias a la intervención de un miembro del jurado, representante de artistas, que conocía la valía del grupo y colaboró influyendo en el resto del tribunal para que los integrantes de The Barking obtuviesen el carnet profesional.

La revista publicitaria o catálogo de la agencia ERG, Espectáculos Rufino González J., incluyó al conjunto The Barking en su lista de artistas, compartiendo páginas con Rocío Jurado, Enrique Montoya, La Polaca, Fórmula V, La Camboria, Los Payos, Luciana Wolf, entre otros. Un ejemplo, una muestra de la notoriedad y repercusión que el grupo palaciego estaba consiguiendo.

Revista ERG. Foto: Manuel Rueda
Revista ERG. Foto: Manuel Rueda
Revista ERG. Foto: Manuel Rueda
Revista ERG. Foto: Manuel Rueda
Revista ERG. Foto: Manuel Rueda
Revista ERG. Foto: Manuel Rueda

Varias fueron las personas del pueblo que colaboraron con el grupo en el plano logístico, conduciendo la furgoneta que trasladaba a los músicos y a los instrumentos a los pueblos donde eran contratados. Dependiendo de la disponibilidad de unos u otros, se iban alternando Brenes, Francisco Cid (Nene Puyita), Emilio “El Cebadero”, Campos, Juan Mariscal y José María Cortés o su padre. Aún recuerda José María Cortés (El de la venta) el día que sustituyó a su padre en la conducción de la furgoneta que trasladó a los músicos a Nerva y sobre todo, lo que allí se “ligó”.

The Barking en Nerva. Foto: Manuel Rueda

El conjunto, durante los meses de invierno y primavera, actuó en diferentes clubs de la capital sevillana, repitiendo varias funciones en el Club Alegría, situado en la Avda. de Andalucía frente al actual Centro Comercial “Los Arcos” y en el Club Juventud, en la Avda. de Miraflores.

Una tarde en la que Brenes fue el encargado de trasladar al grupo al Club Juventud sucedió una curiosa anécdota en la que intervino la policía.
En la zona de la Macarena, esperando en un semáforo para realizar un giro a la izquierda, la luz verde indicó camino libre hacia delante y Brenes aceleró, girando a la izquierda. Un Guardia observó la maniobra, detuvo la furgoneta y recriminó a Brenes el salto de la señal luminosa. Brenes se justificó alegando que el semáforo estaba en verde, a lo que el Policía Municipal le contestó,  “verde estás tú”. No obstante, el Agente fue benévolo y perdonó la multa.

En mayo el conjunto volvió a coincidir en la feria de Guadalema de los Quinteros con el grupo “Los Duendes”. Pocos días después de finalizadas las fiestas la formación de Guadalema se disolvió y uno de sus integrantes, José González (“Joselín”) que tocaba el bajo, se unió al grupo palaciego. “Joselín” fue desde ese momento el encargado de tocar el órgano en The Barking, instrumento que adquirió con su propio dinero.

Con la llegada del nuevo componente, en el verano de1971, el grupo quedó formado por Manuel Rueda, rítmica; Antonio Capellán, bajo; Guillermo Distinguido, voz y punteo; Paco Moral, voz y batería; José González, órgano.

Cartel publicitario con los cinco componentes del grupo. Foto Manuel Rueda.

La incorporación del órgano proporcionó al grupo nuevas posibilidades para el montaje de canciones. Se incluyeron temas de “Santana, Titanic, Black Sabbafh, Steppenwolf”, etc…y otros grupos que acompañaban sus temas con efectos musicales de teclados. El conjunto dio un salto de calidad en el sonido, además de ampliar y variar su repertorio. Se mezclaron y alternaron temas de rock duro con otros melódicos, completando las actuaciones con valses, pasodobles, tangos, sevillanas, etc. permitiendo satisfacer los gustos de un mayor número de asistentes a los conciertos.

The Barking, con los cinco componentes, en la feria de Bormujos. De izquierda a derecha: Guillermo Distinguido,
José González, Manuel rueda, Paco Moral y Antonio Capellán. Foto: Manuel Rueda.

Pueblos de la provincia de Sevilla, Huelva y Badajoz fueron escenarios de actuaciones durante los meses de verano. En Morón de la Frontera ocurrió una circunstancia que supuso no volver a tocar en dicha población. El humorista, cantante y actor José da Rosa Villegas, conocido popularmente como Pepe da Rosa, hizo de representante del grupo en la feria de dicho municipio y al liquidar el contrato intentó obtener un porcentaje mayor de los pactado, a lo que no accedieron los músicos palaciegos. El incidente ocasionó la ruptura de relaciones entre las partes.

También en el verano de 1971, como no podía ser de otra manera, The Barking volvería a actuar en la terraza de verano del Restaurante “El Desembarco”, sirviendo como ceremonia de presentación en el pueblo de “Joselín”, el nuevo componente del equipo.

La caseta Tele-Club San José acogería durante los días 17, 18, 19 y 20 de septiembre, feria de Coria del Río, conciertos del grupo.

The Barking en la terraza del Desembarco. Foto Manuel Rueda.
The Barking en la terraza del Desembarco. Foto Manuel Rueda.
The Barking en la terraza del Desembarco. Foto Manuel Rueda.

Feria de Coria del Río, septiembre de 1971.
Foto: Manuel Rueda

Fotos, documentación, asesoramiento y recuerdos de Manuel Rueda.
M. Sánchez Martín, Asociación Cultural Searus, noviembre de 2015.