Las Ruinas Invisibles de la Autovía del Sur:

El Triste Destino de la Torre Mochuela


Torre Mochuela (antigua atalaya medieval), ubicada a pie de la A-4 (Autovía del Sur) en término municipal de Dos Hermanas, antes de acceder al desvío hacia Los Palacios y Villafranca, resiste en un lamentable estado de abandono, rodeada de maleza y sepultada por la desmemoria histórica.

Foto: Arquitectura la Plaza, cedida a Searus

Quien viaje hoy en coche por la autovía del Sur (A-4 / AP-4), en dirección sur desde Sevilla, difícilmente reparará en una pequeña silueta de muros descascarillados que asoma tímidamente entre el denso mar de olivos a la altura del término municipal de Dos Hermanas. Es la Torre Mochuela —también conocida históricamente como la Torre de la Hacienda de la Corchuela—. Declarada legalmente como Bien de Interés Cultural (BIC), esta atalaya de origen medieval sobrevive hoy en condiciones críticas, físicamente desgajada de su entorno y prácticamente invisible para los miles de conductores que transitan a escasos cincuenta metros de sus restos.

ORÍGENES Y ARQUITECTURA: CENTINELA DE LA SEVILLA MEDIEVAL

La Torre Mochuela no siempre fue una ruina olvidada. En sus años de esplendor, allá por el siglo XIV, formaba parte indispensable de una vasta red estratégica de fortificaciones defensivas, atalayas y almenaras distribuidas por el entorno rural y agrícola del sur de Sevilla. Eran tiempos de profunda inestabilidad geopolítica, marcados por las incursiones en estas tierras de tropas musulmanas procedentes de la entonces cercana frontera con el reino nazarí de Granada. Su misión fundamental era la vigilancia: una torre de señales diseñada para otear el horizonte y alertar con la mayor rapidez posible a la población y a las guarniciones principales de un peligro inminente.
Los vestigios arquitectónicos del edificio, de probable origen almohade (construidos entre finales del siglo XII y principios del XIII) o bajo-medievales, delatan una manufactura sobria y funcional. Edificada mediante la ancestral técnica del tapial —consistente en el prensado de sucesivas capas de tierra arcillosa húmeda mezclada con paja, cal, ladrillos machacados, pequeñas piedras y fragmentos cerámicos para aumentar su cohesión y resistencia—, la estructura aún conserva grabadas las huellas del encofrado de madera original empleado por sus constructores medievales.


A diferencia de la vecina Torre de los Herberos, la Torre Mochuela posee la singularidad geométrica de que cada uno de los ángulos de sus lados se halla perfectamente orientado hacia los cuatro puntos cardinales. No obstante, al no asentarse sobre un basamento sólido de piedra, su base presenta una evidente y peligrosa degradación estructural provocada por la erosión y la humedad del terreno agrícola circundante. Su curioso nombre ("Mochuela") proviene de su rasgo físico más evidente desde hace siglos: ser una torre "mocha", es decir, descabezada y desprovista de las almenas y coronaciones que culminaban su planta superior en tiempos de guerra.

Foto: Arquitectura la Plaza, cedida a Searus


"Perdida su función estrictamente militar, la antigua atalaya quedó reconvertida en un puntual refugio de pastores y labriegos, hasta que el inexorable paso del tiempo y las inclemencias meteorológicas arruinaron el edificio."

El estado actual del monumento dista enormemente de la estructura que pudieron documentar los ilustres investigadores Hernández Díaz, Sancho Corbacho y Collantes de Terán en su célebre Catálogo Arqueológico y Artístico de la Provincia de Sevilla, publicado en 1951. Por aquel entonces, todavía se podían identificar elementos arquitectónicos internos cruciales de su distribución espacial:

“La puerta, de la que sólo queda un hueco informe, se abría en el muro del sureste y daba acceso a un departamento cuadrado que estuvo cubierto con bóveda de medio cañón. La escalera de acceso a la segunda planta se hallaba al costado noroeste, donde se perciben sus huellas; no siendo posible saber cómo se hallaba cubierta la planta alta por no alcanzar los muros hasta la altura del arranque de su bóveda”.

EL DIAGNÓSTICO ACTUAL: UN PATRIMONIO INVISIBLE TRAS EL ASFALTO

En la actualidad, la realidad de la Torre Mochuela es desoladora. Quienes intentan localizar el elemento arquitectónico siguiendo las indicaciones del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico o los portales de senderismo se topan con una barrera casi insalvable. El moderno trazado de la autovía del Sur (A-4) cercenó las conexiones tradicionales del terreno, dejando la estructura físicamente aislada del resto del núcleo urbano del municipio nazareno.

Reducida a unos pocos muros desmochados, desprovista de señalización accesible y sepultada bajo una densa vegetación de olivos que dificulta drásticamente su visibilidad, la torre afronta un riesgo real de desaparición definitiva. Aunque su nombre ha logrado perdurar secularmente en la toponimia local —conociéndose los terrenos colindantes desde el siglo XVI como el "Pago de Torremochuela"—, su cuerpo físico se desmorona en silencio. La alarmante degradación de este Bien de Interés Cultural reabre el debate sobre la alarmante desprotección del patrimonio histórico rural andaluz frente al avance de las grandes infraestructuras modernas de comunicación.

Foto: Arquitectura la Plaza, cedida a Searus


Miguel Sánchez Martín. Julio de 2026



📸Fotos: Arquitectura la plaza (Abraham Cuesta Arquitectos)

📁Documentación: Atlas de Arquitectura Almohade; Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico.



INFORME DE BIEN PATRIMONIAL Y ETNOGRÁFICO RURAL

Humilladero o Pilar de Camino a San Antonio de Padua

Entre la pedanía de Maribáñez y el Cortijo de Juan Gómez

 (término municipal de Los Palacios y Villafranca)


Presentamos el informe de bien Patrimonial y Etnográfico del Humilladero o Pilar de Camino a San Antonio de Padua, situado en el antiguo trazado de la Carretera Nacional IV (N-IV), entre la pedanía de Maribáñez y el Cortijo de Juan Gómez (término municipal de Los Palacios y Villafranca ❤💙💛, Sevilla), del siglo XX (ca. 1955-1970), con un poco de historia…

El elemento corresponde formalmente a un humilladero de pilar o pilar de camino. Se trata de un hito o monolito exento, levantado sobre una base cuadrangular de mampostería y ladrillo. Presenta un cuerpo encalado en color blanco y se remata con un tejado a dos aguas cubierto por teja cerámica vidriada en tono verde. En su frente principal se abre un nicho u hornacina cuadrangular, enmarcado por una moldura oscura, destinado a albergar y proteger la pieza devocional de la intemperie. 

El nicho custodia un azulejo cerámico pictórico plano que representa la iconografía clásica de San Antonio de Padua. 

El santo aparece de medio cuerpo, ataviado con el hábito marrón de la orden franciscana y el cordón correspondiente. Sostiene sobre su brazo izquierdo al Niño Jesús, quien viste una túnica amarilla. 

Por el modelado de las figuras, el uso del difuminado celeste de fondo y la paleta cromática (óxidos de cobalto, manganeso y terracota), la pieza se adscribe a la producción artesanal de los talleres de Triana (Sevilla). El volumen de este tipo de encargos populares en la comarca durante la época sitúa su procedencia, con alta probabilidad, en las factorías de Cerámica de Santa Ana o Cerámica de Montalván. La ausencia de firma frontal es característica de la azulejería de catálogo destinada a exvotos o santuarios particulares de este periodo. 

El valor más destacado de este humilladero radica en su consideración como exvoto público o monumento de gratitud. Según la memoria oral de los habitantes de la zona, el pilar fue sufragado y construido por un grupo de viajeros tras sobrevivir milagrosamente y sin heridas a un grave accidente de autobús en este tramo de la carretera N-IV (la histórica "recta de Los Palacios"). 

A este suceso fundacional se suman otros testimonios similares de conductores locales que salieron ilesos de accidentes en el mismo punto, lo que consolidó el espacio en el imaginario colectivo como un lugar de especial protección espiritual en una de las rutas con mayor concentración de puntos negros de la provincia de Sevilla.

Se encuentra aislado físicamente, en una zona de baldío intermedia entre el “quitamiedos” de la N-IV y la acequia de regadíos del Bajo Guadalquivir de la parcela agrícola colindante. Por la zona de la carretera es imposible detenerse, por el peligro que conlleva y su prohibición, y por la zona de cultivo se hace verdaderamente difícil acceder.
Hasta hace pocos años, cuentan algunos vecinos, existía una tabla que cruzaba por encima de la acequia, facilitando el acceso desde la parcela de cultivo, pero ahora hay casi que “jugarse la vida” para poder acceder al humilladero saltando la acequia. 
Dado las dificultades de acceso (que requiere aproximarse a pie desde los caminos de servicio agrícolas), el humilladero presenta un visible estado de falta de mantenimiento en sus alrededores, aunque ello no hace que exista la presencia continuada de ofrendas florales frescas en su base, evidencia que sigue siendo un punto de referencia espiritual vivo para vecinos de la comarca. 
 Este escrito solo tiene fines divulgativos, de preservación de la memoria histórica local en defensa del patrimonio de nuestro pueblo. 

Miguel Sánchez Martín, 14 de junio de 2026

 📸Fotos cedidas a Searus por Sofía Sánchez Páez. 
 📂Documentación: Memoria oral de vecinos de la zona; prensa histórica sevillana y bibliografía especializada sobre cerámica de Triana. Inventarios del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico